DE LO LÍQUIDO A LO GASEOSO

DE LO LÍQUIDO A LO GASEOSO
ZV
/ 21 de mayo de 2022
/ 12:24 am
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IMPROBABLE que ese abismal letargo –de años luz para rozar siquiera los niveles promedio mundiales– que sufre el sistema educativo nacional, vaya a tener arreglo. Por lo visto, la mística consiste en deshacer –para no hacer, crear, producir o innovar– lo que no cuadre a los mismos pequeños intereses de siempre. Dábamos ayer datos del ranking escalofriante que ubica al país a la cola de la cola de naciones en materia educativa. Si así de mal hemos estado, echen un vistazo alrededor y respóndanse a ustedes mismos ¿si genuinamente creen que pueda haber compostura a esta calamidad? Sí, por supuesto, podemos atribuir el deplorable rezago a los desfasados métodos de enseñanza, a los obsoletos currículos académicos, a la falta de preparación necesaria –con las notables excepciones de quienes ponen esfuerzo propio para mantenerse actualizados– que se ocupa para el ejercicio de la noble tarea de enseñar.

No hay discusión que la educación sea la herramienta básica para vencer esa vergonzosa condena tercermundista. Es el primer paso en firme para no seguir dando vueltas de tonto al círculo vicioso del atraso y la pobreza. Claro que hay otros obstáculos en el laberinto que impiden ver una luz de esperanza. Digamos, el imperante sistema económico y productivo disfuncional que ancla toda posibilidad de progreso y bienestar. Sin embargo lo uno engarza con lo otro. Se ocupa dar vuelta de calcetín a ambas cosas para encontrar horizonte de salida. Pero para no desviarnos de lo primero, del desafío educativo, ¿no creen que el otro lado de la tortilla sea ese endemoniado virus –más contagioso y paralizante que la pandemia– que ha infectado a la sociedad? Porque no se trata solo de la teoría y de lo material, sino de actitudes y aptitudes. Ya el sociólogo Zygmunt Bauman detectaba esa decadencia en los estados de convivencia humana atribuible a las sociedades líquidas del presente. La bautizó como la “modernidad líquida”. Aplicado al patio doméstico, ni hablar del estado de viscosidad y volatilidad de la sociedad hondureña. Por la superficialidad de los debates, la ligereza en el tratamiento de los problemas, la desintegración de la comunidad, la conspiración contra la estabilidad, la unión y la tradición, pasó a la otra fase. Lleva mucho de haberse vaporizado del estado líquido al gaseoso. Como evidencia de lo anterior solo hay que voltearse al entorno. La multitud de zombis, jóvenes y adultos, prendidos a su alucinógena adicción. Odian leer, ya que el buen hábito de la lectura pasó a ser herrumbrosa reliquia del pasado; ya no es don que incida en la formación de valores y de hombres y mujeres –cultos, estudiados, mejor preparados– útiles a la sociedad.

Y por el mismo camino –también haciendo las ilustres excepciones– tampoco quieren aprender. En los “chats” como burla al alfabeto y al uso de las palabras, cómodamente sustituyeron el abecedario por símbolos, stickers, emojis y pichingos, –como figuras de comunicación y expresión de sus estados de ánimo– en una cómica regresión a la edad de piedra. Una inquietud. ¿Creen que en las escuelas, en los hogares, en las universidades, en lo cimero de las autoridades educativas, la razón por la que estamos de mal como estamos sea motivo de preocupación o merecedora de alguna atención? Las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos, sus siglas en inglés, PISA, desarrolladas por la OCDE –según los entendidos–“constituyen uno de los mejores métodos para valorar los países con mejor educación del mundo”. Las puntuaciones de Honduras –según un informe oficial– son inferiores a la media de la OCDE en las tres áreas: lectura, matemáticas y ciencias”. “El promedio de Honduras en lectura es de 371 puntos y el promedio de la OCDE es de 493 puntos”. “En matemáticas es de 343 puntos y el promedio de la OCDE es de 490 puntos”. “En ciencias es de 370 puntos y el promedio de la OCDE es de 493 puntos”. “Así́, Honduras está por debajo de la media de la OCDE en lectura por 122 puntos; en matemáticas esta diferencia es de 147 puntos y en ciencias es de 123 puntos”. “Al comparar a Honduras con los estudiantes de mejor rendimiento en PISA, se puede observar que los estudiantes hondureños están 4 años atrás del aprendizaje de los estudiantes de países como Canadá́, Finlandia, Japón y Singapur”. (Solo que hay que apresurarse a salir de ese estado gaseoso –recomienda el Sisimite– antes que agarre fétido olor putrefacto. Como el hedor despedido por los destiladores de odio).

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