Si la derecha no pudo, tampoco la izquierda

Si la derecha no pudo, tampoco la izquierda
ZV
/ 21 de mayo de 2022
/ 12:05 am
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Esperanza para los hondureños
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LETRAS LIBERTARIAS
Por: Héctor A. Martínez (Sociólogo)

No pretendemos restarle importancia al triunfo de Libre en las elecciones pasadas, pero debemos ser conscientes de que la victoria se debió más al desgaste de una derecha asexuada que nos gobernó durante noventa años, que a las simpatías que habría despertado la oferta de un socialismo que nadie entiende ni le interesa entender. Es decir, no teníamos más opciones que votar por la figura de Xiomara Castro frente a un bipartidismo que se encontraba en su peor momento histórico, apolillado por el comején de la corrupción institucional.

Si bien las elecciones del 2021 son “un periódico de ayer” como decía el éxito salsero de Héctor Lavoe, es importante hacer un par de reflexiones para impedir que nos den “gato por liebre”, y de paso, desideologizar las intenciones de Libre, como bien lo planteaba Ignacio Ellacuría en su “Filosofía de la realidad histórica”. Todo parece indicar que la obsesión de este gobierno será la misma de los partidos que nos han gobernado en el pasado, reflejado en un desbordante estatismo, y un amor irrenunciable hacia la ineficiente burocracia, rebosante de activistas y amigotes cercanos al partido en el poder.

Los ciudadanos seguimos siendo bastante inocentes, por no decir otra cosa. Hasta los periodistas que dirigen los foros televisados y radiales creen, de buena fe, en que las cosas van a cambiar con solo ajustar las tuercas de la maquinaria estatal, echando mano de las acostumbradas disposiciones legislativas de gobernar “para las mayorías”, como suelen decir los politiqueros en campaña. En otras palabras, los políticos nos quieren hacer creer que nuestros problemas solo pueden resolverse creando más estado, abultando la burocracia y regalando bonos a diestra y siniestra. Los políticos -entre ellos los diputados de todo género y especie-, están seriamente convencidos que su misión histórica es cambiar el rumbo del país a punta de leyes sin sentido que terminan por espantar las inversiones. Y bien que lo han hecho desde 1982. Para muestra un botón: no hace mucho el Banco Mundial nos ha colocado como el segundo país más pobre del continente detrás del fallido Haití. Los culpables: los políticos y el constreñido sistema productivo nacional.

Si la derecha política y económica no ha podido traernos el progreso, tampoco la izquierda podrá hacerlo. Y no lo podrá hacer la izquierda porque la única manera de cambiar las cosas será revolucionando la economía de mercado, rompiendo con los privilegios empresariales, y eliminando los subsidios que se han vuelto un sistema nacional de extorsión institucionalizada. En suma: transfigurando inteligentemente ese ineficiente sistema productivo nacional que no genera el empleo suficiente y que termina expulsando a miles de compatriotas hacia el exterior.

De nuevo: si la derecha bipartidista, tradicional y conservadora no ha podido traer el progreso por privilegiar eternamente a los mismos grupos de siempre, tampoco lo hará la izquierda concentradora de poder, propensa a la desmesura burocrática, cuya fuerza vital radica más en el activismo politiquero, que en propiciar las condiciones sociales para que florezca la libre iniciativa, la audacia por los negocios y un capitalismo exento de los aborrecidos controles estatales.

¿Quién podrá hacerlo, entonces? No importa quién lo haga, la solución es práctica, no de filosofías desfasadas. Honduras necesita de una revolución económica y social, pero no desde la perspectiva de la izquierda radical ni del capitalismo de compadres, que tanta desgracias nos ha traído. A la izquierda habrá que dejarla que gobierne durante cuatro años, para ver si, así como repica dobla, mientras la derecha alicaída, tiene la gran oportunidad histórica de reivindicarse con un proyecto integral que no hemos visto por ningún lado. Pero antes, habrá que sermonear y convencer a sus iconos empresariales y políticos para que abandonen la comodidad antes que lleguemos a la ruina total, donde ni los palacetes del poder tradicional podrán salvarse. Que agarren conciencia de que no podrán seguir manejando el mismo pensamiento egoísta, para luego tener que acudir a las Fuerzas Armadas o buscando los resquicios constitucionales cuando impere el desorden y el desgobierno.

sabandres47@yahoo.com
@Hector77473552

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