Un retorno con polémica

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MA
/ 25 de mayo de 2022
/ 12:44 am
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Ricardo Alonso Flores

Casi todo el período en el que le tocó reinar a Juan Carlos I fue ejemplar. En todo el mundo se elogiaba sin mezquindad la transición española a la democracia y el papel protagónico que tuvo el monarca, quien no solamente impulsó el difícil cambio, sino que dio muestras de estar comprometido con el proceso.
Contó con la colaboración de grandes patriotas como Adolfo Suárez, Torcuato Fernández Miranda y los líderes de los partidos políticos que fueron amplios y generosos.

Quienes seguimos de cerca esa transición estábamos fascinados. Había concordia entre los españoles y resultaba tan natural ver a Santiago Carrillo, líder del Partido Comunista dialogar con otros dirigentes, buscando lo mejor para España, incorporándola a las naciones democráticas, con la confianza de tener un líder como el rey Juan Carlos.

En las Cortes españolas de la transición era grandioso ver a Dolores Ibárruri, la Pasionaria, junto a Manuel Fraga Iribarne, Camilo José Cela y Rafael Alberty, en completa armonía. Era todo un espectáculo. Se hizo realidad la canción de Los Pasos, “Ayer tuve un sueño, fue sensacional, soñé que había libertad”.
Los años fueron transcurriendo y el rey pareció ver cumplido su cometido y se relajó, quizá demasiado.
En una de mis frecuentes vacaciones por España, me regalaron un ejemplar del libro, una biografía no autorizada de Juan Carlos titulada “Un rey, golpe a golpe” escrito por la periodista Patricia Sverlo, que contiene críticas muy fuertes contra él, atribuyéndole su presunta afición a los negocios y a sus respectivas ganancias por medio de Manuel Prado, al que llama “el amiguísimo”.

Se mencionaba, ya desde entonces, su distanciamiento con la reina Sofía y predecía un divorcio que no llegó, pero que de hecho existe una separación en toda regla.
Los problemas siguieron con el comportamiento poco ético de su yerno Iñaki Urdangarín, esposo de su hija Cristina que también compareció en calidad de implicada en los estrados judiciales en Palma de Mallorca, sin que se le encontrase culpable.

Esto debilitó sensiblemente a la Corona y para colmo surge una llamada princesa Corina Larsen, alemana, de gran belleza y de mucho atractivo para Juan Carlos con quien viajó a África a la cacería de elefantes. En esas correrías sentimentales, el rey se fracturó una pierna y el escándalo no se hizo esperar, porque ya había colmado el vaso de la paciencia.

Eso le hizo abdicar en favor de su hijo Felipe, quien ha tenido que cargar con ese desprestigio acumulado, viendo de qué manera rehacía el prestigio de la monarquía, tomando medidas de austeridad, abriendo información de los gastos de la Casa Real y reduciendo la familia real a sus padres, a su esposa la reina Letizia y a sus dos hijas, Leonor y Sofía.

Felipe VI, sabedor de que en sus manos está el futuro de la monarquía española ha sido lo más prudente posible. Cumple sus deberes con diligencia y hasta ha sabido separar sus obligaciones como jefe de Estado y los asuntos familiares. Hasta ahora puede decirse que ha cumplido una labor impecable.
Todo iba muy bien con su padre, un rey emérito viviendo en los Emiratos Árabes Unidos, sin ingresos del erario español y muy secundado por su madre doña Sofía, que es muy querida en España y por supuesto por la reina Letizia.

Hace pocos días se le ocurrió al emérito regresar a España para participar en unas regatas en la localidad de Sanxenxo, en Galicia, constituyendo su estadía un show mediático, con fotógrafos y público siguiéndolo por todos lados.

No supo, o no supieron preparar ese regreso con discreción, volviéndolo un asunto enteramente privado y se armó el escándalo, por un lado los socios de investidura de Pedro Sánchez, unos separatistas y los otros abiertamente radicales, pidiendo a Juan Carlos que rinda cuentas y hasta que pida perdón.
La visita ha revivido viejos fantasmas de división que me hacen recordar aquellos versos de Antonio Machado, cuando escribió “españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas te hará llorar”.
Mejor no hubiera venido de esa manera.

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