Congreso, contra Honduras

Congreso, contra Honduras
MA
/ 31 de mayo de 2022
/ 12:26 am
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Juan Ramón Martínez

Solo los más inconscientes; o los que han perdido la vergüenza, pueden ignorar que el Congreso Nacional -cuya junta directiva es ilegítima, porque entre otras pruebas, Xiomara Castro no rindió la promesa de ley ante su “presidente”- está actuando, en contra de Honduras. En primer lugar, una mayoría de sus diputados, no respeta la Constitución. E ignora deliberadamente, los procedimientos parlamentarios establecidos en su reglamentación interna y toma decisiones, contrarias al sentido común y al beneficio de la colectividad. Y en las últimas sesiones, incluso irrespeta una regla fundamental: el quórum para tomar decisiones. Pero si no respeta las formalidades, es porque tiene el propósito de demostrarnos que, la fuerza está sobre el derecho; y que cuenta con abogados sofistas, algunos de ellos profesores universitarios, cuyos alumnos deben estar preguntándose qué significado tiene que, en el aula digan una cosa; y en el más alto cuerpo representativo, hagan todo lo contrario.

Que los hondureños, nos odiemos los unos a los otros es, casi normal. La historia está llena de ejemplos, como en estos últimos 200 años, timbucos y calandracas, vía la guerra civil, se mataron unos con los otros. Pero nunca, debo confesarlo con pena, había visto una legislatura, como la que preside ilegalmente Luis Redondo, trabajando en forma deliberada en contra de Honduras y de la imagen que proyecta al exterior la democracia hondureña. Que no llegamos al extremo de negar su existencia como dicen algunos colegas, porque reconocemos que la nuestra es híbrida, con manifestaciones democráticas que conviven maritalmente, con expresiones autoritarias como las que comentamos. Que, tienen como finalidad hacerle daño a Honduras. Porque una nación en la cual no se respeta la ley, no proyecta confianza; y más bien, rehúyen los turistas visitarla y los empresarios pasan de largo, antes que invertir entre nosotros.

De repente, se han impuesto algunos comportamientos infantiles, destinados a destruirle al otro, todos sus juguetes. Y esto es normal, en una sociedad anormal, en la que la población apenas tiene capacidad de comprensión básica, nula actitud crítica y enfermiza conducta en favor del culto al autoritarismo, característico de los caudillos que, como Chávez, ejemplo para muchos, -más que Morazán que respetaba la ley-, que una vez dijo que él no era Chávez, sino que “el pueblo”. Pero, además, hay una suerte de maquiavelismo, que ha derrotado las tesis de Tomás de Aquino, en el sentido que el poder obtenido es un premio a sus “méritos” -“doce años de lucha en las calles, sol y agua inclementes, bombas lacrimógenas y fusiles iracundos de militares y policías”- por lo que tienen derecho a desplazar de los cargos a los que, los han desempeñado eficientemente. Y hacer con el poder, lo que les venga en gana. Por ello, en la base del ánimo de destruir el Ministerio Público, anticipar la elección de los amedrentados miembros de la Corte Suprema de Justicia y excluir a todos los que creemos que hay que defender lo que tenemos y que, vía la perfección, seguir construyendo un sistema democrático que, además no tenemos tiempo para empezar desde cero. Los pobres están creciendo. Los miserables han perdido la vergüenza incluso, que era lo último que les quedaba. Y sobre nuestras cabezas, se cierne la amenaza que Honduras, por incapacidad para modernizar su sistema educativo, desaparecerá según Harari, en el 2050.

Nos sentimos muy apenados, viendo a los universitarios, irrespetando a la ley y a los ignaros sin pupitre, ofendiéndose, unos con los otros. Por motivos partidarios, de sexo e incluso por raza y edad. Los más optimistas, entre los que nos contamos, creímos que la Universidad, domeñaba a los incultos. Y que el buen ejemplo de los profesores, les señalaba la ruta correcta a las nuevas generaciones. Pero ahora que, vemos a exprofesores, diciendo lo contrario de lo que nos enseñaron y a otros, abusando en forma soberbia de una impunidad teórica falsa, nos preocupamos. Creemos que está llegando la hora en que todos los hondureños, sin partido político o con él, nos unamos y hagamos frente a los que quieren destruir todo y llevarse de encuentro la Constitución, tan solo con el propósito de cumplir sus caprichos. Cuando veo a los colegas abogados, diciendo estupideces, siento la falta de Leo Valladares que nos enseñara que, “el cumplimiento de la ley, da seguridad”.

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