GOTAS DEL SABER (80)

GOTAS DEL SABER (80)
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/ 11 de junio de 2022
/ 12:46 am
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Vicente Mejía Colindres a Carías Andino: “DESEO QUE EN ESTE CARGO SEAS MENOS INFORTUNADO QUE YO”
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Juan Ramón Martínez

I
El 14 de mayo de 1969, Nelson Rokefeller, vicepresidente de los Estados Unidos, visito a Tegucigalpa, Honduras. Gobernaba al país, el general Osvaldo López Arellano. Una manifestación estudiantil, patrocinada por la FESE (Federación de Estudiantes de Secundaria) salió a las calles a protestar por la visita del alto representante de los Estados Unidos. La Policía, entonces conocida como Cuerpo Especial de Seguridad, (CES) que fuera creado para sustituir la Guardia Civil, fundada diez años antes por el gobierno liberal de Ramón Villeda Morales, reprimió con extraordinaria dureza a los estudiantes. En un incidente nunca aclarado, la policía disparo contra los manifestantes y una bala, quito la vida del estudiante del Instituto Central Virgilio Zuniga. Los maestros, pronto entraron en huelga y el 14 de julio de 1969, El Salvador – después de romper relaciones con nuestro país el 27 de junio de 1969—ataco a Honduras, bombardeando Tegucigalpa, Choluteca y otras ciudades del país.

II
“De junio de 1958 al 13 de diciembre de 1960, los gobiernos de América Central firmaron no menos de ocho convenios de comercio, que apoyaban las recomendaciones de los economistas. El Mercado Común Centroamericano actual (llamado Mancomún o MCC) se deriva del Tratado General de Integración Económica Centroamericana, firmado en Managua el 15 de diciembre de 1960, que entro en vigor el 3 de junio de 1961, al ser ratificado por Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Honduras y Costa Rica estamparon sus firmas en el documento, en noviembre de 1962. Algunos productos ya tienen carácter “nacional” y pueden circular libremente en el mercado regional; otros serán añadidos a la lista de libres durante el periodo de transición de seis años, evitando así cualquier dislocación drástica de las economías locales. Para el 3 de junio de 1966, el mercado común deberá estar totalmente en operación” (Mario Rodríguez, América Central, Editorial Diana, 1967,52). Desafortunadamente, la guerra librada entre Honduras y El Salvador en julio de 1969, tres años después, tiro por los suelos lo que fue el más importante y cerebral esfuerzo de integración de la región centroamericana. Mientras Europa tuvo éxito, entre países con idiomas diferentes, los centroamericanos, aunque empezaron mucho antes, no tuvieron capacidad de cumplir las metas de un proceso de integración que habría cambiado el destino de nuestra región e incluso mejorado el nivel de vida de los cinco pueblos de Centroamérica.

III
Como dijimos antes, el 1904, el Presidente Manuel Bonilla, disolvió al Congreso Nacional y encarcelo a los principales diputados, rompiendo la Constitución vigente. “El 31 de mayo de 1904 celebro su cuarta y última sesión preparatoria la Asamblea Constituyente convocada por el Poder Ejecutivo, después del funesto golpe de estado de 8 de febrero de 1904, mediante el cual el gobierno de del General Manuel Bonilla redujo a prisión a varios diputados de oposición, entre ellos el Doctor Policarpo Bonilla. En la sesión de referencia quedo elegido el Directorio de la mencionada Asamblea, a cuyo cargo estaría la delicada tarea de emitir una nueva Constitución Política. El directorio de la Constituyente quedo integrado así: Presidente, Doctor Fausto Dávila, vicepresidente José Manuel Zelaya; Secretarios, Doctores Juan Bustillo Rivera y Audato Muñoz y Vice Secretarios, Licenciado Jerónimo J. Reina y P.M. Y Coronel Pilar Martínez.”( Cáceres Lara, 1980, 182).Según el autor citado, los diputados integrantes de la Constituyente eran los siguientes: Rafael Alvarado Manzano, Francisco Escobar, Manuel Villar, Jerónimo J. Reina, Santos Soto y José María Agurcia, por Tegucigalpa; Remigio Díaz, Francisco López Padilla, Basilio Chacón y José María Villeda, por Copan; Timoteo Miralda, José Manuel Zelaya y Juan Ordoñez, por Olancho; Jesús Arellano, Audato Muñoz José Mercedes Santos, por Gracias; Jorge Molina, Alfonso Guillen y Fausto Molina, por Choluteca; Vicente Idiáquez, Emilio Mazier y José Indalecio López, por El Paraíso; Fausto Dávila y Servando Muñoz, por Santa Bárbara; Juan Bustillo Rivera y Augusto C. Coello por La Paz; Pedro A Medal y J. Daniel Boquín, por Comayagua; Rafael Alvarado Guerrero y Antonio López, por Intibucá; Alejandro Sosa y Juan Ramón Girón E., por Valle; Ángel V. Matute y Pilar M. Martínez, por Yoro; Gerardo Dillet y Benjamín S. Escobar, por Colon; Antonio Madrid y Federico Ferrera, por Cortes; y Francisco A. Matute por Islas de la Bahía. La Constituyente se instaló el 1° de junio de 1904 y el 15 de septiembre clausuro sus sesiones en su primera etapa, “después de haber emitido la Constitución Política de 2 de septiembre de 1904”. (Cáceres Lara, 183)

IV
En el ascenso de Tiburcio Carias Andino a líder de carácter nacional, además de su tenacidad y capacidad para el cauto ejercicio de la guerra, figuraron en su proyección como hombre serio y diferente, tres figuras intelectuales y periodísticas: Paulino Valladares, Fernando Zepeda Durón y Carlos Izaguirre. “De hecho, estos publicistas eran solo una parte del mundo de Carias. Los amigos elocuentes y literatos que Carias cultivaba eran de la ciudad. Su otro mundo – que no era el de ellos—estaba en los departamentos y municipalidades del interior en donde él había ocupado puestos militares y políticos desde 1907. Esos escritores y periodistas nunca tuvieron un espacio permanente en el gobierno, ni eran tampoco figuras locales o regionales. Muchos de ellos, como Paulino Valladares y Carlos Izaguirre ayudaron inicialmente a organizar el Partido Nacional y luego Carias les dio asignaciones específicas, regresando a sus antiguas ocupaciones de periodistas. No obstante, el pragmatismo les llamaba la atención. Les resultaba útil, especialmente a Izaguirre y a Fernando Zepeda de La Época, ya que tenían acceso al poder. Personificaba el tipo de figura política que ellos querían, un administrador probado, cuidadoso y cauto sin rimbombancia, alguien que entendía y apreciaba la buena gerencia” (Thomas J. Dodd, Tiburcio Carias Andino, Retrato de un líder político hondureño, Tegucigalpa, 2008, 49). Valladares, falleció prematuramente en 1926, siete años antes que Tiburcio Carias Andino tomara posesión de la Presidencia de la Republica. Zepeda Durón acompaño a Carias, dirigiendo el diario gubernamental La Época, en tanto que Carlos Izaguirre, se mantuvo discretamente como Inspector general de Consulados, manejando concesiones para producir aguardiente, escribiendo poemas, ensayos y novelas, al tiempo que ejercía cierto mecenazgo entre los nuevos intelectuales y escritores del país. Discretamente aspiro a suceder a Carias Andino, como candidato del Partido Nacional en 1948. Juan Manuel Gálvez, le ganó la partida. Su última figuración, fue como embajador en 1955 en Estados Unidos, sustituyendo durante el gobierno de Julio Lozano, a Rafael Heliodoro Valle, destituido en forma ingrata por Julio Lozano Díaz, en 1955. La Junta Militar de Gobierno, lo sustituyo en el cargo. Su muerte, fue un acto discreto y familiar.

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