Clientelismo, populismo y demagogia en el Congreso

Clientelismo, populismo y demagogia en el Congreso
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/ 13 de junio de 2022
/ 12:05 am
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Por: Carlos G. Cálix
carlosgcalix.com

Hay que conversar sobre el Congreso que tenemos, un Congreso sumamente fraccionado, un Congreso muy peligroso sobre todo por los proyectos que presenta y las leyes populistas que aprueba, mismas que están socavando el incipiente crecimiento del país.

Un Congreso Nacional que está dirigido por una junta directiva electa en forma irregular e ilegal, con un diputado en calidad de presidente al que se le ha olvidado que representa a un poder del Estado, un presidente que debe subsanar su elección mediante protocolo parlamentario y un grupo de congresistas a los cuales se les debe recordar que tienen que actuar de manera independiente, de no hacerlo, este Congreso se vuelve nuevamente peligroso para el país, puesto que están repitiendo los mismos patrones que tanto criticaron sobre el Congreso anterior, un Congreso que fue nefasto, un Congreso que se puede quedar angelical comparado con el que tenemos actualmente, mismo que puede ser letal. El desgaste y la crisis institucional que ha vivido Honduras las últimas dos décadas ha decantado en esta situación.

Indistintamente lo que signifique el Congreso para la opinión pública, constitucionalmente representa a un poder del Estado equivalente a los otros dos y por ende tiene una cantidad de facultades, que, sin tener el contrapeso de la oposición desde dentro, permite hacer lo que se les dé la gana y junto a un Poder Ejecutivo que anda en busca de “refundar el Estado” están construyendo las bases para refundir al país, ¿saben por qué? Porque aún no nos han explicado cuáles serán los costos y lo beneficios de dicho modelo que se va cociendo a fuego lento. Sumado a un gabinete conformado por designados presidenciales que hacen poco o nada, ante un proyecto que se los está llevando de encuentro, como la corriente al camarón.

Con apenas seis meses en el poder, este Congreso ha comprendido que esta no es una aspiración política cortoplacista, por ello ese romance clandestino y popular cuyos intereses individuales hacen que se muevan al ritmo que les toquen. Así que esta combinación de factores entre el Ejecutivo y el Legislativo, están representando una relación simbiótica que se convierte día a día en una bomba terrible para la institucionalidad.

El panorama es grave a futuro, porque lo que se está aprobando nos llevará a que se intensifique la ingobernabilidad. En resumen, estamos viviendo una crisis política que deriva de esa crisis de dejadez de la sociedad civil, lo que permite dinamitar el modelo económico que tenemos, a través de esas leyes clientelistas, populistas y demagógicas ya aprobadas y otras que están siendo escritas o que se encuentran en lista de espera según el cronograma demagógico, que no será otra cosa que una campaña en marcha para romper el equilibrio económico de bancos, concesionarios y empresas. Es decir que, desde el Congreso le están dando con todo al modelo actual, a través de una serie de leyes populistas, que, aunque la economía estuviera mejor, será difícil que un político presente alguna moción en el futuro para derogarlas.

Desde el Congreso Nacional, el Ejecutivo se está blindando y están haciendo uso del pueblo como escudo para lograr sus objetivos personales. Por ende, como ya perdieron el miedo, comenzarán con una avalancha de proyectos populistas bajo el esquema de acción popular, con la idea de agujerear más a la Constitución y así presentar la propuesta para la nueva constituyente, que a esta altura podría estar siendo gestada.

Por ende, a partir del 28 de junio, la tentación por el populismo y la demagogia será mucho más atractiva de lo que fue hasta ahora, algo que será terrible para esta y futuras generaciones que tendrán que pagar las malas decisiones de este gobierno, decisiones que hoy son casi un sancocho de halagos, de falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir, casi un tapado olanchano acompañado de clientelismo en el Congreso Nacional y otros procedimientos similares para convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de la propia ambición política.

Ante el panorama, los representantes de organismos internacionales deberían de pensarlo dos veces antes de iniciar algún proyecto con este Congreso y deberían de analizar con mayor detalle las jugadas políticas a lo interno del país, antes de financiar proyectos que pueden poner en riesgo la golpeada democracia que nos trae de un sistema híbrido y nos lleva directamente al autoritarismo.

calixgrupoeditorial@gmail.com Carlos G. Cálix es Doctor en Ciencias Administrativas, profesor del Doctorado en Dirección Empresarial en la UNAH y cofundador de Grupo LIX, Pericia Consultores y FESEL. Tiene un postdoctorado por el CONICET en el IIESS-Argentina. Autor de El fin de la democracia y el último liberal, El modelo de desarrollo que La Ceiba necesita y La Señora Presidenta ¿Una solución o un problema?

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