Desgobernar

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/ 13 de junio de 2022
/ 12:02 am
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Por: Marcio Enrique Sierra Mejía

Lo que se ve claramente en la actual gobernanza que está promoviendo el Partido Libre, es la inclinación política al desgobierno. No demuestran iniciativa para construir un desarrollo con democracia ciudadana, pero sí una voluntad política para deshacer, perturbar y trastocar el desarrollo que, de una manera u otra, se ha venido intentando en Honduras. Aún siguen atrapados en una maraña de desorden gubernamental que les impide encontrar: una dirección política coherente, estable y equilibrada. Día a día crece el desgobierno en Honduras. Tiene sentido cuando dicen que Libre “no estaba preparado para gobernar” (María Luisa Borjas CHTV, junio 2022).

El intervencionismo extremista prevalece en el quehacer del gobierno, y a pesar de ello, se propaga entre la ciudadanía la sensación de que la Presidente no tiene autoridad. ¡Vaya incongruencia! No obstante, la cruda injerencia que se percibe, la Presidente refleja una falta de mando. ¿Por qué? Probablemente porque la crisis que enfrenta el gobierno, les anula la imagen de buen gobierno que quieren dar, debido a que abunda la codicia de unos y la incompetencia de otros, en la definición de políticas.

La intransigente imposición de iniciativas legislativas ilegales dizque para evitar la corrupción, ha provocado la alteración del Estado de derecho, y dejan entrever el apoyo que le dan al gobierno, para que lo conduzca hacia el autoritarismo antidemocrático.

El intrincado sistema de poder hondureño genera fundadas dudas sobre la capacidad real del gobierno, porque van relegando la legitimidad democrática a segundo plano. Las instituciones nacionales, son sometidas a una subordinación que le falta visión gubernativa, y son alineadas por el coordinador del Partido Libre, que es quien expresa la ley que legitima el poder de la Presidente. No hay tal legitimidad que emana de los ciudadanos, sino que, de la coordinación del partido, la que ejerce el papel central. El resultado es la sensación de que el gobierno impone mucho, pero manda poco, y la gobernante carece de autoridad. Las palabras de la Presidente no resultan convincentes, ni fiables en sus acciones.

Se ve la falta de autoridad y la confusión de responsabilidades que dan como resultado la impresión de desgobierno, que implica siempre la prevalencia del factor de desasosiego social. Al respecto, alguien dijo, “que los humanos prefieren que en el centro del laberinto haya alguien, aunque sea el Minotauro, porque no hay nada más inquietante que el caos, la idea de que no hay nadie al mando, ni siquiera un maligno, por eso gustan tanto las teorías conspirativas”.

La crisis en Honduras encamina al desgobierno y la confusión. Porque los que mandan violan los propios fundamentos de su mandato y luego se desentienden de sus propias decisiones. Algo está fallando en el sistema de poder hondureño. El Partido Libre propone y los demás aceptan sin crujir. La gran mayoría ciudadana está indignada, Honduras puede estallar, los mercados emiten señales de inquietud y muchos reniegan de lo decidido en las elecciones recién pasadas. Se están quebrando las garantías jurídicas y se eluden las responsabilidades políticas, puro desgobierno.

Y es una sensación que se agrava porque el nuevo gobierno sigue actuando, bajo el mismo patrón de voracidad corruptiva que han caracterizado a los gobiernos anteriores. Continúan manipulando el erario público con el criterio de que el Estado es el botín “ganado legítimamente” y pueden gastarlo a su antojo.

Ahora en Honduras hay dos cabezas o régimen bicéfalo: el oligárquico familiar (la Presidente del gobierno) y la argolla política (coordinador del Partido Libre), ambas inclinadas al mismo patrón político de manipulación de la gobernanza. Generando falta de autoridad y confusión de poderes. Asimismo, promiscuidad entre poder político y poderes del gobierno constituidos en la Constitución.

Despotricaron en la campaña electoral en contra del modelo económico neoliberal y, una vez que tomaron el poder del gobierno, están demostrando que no tienen idea alguna, de cómo superar las desventajas que ese enfoque macroeconómico tiene. Siguen atrapados en las propias contradicciones del paradigma neoliberal, justo en circunstancias en que los sectores sociales, enfrentan mayores dificultades para adoptar la lógica mercantilista que plantea ese enfoque. Aun no establecen una política acertada de salud pública, tampoco de educación y muchos menos saben qué hacer con la investigación científica y el uso de las fortalezas que da la Internet para mejorar el desarrollo. Dicen que van por la democracia socialista, pero al mismo tiempo, impregnan en cada ámbito que pueden en la ciudadanía los valores del libre mercado que postula la economía neoliberal.

Lo que observo es que no logran detener la pauperización de los ciudadanos y se agudiza una gran fractura entre integrados y excluidos, que afecta negativamente la estabilidad democrática básica entre lo público y lo privado.

mesm1952@yahoo.es

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