“La ola de hambre y miseria”

“La ola de hambre y miseria”
MA
/ 14 de junio de 2022
/ 12:36 am
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Fernando Berríos

Esas predicciones de una “ola de hambre y miseria sin precedentes” que ha lanzado el secretario general de la ONU, António Guterres, deberían ser el detonante para iniciar, aunque tarde ya, un plan de emergencia ampliamente inclusivo, que convoque a todos los sectores de la sociedad.

Lo que está en juego es la seguridad alimentario de los hondureños.

Es el momento de dejar atrás la política y el revanchismo para dar paso a la gobernanza, convocando a todos los sectores a una gran mesa de trabajo porque lo que se avecina no es nada esperanzador.

Conozco de primera mano la realidad de los productores, sobre todo de los que viven en la montaña de Azacualpa, una zona exquisita para la producción de legumbres y granos básica, desde donde se abastece la capital y otros sectores del país.

Miguel Barrientos, un joven que proviene de una familia agricultora, afirma que el panorama es sombrío para los productores por los elevados precios de los fertilizantes, abonos y plaguicidas.

Miguel, quien también es periodista, me comentaba que el fertilizante balanceado 12-24-12 (12% de nitrógeno, 24% de fósforo y 12% de potasio) que en 2021 oscilaba entre 450 y 550 lempiras, hoy tiene un precio de 1,200 a 1,300 lempiras. Pero ¿qué significa para un agricultor no tener este abono al alcance? Simplemente una merma en la producción que hace aún más insostenible su negocio.

Si en el reciente pasado los productores sostenían sus cultivos al margen de las utilidades, con escasas ganancias, los precios exorbitantes del abono y otros insumos han venido a dar el tiro de gracia a sus deprimidas economías de subsistencia. Aquí es donde se necesitan políticas públicas con medidas de alivio para poner estos productos al alcance de los que menos tienen. Ya en el pasado se tomaron decisiones importantes como eliminar los subsidios a los insumos agrícolas, pero dada la nueva realidad económica mundial, esto no es suficiente.

Para los micros y pequeños productores la tarea nunca ha sido fácil. Aún y cuando los precios de los vegetales mejoran, la mayor parte de las ganancias se queda en las manos o en los bolsillos de los intermediarios, comúnmente conocidos como “coyotes”.

Estos intermediarios son un mal necesario, porque si bien no producen, son los que tienen dinero en mano, constante y sonante, para comprar los productos agrícolas al precio que, según ellos, determina el mercado. De ahí que, para muchos productores que no tienen como llevar sus productos a los mercados de consumo, estos intermediarios son la única opción.

Juan López (Juancito), productor de papas, repollo, zanahoria y granos básicos, también me comentaba que el herbicida Gramoxone que antes se compraba a 120 lempiras, hoy oscila entre los 250 y 300 lempiras.

Los fungicidas, como el Curzate que protege los cultivos de las inclemencias del tiempo, antes costaba 280 lempiras y hoy su precio ronda los 500 lempiras.

Esta es la realidad que se vive en el campo en este momento, sin mercado seguro y sin precios justos para los productos. Sumado a ello, el mal estado de las carreteras terciarias y secundarias convierte el traslado de los granos y verduras en un calvario.

Esta semana nos informábamos que el gobierno de la República ha reactivado el bono tecnológico, noticia que sin duda genera esperanza, aunque el primer invierno está a punto de entrar en suspensión para dar paso al veranillo. Mayo y junio han sido meses generosos con la lluvia, pero esa oportunidad de oro lastimosamente no fue aprovechada por muchos productores que decidieron guardar el azadón y el arado.

Si no se toman medidas oportunas, en los próximos meses lo que tendremos es una severa escasez de alimentos, por lo que no está demás recomendar a los hondureños que almacenen granos y productos no perecederos en la medida de sus posibilidades.

El secretario de la ONU ha sido claro: los precios de los alimentos están alcanzando máximos históricos y la falta de fertilizantes provocará que “la escasez de comida se extienda desde el maíz y el trigo a todos los cultivos básicos, incluido el arroz, con un impacto devastador para miles de millones de personas”.

Como resultado del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, es latente “la posibilidad de que la guerra produzca una ola de hambre y miseria sin precedentes que amenaza dejar tras de sí un caos social y económico”.

Esta fue la conclusión durante la presentación en Nueva York del segundo informe del Grupo de Respuesta a la Crisis Mundial, en la que ha sido categórico: ningún país quedará al margen de esta crisis que afecta al coste de vida de todas las personas. “Los precios de los alimentos están cerca de máximos históricos. Los precios de los fertilizantes se han duplicado con creces, lo que hace sonar la alarma en todas partes”.

El que tenga oídos que oiga. Ojalá en Honduras reaccionemos ya y no tengamos que decir aquella frase: “No se oye padre”.

 

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Twitter: @berriosfernando

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