Aparente caos mundial

Aparente caos mundial
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/ 16 de junio de 2022
/ 12:03 am
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Por: Segisfredo Infante

Jean-Paul Sartre sugería, creo recordarlo, que en la apariencia se encuentra la esencia o el trasfondo de las cosas. Aunque la frase es atractiva y fue pensada detenidamente por este importante filósofo francés, estoy en desacuerdo con un porcentaje de la misma. Por mi educación más o menos aristotélica, soy partidario de la teoría de las formas, las cuales, a diferencia de la materia inerte (o sin forma), poseen un contenido muy configurado, sin el cual es casi imposible identificar a plenitud cada fenómeno particular, el que posee a su vez una apariencia, un fondo y un trasfondo, ya sea dentro de su “especie” o dentro de la universalidad del “género”. Esto significa que nosotros percibimos las formas, en una primera observación sensorial, por la apariencia inmediata de las cosas, que pueden resultar engañosas incluso para las personas más listas e inteligentes. También significa que los contenidos de las configuraciones se expresan a través de diversas apariencias, que hasta cierto punto pueden ser consideradas como accidentes o modos del “Ser”, con una transitoriedad lenta o rápida. (Por de pronto necesitaríamos volver a leer el tratado “Sobre la esencia” de Xavier Zubiri. Y a otros autores inmersos en “el mundanal ruïdo”, como Umberto Eco).

Ahora mismo se suceden acontecimientos regionales y mundiales que parecieran un remolino caótico semanal que impacta sobre las visiones y los estados de ánimo de millones de personas alrededor del globo terráqueo. Los acontecimientos parecieran novísimos. Pero son más o menos viejos, con algunas variables inéditas. Tales son los sucesos económicos, políticos, financieros, militares, sanitarios, policiales, tecnológicos y de acciones criminales. Quizás lo más nuevo, confuso y revuelto sea la guerra entre Rusia y Ucrania desde la cual emergen amenazas intangibles, hoy por hoy de tipo nuclear, que afectarían, directa o indirectamente, a la atmósfera europea y los destinos de la humanidad. Esperemos que los dirigentes principales del planeta sean suficientemente equilibrados y eviten las provocaciones mutuas y una catástrofe irreversible.

Parte del tornado o torbellino que obnubila la visión y la opinión del mundo, ha sido la pandemia del coronavirus y las noticias sobre “la viruela del mono” en algunos puntos del continente americano, más un posible brote de “cólera morbo” en el territorio ucraniano en donde pierden sus vidas (preciosas) miles de personas, de ambos bandos, incluyendo niños y ancianos, sumergidos en una contienda despiadada. A veces sospecho que hace falta sabiduría y verdadero liderazgo esférico para neutralizar una guerra que a muy pocos beneficia, y que, por el contrario, perjudica a la mayoría de pueblos y naciones que casi nada tienen que ver con este raro entramado. Ojalá que me equivoque, pero creo que la sabiduría ha sido sustituida por la arrogancia de ciertos dirigentes planetarios. Lejos han quedado aquellos líderes prudentes como Mahatma Gandhi, Chou Enlai, John F. Kennedy, Nikita Kruschev, Henrry Kissinger y Nelson Mandela.

El caso de los doscientos cuarenta tiroteos (o más) escenificados en Estados Unidos de Norteamérica en el curso del presente año, es un doloroso indicador de lo que acontece a lo interno de la democracia símbolo. No hemos leído ni escuchado una voz potente que haga un llamado rotundo, definitorio, sobre la prohibición de la venta de armas a personas con desequilibrios mentales o que responden a consignas escondidas, tanto internas como externas. Personalmente me ha conmovido la homilía de un sacerdote (desconozco su nombre) que lloraba por el asesinato de los niños desamparados en escuelas y colegios estadounidenses. Todo esto ocurre en el contexto de una confrontación entre fuerzas políticas internas de la poderosa nación del norte, y en el contexto de la guerra internacional respecto de Rusia y Ucrania. Sin olvidar el tema de una “Cumbre de las Américas” que ha lucido invertebrada, tal vez por fijaciones temáticas inflexibles, alejadas de los intereses de las clases medias y de los migrantes humildes de cada país. (Aquí quedamos a la espera de los grandes inversionistas estadounidenses).

Hay confusión teórica y práctica. Pero también hay un orden oculto. Tal confusión es motivada por un “bombardeo de acontecimientos” sin una ligazón lógica. Fenómeno que hace perder de vista el orden temporal de los hechos históricos y los intereses reales, de fondo, que se esconden detrás del aparente caos regional y mundial. Parte del torbellino caótico es la alzada inflacionaria de productos básicos, ligados, en un sesenta por ciento, al tema de la guerra de los girasoles, los balazos, los gasoductos y los tristes cálculos en el ajedrez relativo a Europa oriental. Pero igualmente conectados, en alto porcentaje, al juego de precios de aquellos que especulan con la desgracia de los consumidores. En San Pedro Sula, una ciudad en el norte de Honduras, según me han dicho, la libra de queso trepó de cuarenta a ochenta lempiras, doblando en pocos días el precio original.

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