Me gusta estar en América

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ZV
/ 17 de junio de 2022
/ 12:02 am
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Por: Guillermo Fiallos A.*

América, es una de las 10 famosas canciones de la película Amor sin Barreras (West side Story), cuyo estreno fue en 1961 y producida por Jerome Roberts y Robert Wise. La segunda versión de esta cinta fue presentada por Steven Spielberg en 2021. Los dos filmes son estupendos y premiados con varios Oscar.

Interesa reflexionar sobre el papel que en ambos desarrollaron las actrices Rita Moreno y Ariana De Bose. Ellas, representan a la mujer puertorriqueña que, por necesidad, debe emigrar a Los Estados Unidos de América. Es una historia romántica y trágica donde se destaca en Nueva York la discriminación racial, las dificultades por las que pasa la existencia de los migrantes, la gran cantidad de prejuicios que deben afrontar y, finalmente, la lucha constante por adaptarse a un entono diferente al que dejaron.

En esta cinta cinematográfica, aparecen hermosas melodías, pero hay una que llama la atención y cuyo título coloqué en el primer párrafo. Esa canción de ritmo alegre y letra sarcástica, repite un estribillo por el cual se le ha identificado más: “I like to be in America” (“Me gusta estar en América”). En el desarrollo de la misma, Anita o Rita Moreno –o Ariana de Bose— se enfrentan a los varones puertorriqueños, defendiendo su estadía en su nuevo hogar.

Es triste pensar en la posibilidad que nuestros migrantes, quienes han padecido tanto para llegar donde están, y que ya habían sido favorecidos con un estatus temporal conocido como TPS, puedan estar en peligro de que no se les renueve el próximo año. A pesar de las diferencias, criterios y pensamientos distintos, las relaciones entre Tegucigalpa y Washington parecían si no idílicas, al menos, respetuosas.

La vicepresidente Harris, en un gesto interesante, estuvo en la toma de posesión de la presidente Castro, en medio de la pandemia y de otras inseguridades que acosan a Honduras.

Lamentablemente, la ausencia de la presidente catracha en la Cumbre de las Américas, celebrada en California, puede traer fricciones a las relaciones entre los dos países. Nuestra patria tiene más que perder pues aquí casi no producimos nada y si nos hemos sostenido, es por las remesas que vienen de la nación del norte y un poco desde España. Sin embargo, este hecho no se tomó en cuenta para llegar a una decisión equivocada, pues Honduras hubiera ganado mucho ya que a través de la presencia de la máxima autoridad, seguramente, se concertarían programas y proyectos con otras naciones.

El asunto no es de una presunta dignidad, sino, de estómagos, de pobreza y desarrollo. Era momento de pensar en la colectividad nacional y no en apoyos a líderes cuestionados –y no a naciones, pues esto es otro asunto— y que nada dejan a nuestra tierra.

Ojalá, esta decisión aconsejada por quién sabe quiénes, no le pase la factura no al gobierno, sino, a la república entera. Nuestros migrantes expresan: “Me gusta estar en América”, “Necesito estar en América”. No obstante, si les elimina su estadía legal es “pa fuera que van” y es “pa acá que vendrán”. ¿Les dará el gobierno la bienvenida con cientos de fuentes de trabajo? ¿Tendrán una nueva vida los retornados donde encontrarán leche y miel por doquier?

Se ha jugado con fuego y se quiere emular a David peleando contra Goliat. Es indispensable colocar los pies sobre la calle del pueblo y ver cómo está de arruinado. Las consecuencias podrían ser muchas, aunque en estas líneas solo me refiero a la emigración.

Si deportan a esos miles de compatriotas y se empeoran las relaciones entre las dos naciones, cabe preguntarse: quién podrá auxiliarnos. El apoyo no vendrá del Caribe ni del sur. Seremos los propios hondureños quienes tendremos que ver cómo nos arreglamos.

Por esto es necesario pensar y reflexionar antes de actuar. Las repercusiones siempre las asumen los pobres y no los funcionarios de gobierno quienes, en todo tiempo, perjuran estarlos representando lo mejor posible. No era un tema de dignidad, sino, de sensatez.

“Me gusta estar en América”, podría convertirse en un estribillo nostálgico de aquellos que han sufrido al dejar su patria y que siempre llevan las de perder. Dios quiera, ello no suceda.

*Mercadólogo, abogado, pedagogo, periodista, teólogo y escritor.

circulante.fi allos@gmail.com

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