No hay manera de detener el éxodo

No hay manera de detener el éxodo
ZV
/ 18 de junio de 2022
/ 12:05 am
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Esperanza para los hondureños
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Por: Héctor A. Martínez*

“¿Cuáles son las causas de la migración?” es la pregunta que suelen hacer los periodistas, a los “expertos” que asisten como invitados a los foros televisados y radiales de cada día. Las respuestas son las mismas de siempre: “Es un problema estructural”, o “Es la falta de oportunidades”, o bien, “Es por culpa de las extorsiones”; en fin. Son los mismos argumentos que se manejan en las conferencias patrocinadas por los organismos internacionales y los gobiernos de los países expulsores de esos nómadas que se han convertido en un verdadero dolor de cabeza para los Estados Unidos. Se trata de esos eventos donde se almuerza muy bien mientras los expositores lamentan que los más pobres sobrevivan con menos de un dólar al día.

Lo que nos llama la atención es que en los centros de investigación de los Estados Unidos no hayan desentrañado el meollo del asunto, y que prefieran guardar silencio para no aparecer como los malos de la película. Conociendo el pensamiento estereotipado de los académicos norteamericanos, es casi seguro que al presidente Biden le hayan recomendado que la única manera de parar las peregrinaciones forzadas es invirtiendo en el surtidor de las expulsiones demográficas, es decir, en el llamado Triángulo Norte que conforman Honduras, El Salvador y Guatemala. La mejor respuesta que se les ha ocurrido es llevar algunas empresas norteamericanas a esos tres países para que generen empleo, de modo que la gente se quede en su terruño y pueda hacer realidad sus sueños, como exhortaba un “spot” publicitario, bastante cursi, por cierto, que se transmitía por radio en la era de Juan Orlando Hernández.

¿Cuáles sueños? preguntamos. Porque, si el sueño es el mismo que les vendieron a los operarios de las maquilas, perdonen la indiscreción, pero nadie saldrá de la miseria con regímenes salariales especiales, solo para presumir de que somos un país que ofrece ventajas comparativas a los inversionistas extranjeros.

Casi nadie emigraba hacia los Estados Unidos en los años 60 y 70. Había un buen equilibrio entre el crecimiento poblacional y el crecimiento económico. Las oleadas de migrantes comenzaron a acentuarse a finales de los 90, después del fracaso del modelo neoliberal que prometía una sociedad más democrática, más abierta, con oportunidades para todo emprendedor que quisiera abrirse paso al éxito y cumplir el sueño de su vida. Pero sucedió todo lo contrario: sin reglas claras no hay mercado libre que valga, ni luchadores que puedan librar las batallas. Lo que sí encontraron los emprendedores fueron trabas de toda especie, monopolios bien tapiados y protegidos por el mismo Estado, mientras los gringos se hacían de la vista gorda. Es verdad que el modelo neoliberal prometía un futuro mejor comparado a las fallidas propuestas de la CEPAL y la marxista Teoría de la Dependencia que propendía a fortalecer el Estado y a ver de menos el mercado.

El modelo neoliberal aconsejaba seguir un camino bastante racional: el ahorro en el gasto y la expansión de los mercados. Sin embargo, los organismos internacionales de crédito -con el aval de los Estados Unidos-, se interesaron más por el primero y con eso se dieron por satisfechos. Pero se trataba de una satisfacción a medias porque ningún gobierno centroamericano les siguió el juego, ni al FMI ni al BM. En cada auditoría para examinar los compromisos adquiridos, los ensacados tecnócratas de los organismos internacionales de crédito se hacen los duros para que las reuniones luzcan como verdaderas negociaciones. Pero todo es una mentira: la plata la sueltan fácilmente. A partir de ahí, los gobiernos se han dedicado a mantener una costosísima burocracia de militantes; los grupos empresariales a ganar en sus cerrados mercados, mientras el crecimiento poblacional sigue a la alza y el desempleo toca fondo.

Lo que vemos hoy es el producto de esa política económica errática, a la que los mismos Estados Unidos no se atrevieron a ponerle mano dura. Ahora van a tener que seguir soportando las consecuencias de esa metida de pata. Aunque no les guste.

*Sociólogo

sabandres47@yahoo.com

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