“¿APAREJO NUEVO?”

“¿APAREJO NUEVO?”
MA
/ 22 de junio de 2022
/ 12:25 am
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A vuelo de pájaro dábamos ayer la perspectiva siguiente de las elecciones colombianas que, igual, se repite en desenlaces parecidos a lo largo del hemisferio: Tal es el malestar colectivo que las multitudes descontentas –que son las más, las mucho más– quieren creer. Desean desde lo más hondo de sus aflicciones salir del ruinoso calvario que tienen como país. Quieren creer que los pesares del presente, recurrentes e interminables, son pasajeros. Quieren creer que pese a la agonía –la pérdida del trabajo, la mala economía, el desplome de los mercados, las carestías, la inseguridad, el derroche, el latrocinio, el menguado ingreso familiar– hay remedio milagroso a su ingrata vida. Quieren creer que después de una elección, con el solo cambio de gobierno, despertarán del amargo trance y acabará la horrible pesadilla. Quieren creer, sobre cualquier otra creencia, que el traspaso de poder cierra ese oscuro pasado y abre la luz del futuro. Eso creen. Y así votan. Es lo que de momento ha ocurrido en casi todos lados.

Este fue el párrafo de cierre: Las expectativas sobre estos gobiernos son gigantescas. Asumen el poder –no en condiciones tan cómodas como en otras ocasiones– sino con la responsabilidad de lidiar las malas economías que reciben, agravadas por los demoledores estragos de la pandemia, frente a la exigencia de soluciones rápidas de pueblos empobrecidos. Como lo han comprobado algunos de ellos que llevan varios meses gobernando –uno que otro ya a mitad de su gestión– que no es lo mismo gobernar cuando hay gavetas suficientes y dinero abundante para repartir, que en momentos como estos cuando las exigencias son colosales y los recursos escasos. (Del poder a no poder –reflexiona el Sisimite– solo hay un paso). Como se ha hecho habitual ofrecer espacio a los lectores, iniciamos con estas palabras de estímulo que –en estos tiempos ingratos cuando la consigna de tanto amargado inútil es calumniar, insultar, odiar y descalificar–mucho valoramos: “Que privilegio de pluma…” dice en su mensaje un apreciable amigo. Otro comentario: “Excelente análisis –comenta otro– del porqué la izquierda se apodera del continente”. Una lectora amiga: “He reído, aprendido y por supuesto, he estado de acuerdo con usted en cada una de sus expresiones”. “Decía mi abuelo, “hija, nadie nace aprendido; pero los humanos somos tan tercos que, además, no aprendemos del mal ajeno. “Lo vemos y allí mismo caemos”. “Así que hija, no se queje, usted lo escogió”.

Un amigo abogado comenta: “Por esos desencantos ganan el poder y cuando no encuentran la varita mágica es porque dizque “la Constitución no sirve” y hay que hacer una nueva”. “Eso hicieron en Venezuela y Nicaragua”. A la opinión anterior habría que agregar otro caso. El chileno. No para perpetuarse sino como atropellada salida política a un problema coyuntural, de un gobierno desprestigiado al sentirse acorralado por el calentamiento de las calles. La atmósfera entre los chilenos, sobre lo que entonces pareció aceptable, hoy día es bastante neblinosa y hasta pesimista. Pero este sería tema para otra oportunidad. (A propósito de Constituciones nuevas para resolver problemas estructurales que no son culpa de la Constitución sino de procederes chuecos de la gente, sistemas equivocados y de los malos gobiernos, el Sisimite sale con otro de sus dichos: “No por mucho madrugar amanece más temprano”. Y Winston complementa: “A burro viejo aparejo nuevo”.

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