La profética decepción de Bolívar

La profética decepción de Bolívar
MA
/ 22 de junio de 2022
/ 12:32 am
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Jairo Núñez

En noviembre de 1830, a pocos días de su muerte, el libertador Simón José Antonio de la Santí-sima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco, o conocido por todos como Simón Bolívar, le escribe una carta a su amigo el entonces primer presidente de la Repúbli-ca de Ecuador, general Juan José Flores, en la que le expresa una profunda decepción por el peli-groso rumbo que ha adoptado la Gran Colombia (país compuesto en ese entonces por Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador), en donde la gente ha comenzado a admirar y seguir a sanguinarios y aspirantes a tiranos. Esta carta se convertiría en una verdadera profecía que se ha cumplido a cabalidad hasta nuestros días:

«1. La América es ingobernable para nosotros. 2. El que sirve una revolución ara en el mar. 3. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, pa-ra después pasar a tiranuelos ca-si imperceptibles, de todos colo-res y razas. 5. Devorados por to-dos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán en conquistarnos. 6. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último periodo de la América». Este es un extracto del documento y sus seis puntos principales.

Esta es la carta más desconocida popularmente, pero a su vez más analizada en las facultades de ciencias sociales en América del Sur, principalmente. Tiene una connotación muy interesante que se ha prestado incluso a interpre-taciones proféticas de todo lo que ocurre en Latinoamérica desde la fecha en que fue escrita. Veamos el primer punto: la Amé-rica es ingobernable para noso-tros, hace ver la inestabilidad po-lítica de la región. Los libertado-res como Bolívar y Morazán so-ñaban con que sus proyectos li-berales fueran el inicio de la creación de nuevas repúblicas fuertes y consolidadas, política, social y económicamente, algo que a Europa no le agradaba, en lo absoluto.

Se piensa, por ejemplo, que la Gran Colombia tendría actual-mente unos 100 millones de ha-bitantes y sería una república fuerte, toda una potencia eco-nómica. De igual forma la Repú-blica Federal de Centroamérica sería un gran país a los niveles micro y macroeconómicos del Reino Unido, en sus mejores años. Naturalmente esto des-agradaba a los europeos que hi-cieron todo lo posible para evitar que estas dos repúblicas se con-solidaran en el largo plazo y es-taban pensadas en un modelo de federalismo al estilo de los recién formados Estados Unidos de América en 1776. El segundo punto menciona que quien sirve una revolución ara en el mar, siempre tendrá la más visceral de las respuestas.

El tercer punto es de los más con-troversiales: la única cosa que se puede hacer en América es emi-grar. Qué terrible. Ya Bolívar lo visualizó en 1830. No ha parado de suceder: la fuga de cerebros en Latinoamérica ha crecido ex-ponencialmente en las últimas décadas. Caravanas centroame-ricanas partiendo hacia el norte, balseros cubanos llegando a Miami por décadas huyendo de la dictadura comunista de los Castro; millones de venezolanos huyendo de la hiperinflación y de la corrupta dictadura socialista. Todos con un destino común ma-yoritario: Estados Unidos, el sím-bolo de la libertad y el capitalis-mo, el país de las oportunidades, porque de no ser así, todos estos movimientos migratorios serían hacia los utópicos paraísos socia-listas de Cuba y Venezuela. La gente busca los lugares donde hay mejores oportunidades, no donde reina la miseria.

El cuarto punto dice: este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, pa-ra después pasar a tiranuelos ca-si imperceptibles, de todos colo-res y razas. Lo hemos visto, de todos los partidos y movimientos de todos los espectros políticos. Latinoamérica no se ha salvado de tanto tiranuelo. Siempre he pensado que, si Bolívar viviera en esta época, hubiera enviado al paredón a Hugo Chávez en su momento, a los Castro y a Orte-ga. Ahora también a Petro quien cree que por sus orígenes guerri-lleros y tildado de asesino puede compararse con el prócer que lu-chó por la libertad. Lo que más les duele a estos personajes posmodernos es que el socialis-mo marxista no existía en la épo-ca de los próceres, ellos tenían una mentalidad libertaria, propia de la democracia liberal esta-dounidense que imperaba en la época.

Y por último nos deja una enor-me lección, una que el mismo Yuval Harari también ya visuali-zó, por lo menos para Honduras, diciendo que desaparecería para el año 2050, algo que no deja de tener sentido por la clase de tira-nuelos que han llegado a gober-nar el país desde 2006. Una clase política corrupta, un expresiden-te extraditado al país donde sí hay justicia, una señora Presiden-te que no sabe ni hablar en públi-co, ni de economía, tal vez de la doméstica; un expresidente ha-ciendo el papel de presidente a su muy particular e improvisado estilo vulgar de actuación y una galopante inflación de dos dígitos con la que cerraremos el año, sin acciones concretas para contro-larla, mucho menos reducirla. Sin duda alguna Bolívar “profetizó” todo este tormento que estamos pasando, la pregunta es, ¿hacia dónde vamos? Solo el tiempo lo dirá.

Jairo Núñez es Doctor en ciencias económicas, máster en adminis-tración de empresas y en ciencias políticas.

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