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/ 23 de junio de 2022
/ 12:04 am
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Por: Carolina Alduvín

Los refundidores preparan su fiesta, es raro, pero de seguro quieren conmemorar el día que al coordinador del partido de gobierno le dieron tremenda patada en salva sea la región anatómica, tan contundente que, fue a dar con su humanidad al más austral de los países centroamericanos, vistiendo pijamas según su autofabricada leyenda. De acuerdo a la misma, el héroe de la sucesión constitucional de entonces, fue el propio gobernante quien, con una arrogancia digna de mejores causas, pretendió imponer un mecanismo no autorizado para reformar la carta fundamental de la nación y quedarse haciendo y deshaciendo de acuerdo a los designios de algo conocido entonces como alba. El despropósito, nunca fue abandonado, hoy se prepara en forma sigilosa, aparentemente con más inteligencia y menos fanfarronería, una nueva constituyente.

De acuerdo a la lección aprendida, no hay que llamar mucho la atención sobre las intenciones de permanecer en el poder; aunque, de hecho, lo esté usurpando de la manera más descarada, eso sí, sin tanto ruido como la vez pasada. Las mujeres, en especial, las más ingenuas, celebran y se llenan la boca, con el hecho de que, por primera vez, una de ellas, ocupa la silla presidencial; sin reparar en el papel sumiso que ha desempeñado desde los 70, cuando cambió la oportunidad de educarse, como correspondía a las jóvenes su estrato social, por la ruralidad y la invisibilidad de una tristemente célebre hacienda de tierra dentro. Y cediendo expresamente su posición, al afirmar en televisión abierta, que votar por ella era lo mismo que votar por el mencionado coordinador.

Se está distrayendo a las organizaciones de sociedad civil, primero con la ilusión de instalar una comisión contra la corrupción y la impunidad, integrada por extranjeros y patrocinada por un organismo internacional, la cual supuestamente va a ayuda a investigar delitos e irregularidades, de todos conocidos, pero que nadie ha logrado judicializar, ya sea por falta de pruebas, porque han prescrito, o por simple ausencia de voluntad política o hasta complicidad, disfrazada de incapacidad, para lo que se pide a gritos la tan “repudiada” intervención extranjera. Como los patrocinadores de la farsa, impúdicamente dan demasiadas largas, se usa el siguiente distractor.

La selección de los nuevos integrantes de la CSJ, el único poder cuyos hilos no maneja el coordinador, por haber sido colocados por el anterior gobernante, con el compromiso de, a su vez, dejarlo donde estaba, en abierta violación a la disposición constitucional al respecto, entregar formalmente la soberanía sobre el territorio y todo lo que se les ordenaba, fuera o no legal, fuera o no constitucional. Ahora que la ley ordena su reemplazo, surge la oportunidad para que todas las miradas se concentren en que los puestos no sean repartidos partidariamente, como se acostumbra en toda instancia de decisión política, donde lo que menos importa es, precisamente la justicia. Un nuevo proyecto de ley está por ser discutido en el Congreso, con el supuesto fin de que la elección no sea sesgada.

Para ello, hay que comenzar por los integrantes de la junta nominadora, que esta vez se pretende, sea tan solo receptora de postulaciones y filtre apenas unas pocas decenas de ellas, de las cuales, los legisladores, seleccionarán a los definitivos. Los nominadores son designados por los sectores u organizaciones que representan, de acuerdo a los procedimientos internos que cada uno estile, los cuales podrían ser no muy democráticos y peor aún, susceptibles de manipulación y en respuesta a intereses no tan compatibles con la impartición de justicia. La falta de mecanismos claros para designar nominadores, hace lucir al proceso, poco transparente. Por tanto, los interesados en democratizar el proceso, especialmente la sociedad civil, en su afán participativo, podría descuidar la propia vigencia de nuestra incipiente democracia.

Un aspecto novedoso son las autonominaciones quienes, reuniendo los requisitos, aspiran a conformar la cúpula del poder judicial; lo cual, podría resultar en aun menor transparencia, una oportunidad para fomentar precisamente lo que se trata de evitar: que los magistrados sean seleccionados de acuerdo a intereses partidarios, gremiales, de clases, de políticos y hasta de antisociales. Por supuesto, cuidar la correcta selección de estos magistrados es prioridad, pero que eso no nos distraiga de cuidar la vigencia de la Constitución, la democracia y la libertad.

carolinalduvin46@gmail.com

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