La derecha sigue perdiendo

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/ 24 de junio de 2022
/ 12:02 am
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Por: Edgardo Rodríguez*

La derrota de la derecha, o si usted prefiere llamarla, sectores democráticos en Colombia, nuevamente enciende el debate acerca de las causas de esa nueva pérdida, en un país icónico de democracia en Latinoamérica, porque nunca antes había ganado la izquierda en sus elecciones, igual como aconteció en México y en Honduras. No nos andemos con eufemismos, no se trata que no hubiera unidad, o que Duke se dedicó a caer mal, llamémosle pan, al pan, y vino, al vino. Las derechas del continente, están secas de ideas, se aferran al oxidado modelo neoliberal, que se preocupa por el crecimiento y estabilidad macroeconómica, pero le importa un cacahuate los pobres. En Honduras, y en gran parte de los países hispanoparlantes, crece sin cesar la desigualdad, la concentración de la riqueza y marginación y la derecha no ofrece respuestas. Este desencanto crea las condiciones idóneas para que el discurso mesiánico y populista de las izquierdas, de distintos colores, encuentre tierra fértil, en millones de hombres y mujeres desesperados por mejorar sus condiciones de vida.

Las mayorías populares están cansadas de los partidos y políticos tradicionales. En ese contexto, se afianza la propuesta de izquierda, como una esperanza a la que se aferran los que menos tienen, sea cual sea la razón de la pobreza, eso ya no importa en esta realidad. Y no es que ellos sean la alternativa, evidentemente no lo son, porque lo vemos en nuestro propio patio, como le mintieron y le siguen mintiendo a la gente que les cree, porque la corrupción empeora, el nepotismo, la violación a las leyes de forma rampante, lo mismo el narcotráfico, la delincuencia, el abandono del aparato de salud y educación. Es igual a lo ocurrido en El Salvador, cuando gobernó el FMLN, en Argentina con la corruptela de los Kirchner y no digamos con el autoritarismo de Venezuela y Nicaragua. Sin embargo, desde mediados de los años noventas se organizaron muy bien en el continente y formaron el llamado “Foro de Sao Pablo”, una instancia que se fortaleció y potenció al máximo con la llegada al poder de Hugo Chávez.

Hay una perfecta coordinación de la izquierda latinoamericana, lo estamos viendo con las protestas “indígenas” en Ecuador, hay un libreto muy claro: a) Por años organizan a maestros, estudiantes universitarios, barriales, indígenas y grupos “gays”; para que sean los movilizadores del descontento social. b) A fuerza de intentarlo finalmente atizan el fuego social, en base a los problemas reales de las mayorías empobrecidas, para generar un clima de desesperación en los ciudadanos comunes. Ver Chile, Colombia, Honduras, etc. c) A la par de agitar y movilizar a los llamados “movimientos sociales” que en gran medida son políticos, levantan figuras de líderes, proyectos de alianzas electorales, de cara a las urnas. Al llegar a las elecciones la gente obviamente quiere cambio. A veces les toma dos o tres procesos alcanzar la victoria, pero son persistentes, moderan el discurso hasta que tienen éxito. d) Todo ello, con un intenso uso de redes sociales y medios de comunicación tradicionales, para desacreditar al gobierno, a la derecha, al imperialismo “yankee” e indicarle a la gente que la única “alternativa” es el giro a la izquierda. Un “nuevo modelo de sociedad”, que es mentira, el poder solo cambia de dueño.

Es de resaltar que mientras la izquierda se une en todas partes, la derecha se fracciona y cae. A todo este claro escenario, la derecha latinoamericana, con todos sus recursos financieros y humanos al alcance, ha sido incapaz de sentarse con equipos de expertos de distintas disciplinas, a analizar sus fracasos para estructurar una nueva ruta/visión política, social y económica para el continente. Esto no se trata simplemente de contratar a un asesor de campaña gringo, mexicano o colombiano, como hace la derecha hondureña, esta es una tarea muy seria, científica, que nadie en este infortunado continente quiere hacer, increíble. Mientras la derecha no renueve su discurso y su oferta de un modelo de desarrollo que funcione, tendremos izquierda para rato.

Porque los tiempos han cambiado dramáticamente, en los últimos cincuenta años pasamos de economías semirrurales a una vasta diversificación productiva, pero con enorme desigualdad, además, a una acelerada urbanización de la vida nacional. Hoy es la tecnología digital la que marca el paso y transforma la mentalidad de las personas, pero esto no lo quiere ver la derecha, que cree que con cancioncitas y banderas despintadas puede seguir controlando el poder. En las pasadas tres décadas se ha puesto en el centro a su majestad el equilibrio macroeconómico, el balance de las finanzas públicas, al crecimiento de la producción y las exportaciones, lo cual es fundamental. Pero, el problema es que todo eso se hace y la “derrama” económica nunca llega en la dimensión que la ciudadanía de a pie necesita para vivir y morir dignamente, los gobiernos se contentan con programas y proyectos paliativos, los pobres siguen igual o peor. Es urgente que la derecha, de todos los matices, la hondureña en especial, repiense el Estado, las políticas económicas, enfrente los “demonios” de los problemas estructurales como la tenencia de la tierra y muy especialmente las enormes necesidades sociales de la gente. En la medida que se retome la justicia social de verdad, no por encimita, en esa medida se volverán a consolidar proyectos políticos exitosos.

*Politólogo y Periodista

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