La Poesía de Santos Juárez Fiallos

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/ 26 de junio de 2022
/ 12:06 am
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La Poesía de Santos Juárez Fiallos
Santos Juárez Fiallos

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Miguel R. Ortega

En el largo periplo de la vida, dichoso aquel que pudo emplear un prolongado trecho del camino en cultivar su espíritu como un jardín donde haya florescencia perenne de anhelo ascensional y al mismo tiempo vocación de vuelo. Para ello se requeriría entrar en una etapa de renunciación y casi de ascetismo, hasta llegar, peldaño a peldaño al rincón donde yacen los secretos de la belleza, que no son sino palabras que son la magia de la poesía y se convierten en sonidos e imágenes de milagrería.

Quien así se apartó del quehacer cotidiano y se transformó en un eremita del arte, es el poeta Santos Juárez Fiallos que no ha pasado un día sin enhebrar ideas que dan tan sutilezas (son como el aroma del alma), en la alquitara del ensueño se convierten en versos, los cuales, palpitantes aún -a manera de recién nacidas mariposas-, van armando la entreverada urdimbre del soneto.

Pero el eremita purifica su vida en espera del premio de Dios, y como el ermitaño del verso ya recibió el don de lo alto y su premio de Dios, ha obtenido en su cornucopia un legado de futuro. Para un buen poeta no existirá en su poesía el pasado; y quien quiera hacer una evocación de elaborados y finos poemas, tendrá que hacer memoria de las rimas del excelente poeta que es Santos Juárez Fiallos, quien por virtud de su puridad estilística, trae el sello de ser un asiduo inmigrante del presente.

Quizá, por imperativo del tiempo irrepetible, nadie estaría en mejores condiciones de dar testimonio de la vocación y militancia literaria del poeta Santos Juárez Fiallos que quien escribe estas líneas, en razón de que ya por los años cuarenta y tantos del pasado siglo, nos tocó observar y admirar aquella perseverancia en el cultivo de las altas disciplinas del espíritu en el campo de la poesía, de la narrativa y de la labor periodística.

En la poesía, sus finos sonetos han recorrido las páginas de las publicaciones de aquellos mejores tiempos, buena parte de esa producción está en su poemario “Es Solo el Viento, Amada”. En la narrativa, sus cuentos han tenido la fortuna de visitar otros idiomas en los que no deslucen; alguna de esa cuentística aparece en su libro “Los Alegres Años Veintes”. Y su quehacer periodístico lo condujo a ser director de un diario: “Prensa Libre” y a ser jefe de redacción de la acreditada “Revista Tegucigalpa” del atildado escritor Alejandro Castro h. El poeta Juárez Fiallos en su exultación de juventud y de entusiasmo publicó un semanario que financió con fondos de su nada opulenta faltriquera. Eso demuestra la tesonera lealtad hacia una devoción literaria no desmentida y digna del elogio más alto y del fraterno abrazo solidario y de un augurio de gloria merecida.

Si la poesía, la auténtica poesía se ciñe a la esencia de sus elementos fundamentales, y a las pautas que a través de todas las edades han prohijado la creación literaria y si hay en ella el afán de dar cima a la conjunción de lo bello, será siempre poesía y algo más: será siempre contemporánea, es decir, actual para todos los tiempos.

Hace tanto que los calendarios van a la par de la labor literaria del poeta Santos Juárez Fiallos, que se ha convertido en uno de los últimos heraldos de una poesía destinada a perdurar, por el aliento vital que se le insufló en el instante primordial de su creación.

Quien escribe poesía se parece al caminante cuando tiene sed y se acerca al riachuelo del cual coge en el cuenco de sus manos una porción de agua primordial, al aproximarla ve en ella reflejado su rostro y piensa, pero si no la apura se le escapa al instante, entonces la bebe a sorbos y así se toma su propia imagen; en ese momento guarda para sí el mundo exterior. Con posterioridad extrae de lo profundo de su ser aquello que retuvo y lo proyecta en sílabas: ese es el verso que se convierte en palabras orladas de orfebrería. Por eso quien cree que hacer poesía es poner hileras de vocablos, ignora aquel proceso interior que es el laboratorio o el apiario del poema.

A estos versos que hoy presentamos, habrá de acudirse cuando se quiera escuchar los arpegios de una lira legítima, y serán fuente de superación de quien llegue a ellos, pues encontrará allí un ejemplo de inspiración y de verticalidad en el decir exacto, en razón de que quien los creó, está colocado, por la sublimación del tiempo, más allá del bien y del mal, y su poesía seguirá la parábola del bumerán lanzado hacia el futuro, que por el impulso de su fuerza interior tendrá el destino de estar siempre de regreso.

Dichoso el poeta Santos Juárez Fiallos que se sobrevivirá en sus versos, pues nadie podrá negar que en ellos seguirá palpitando, como palpitó en sus gozosos días, el milagro inasible de la vida.

Tegucigalpa, octubre del año 2003.

Otro más: Estos poemas han sido rescatados del olvido por la hija del poeta, Walewska Juárez Reynaud, heredera de su obra, quien, con profundo amor, ha iniciado un proceso de búsqueda para rescatar la variada y valiosa obra, tanto en verso como en prosa, del poeta Juárez Fiallos. La edición estuvo a cargo del escritor, Nery Alexis Gaitán, quien le profesaba una gran amistad a don Santos Juárez Fiallos.

Amor Excelso

Jamás te había visto, cuando soñé contigo,
jamás te había oído, cuando escuché tu voz,
si pienso que estás cerca, yo siento un lenitivo,
pues seremos más fuertes, al juntarnos los dos.

Si muerde la ventisca, necesito tu abrigo,
pero esto que te digo, que se quede entre nos,
azarosa es la ruta, sin embargo prosigo,
cubierto por el palio, del gran poder de Dios.

Me pregunto en qué sitio, habremos de encontrarnos,
en qué confín lejano, volveremos a amarnos,
como nadie en la vida, alguna vez amó.

Y ese amor que tuvimos en nuestras mocedades, lo buscaré afanoso, por campos y ciudades.
Ese amor prodigioso, que en mi alma floreció.

A Honduras

Amo a Honduras con un amor inmenso,
más allá de la humana comprensión,
ella inspira el total de mi pasión,
cuando sueño, o despierto, cuando pienso.

A mi patria la quiero con intenso,
anhelo de servirla y devoción.
Defenderla será mi galardón,
y le brindo la mirra y el incienso.

A ella me atan de amor los fuertes lazos,
y quisiera acunarla entre mis brazos,
como a niña que hallara desvalida.

En bonanza o en fieras tempestades,
Dios la ampare a través de las edades,
más allá de la muerte y de la vida.

A Morazán

Morazán: tú figura legendaria,
todavía vigila tu terruño,
cabalgando prosigue solitaria,
con la espada flamígera en el puño.

Morazán: noble estampa de guerrero,
recorriste del istmo los confines,
los protervos huyeron de tu acero,
egregio General de paladines.

Santo laico de espada y de cilicio,
estadista de verbo tribunicio,
indomable cruzado en tu corcel.

En memoria de todos tus ideales,
esta patria te erige catedrales
y te ofrenda el heráldico laurel.

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