Hablemos de los pitbull

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/ 27 de junio de 2022
/ 12:01 am
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Hablemos de los pitbull

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Por: Fernando Berríos*

Aunque no soy un experto en la materia, me resulta importante opinar de los perros pitbull y el debate por los episodios de supuesta agresión que se han dado en las últimas semanas.

Y es oportuno luego de conocerse el informe forense preliminar que revela que la niña Allison Argueta (9), no habría muerto por el ataque de su pitbull llamado Rocky, sino por una agresión física y sexual de alguien no identificado aún.

Cuánta injusticia para una niña más que es víctima de la violencia atroz y desenfrenada en este país y cuánta injusticia hacia un perro que fue acusado por un crimen que no cometió.

Pero hablemos de los pitbull y otras razas. Primero decir que quienes los defienden coinciden que los American Pitbull Terrier son perros cariñosos, leales y protectores.

Yo en lo personal ni he tenido ni tengo un pitbull, pero tengo amigos que sí los poseen y doy testimonio de lo simpáticos que son. Mi amigo Fernando Pavón posee dos: Max y Queen y son extraordinarios, duermen panza arriba y se muestran sumamente inofensivos, de alguna manera saben cuando se está hablando de ellos y atienden instrucciones como si entendieran el español.

En la enciclopedia Wikipedia se les describe así: “los American Pitbull Terrier son unos de los perros más cariñosos, leales y protectores. Los American Pitbull pueden mostrar agresión hacia otros perros y animales si no se les da la educación adecuada, como cualquier otra raza”.

También se lee: “En múltiples ocasiones, esta raza ha sido usada para las peleas ilegales, potenciando la agresividad y condicionando su carácter. Sin embargo, los American Pitbull Terrier no son perros agresivos”.

Leí esto y se me vino a la mente la campaña en defensa que surgió en redes sociales. “No es la raza, es la crianza”.

Un pitbull y cualquier otra raza, independiente a su crianza, conserva su instinto. Esto lo vemos inclusive en los humanos. Una persona que ha sido pacífica toda su vida, en determinado momento y circunstancia puede mostrar una fuerza nunca antes vista.

Todos los seres vivos tenemos un instinto que viene “de fábrica” con cada uno. En ese sentido, la única desventaja que observo para un pitbull es la enorme fuerza y poder del que está dotado, siendo este el único atributo que, a la hora de un análisis, puede jugarle en contra.

En el pasado tuve un perro de la raza Weimaraner. Se llamaba Pinky. Un nombre simpático para un perrito noble y de mirada inocente. Pinky no dejó de crecer. En pocos meses, cuando se paraba en dos patas, alcanzaba 1.80 metros de estatura. Es decir, apenas un poco menos que la raza gigante Gran Danés.

En un par de ocasiones, Pinky agredió a personas que en la calle se acercaban mucho a nosotros, es decir, que violaban nuestra “zona de seguridad”. Estos comportamientos nos obligaron a tomar medidas para evitar que más personas fueran afectadas por una mascota que solo seguía su instinto protector.

Con esta experiencia lo que deseo decir es que cada propietario sabe lo que tiene en casa, conoce a su mascota, debe estudiar mucho sobre el comportamiento de la raza que posee y comete un error si, a sabiendas de lo que sabe, le permite que anden solos y sin supervisión en los vecindarios.

Es de ahí que han surgido voces de muchos hondureños que se sienten inseguros por la presencia de canes de gran tamaño y fuerza en las calles de los barrios y colonias. Yo, en lo personal, le daría la razón a ambos. El dueño tiene derecho a creer que su mascota es cariñosa y el vecino tiene derecho a creer que ese mismo perro representa una amenaza a la seguridad.

Una amiga me comentaba: “Fer, mis hijas antes jugaban en la calle, jugaban landa, jugaban pelota, pero lo dejaron de hacer cuando un vecino adquirió un pitbull y lo dejaba suelto en el vecindario”. ¿Tiene fundamento el miedo de mi amiga? La respuesta es sí. Los miedos son inherentes a cada persona.

En ese sentido, concluyo que aquí hay dos razones con fundamentos: los propietarios de pitbull coinciden que son perros leales, cariñosos y protectores y otros consideran que por su fuerza contundente son una amenaza para sus vecindarios.

Aquí lo que corresponde es que existan las suficientes regulaciones para evitar que personas inescrupulosas modifiquen la personalidad del animal. Cualquier ser viviente se puede convertir en un arma letal si es entrenada para ello.

Ninguna raza canina debe ser entrenada para el combate, no deben ser maltratados ni encadenados, porque esto puede modificar su conducta y volverlos violentos. En lugar de pensar en “sanciones” para el perro, estas prácticas de personas inescrupulosas son las que deben ser penadas por la ley.

Tener un perro, de la raza que sea, conlleva una gran responsabilidad. Esta responsabilidad va más allá de su buen cuidado y una buena crianza, tiene que ver con las reglas de convivencia social y ciudadana que deben prevalecer en toda sociedad para que todos podamos vivir en paz y armonía.

*Periodista

Correo: fberrios1974@gmail.com
Twitter: @berriosfernando

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