LA PALABRA DICHA Y LA ESCRITA

ZV
/ 27 de junio de 2022
/ 12:19 am
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LA PALABRA DICHA Y LA ESCRITA

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PALABRAS de una conferencia magistral –gentil contribución de un amigo lector– a propósito de los zombis robotizados a su adicción que poco o nada constructivo leen: “La primera Feria del Libro que se hizo en la ciudad de Bogotá, se hizo allá en 1937”. “La construyó, la ideó, la creó y la volvió realidad un hombre, el alcalde mayor de ese entonces de la ciudad de Bogotá, Jorge Eliécer Gaitán. Mientras en la patria madre de esta lengua se quemaban los libros, se quemaban los poetas, morían fusilados, quemaban las palabras y, como decía el filósofo alemán, en seguida quemaban los hombres y los libros, la muerte de la palabra era la muerte del ser humano”. “Allá en la vieja Europa, la cuna de la cultura, se quemaba la cultura en 1937; aquí en la ciudad de Bogotá un hombre libre inauguraba el espacio de la libertad de las palabras, tanto dichas como escritas”.

“Era allá la esclavitud, era aquí la libertad”. “Sin embargo no fue así después, el alcalde de la libertad, de las palabras de la primera feria del libro fue asesinado”. “1945, balcón frío de la plaza principal de Zipaquirá un muchachito recién salido de su colegio; ese muchacho se paraba en la plaza y leía un discurso; la palabra escrita”. “Se llamaba Gabriel García Márquez”. “Moría el hombre de la palabra dicha y aparecía el hombre de la palabra escrita”. “Moría el hombre de la palabra dicha en medio de las hogueras que había querido contener y que avanzaban de Europa y que se instalaron en América Latina y en nuestra patria, y el hombre de la palabra dicha murió asesinado”. “El jovencito se fue a su tierra, el hombre de la palabra escrita, se fue al Caribe, huyó en cierta forma de la inmensa hoguera que se había construido en el centro del país y allá fue a la tierra de las mariposas amarillas, los Montes de María, La Mojana”. “Las mariposas amarillas nacen en el estiércol del ganado; se llenan las trochas caribeñas de mariposas amarillas”. “Esta mañana leía una historia, la historia de los muchachos que vendían arepas de Chepacorina en El Carmen de Bolívar”. “Chepacorina es un invento italiano; la culinaria italiana se articuló al Caribe colombiano en una región específica que con el maíz del trópico y el queso del ganado del Sinu que se mezclaba en un invento que se llamó la arepa de chepacorina”. “Los muchachos que hacían las arepas de chepacorina hace unos años, fueron todos asesinados”. “Una hoguera de hacedores de la chepacorina, asesinados por venganza, por sospecha”. “Y los contadores de cuentos se iban hacia los Montes de María más arriba entre las trochas llenas de mariposas amarillas a contarles a las aldeas cómo habían matado a los muchachos que hacían las arepas de chepacorina, los paramilitares”.

“Hombres viejos, ajados por el sol bajo esos sombreros hechos de palma, encima de asnos, de burros, de aldea en aldea llevando los cuentos de la verdad”. “Así, antaño, cuando llegó el joven después de dar su discurso en la plaza de Zipaquirá, conmemorando alegres por la caída del fascismo en Europa, así en medio de esos contadores de historias, fue creciendo las historias que él volvió sublimes en sus libros”. “Los contadores de palabras, las historias de Cien Años de Soledad y de Macondo”. “Contador de verdades, a través de las palabras mágicas del Caribe, el hombre de las mariposas amarillas”. (Otro día continuará, ya que hasta aquí dio el espacio por hoy. Sin embargo, a propósito del último editorial sobre los mitos, los cuentos y las historias, sin duda que El Sisimite, con sus agudezas y ocurrencias, ha venido a aluzar el contenido de esta columna de opinión).

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