Ideas y equivocaciones

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/ 28 de junio de 2022
/ 12:37 am
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Ideas y equivocaciones

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Juan Ramón Martínez

Muchas de las dificultades que observamos en el gobierno, tienen que ver en el fondo, con la falta de conocimiento de los problemas y la ausencia de capacidades para enfrentarlos. Y detrás de estas falencias, una arrogancia desmesurada para creer en ideas absolutas: que la experiencia de la calle -que se ha exagerado porque muchos no han participado elevando una bandera partidaria- es superior al conocimiento que, desde la humildad socrática, exige para después aproximarnos a las circunstancias, desarrollando visiones y experiencias para cambiar realidades. Por ello, ignoran cosas elementales: que el socialismo democrático se basa en un capitalismo exitoso. Que gobernar es convencer; en tanto que la amenaza, la malcriadeza que produce inicialmente miedo; al final, provoca distanciamiento y resistencia. Por ello es una equivocación creer que la izquierda tiene el monopolio del cambio y las reformas; o que la derecha, es la única dueña de la función defensora de la libertad. Incluso, lo que es izquierda en países muy escorados como Cuba y Venezuela, no tiene correspondencia en Honduras y menos, en Estados Unidos. Por lo que, hacer generalizaciones y buscar diferenciarse, aislándose de las inevitables relaciones que exige la vida política, constituye políticamente un error.

El presidente electo de Colombia, ha iniciado conversaciones con Álvaro Uribe, al político más ignorado en la campaña; pero más necesario para la gobernabilidad de la nación del sur. Es puro realismo político el que Petro renuncia al infantilismo, a los defectos del caudillo autosuficiente y más bien, se percata y lo expresa: que gobernar es concertar, acordar. Porque la fuerza, no solo está en el mandato de las urnas, sino que además en la suma de las fuerzas y la reducción de contradicciones con las fuerzas de oposición. Claro, Petro no puede imaginarse siquiera, intentando controlar en forma tramposa al Congreso; ni echar abajo la Constitución. Y, ni siquiera intentar una Constituyente para redactar una nueva Constitución, en vista que estas tareas ya fueron cumplidas y mediante acuerdos inteligentes, con todas las fuerzas.

Pero, nosotros hemos cometido otros errores elementales. Hemos roto la continuidad institucional. La orientación furiosa, -porque tiene visos de irracionalidad-, que la tarea del régimen es deshacer todo lo que hizo la administración anterior, además de inconveniente por lo impráctico, representa de alguna manera, un irrespeto a la soberanía popular; y un desperdicio deliberado de los recursos públicos que se han invertido. De allí que cambiar los procedimientos operativos, sustituyendo los cuadros intermedios, que son quienes conocen las operaciones del día a día, constituyen un daño a la operación del nuevo gobierno que, no puede eternamente atribuirle la culpa de los problemas a la administración anterior, porque por lógica elemental, tienen que entender que, fueron elegidos para que hicieran cosas diferentes y no continuaran repitiendo fórmulas que, en el fondo, nos hacen creer que pretenden engañarnos,-con solo cambiar el collar–, convencernos que, han cambiado al perro. El resultado -espero que se hayan dado cuenta- es la baja ejecución del presupuesto, alrededor del 35% en el 50% del tiempo, lo que crea disgustos, no solo en las personas que reciben beneficios gubernamentales, sino que además en algunos ministros que no han podido, pese a su influencia aparente en el gobierno, recibir los fondos para manejar las instituciones confiadas a su responsabilidad. Nos ha llamado la atención la queja de Edmundo Orellana, que nunca la habíamos visto en la historia de Honduras, excepto en las diferencias del general Longino Sánchez, comandante de armas de Tegucigalpa que, disgustado por el tratamiento que le daba el ministro de Hacienda, lo capturó y lo fusiló.

Finalmente, hay una idea que hace mucho daño; y hay que eliminar. El origen del poder está en la voluntad de los electores expresada en las urnas; pero la legitimidad de la administración, reside en el cumplimiento de sus deberes, mas allá de la repetición de las grandes promesas electorales. Si se cumplen los deberes, se producen resultados, provocando satisfacción a la ciudadanía. Por ello, esperamos que la Presidente Castro se haya dado cuenta que, priva desaliento por la lentitud de sus respuestas. Y que, muchos están creyendo que esta administración es lo mismo que la anterior, nada más que, con la cara apresuradamente lavada. Esto no es bueno para la gobernabilidad democrática, por lo que, hay que rectificar.

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