La liebre y la tortuga

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/ 30 de junio de 2022
/ 12:05 am
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La liebre y la tortuga

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Por: Carolina Alduvín

Tal como en la fábula de Esopo, las liebres son veloces y jactanciosas, hace un par de días convocaron a un foro conmemorativo de su pasión, cuyo título menciona una nueva Constitución democrática para que los hechos no se repitan. La invitación fue pública y abierta, exactamente en la fecha que el coordinador fue sucedido constitucionalmente; hace algunos años, con el propósito de llenar la Casa Presidencial con miles de seguidores y pobladores en busca de un refrigerio gratis, más bien, a cambio de escuchar la sarta de sandeces que constituyen el discurso del bigotón y su consorte. De dejarse convencer con el relato lastimero de fabricados mártires, derribados por balas verdaderas, cuando los agentes del orden público tan solo contaban con salvas para contener a la muchedumbre congregada en Toncontín para recibir al jamás restituido.

Ahora, como usurpador en jefe, cabe recordar algunas de las sutilezas que caracterizan su proceder: en enero de 2009, cuando se procedía a elegir magistrados a la CSJ quiso imponer a una abogada que ni siquiera estaba entre los 45 seleccionados por la junta nominadora; además, ella debía ser la presidente, creando una fisura entre los diputados de su partido, a medianoche, se les conminó a votar por ella, so pena de provocar un golpe de Estado, para lo cual ya estaba preparado el Decreto respectivo, en el que se organizaba una CSJ a su medida y se disolvía el CN. A finales de marzo, con sus ministros decide su ocurrencia de cuarta urna, la Fiscalía General de entonces la declara violatoria al orden jurídico, no se llega a publicar en el Diario Oficial, pero lo divulga mediante su invento paralelo, el pasquín denominado poder ciudadano.

Ya en mayo, la Fiscalía General solicita se declare nulidad del acto administrativo que impulsa la fallida cuarta urna, la condición de ilegalidad es reiterada por el Ministerio Público; acto seguido se denuncia ante el MP un plan para dar golpe de Estado. La procuraduría general se adhiere a la tesis de ilegalidad de la proyectada consulta popular y los parciales acusan de traidora a su titular. Entonces, el empecinado dictador en ciernes acude al padre del candidato de su partido en busca de su respaldo, ofreciendo que podrá reelegirse; ante la negativa del caballero, su salida es ufanarse respondiendo que él se encargará de pulverizar los pétreos. Dada la poca credibilidad que le restaba, las conversaciones se suspenden, sus correligionarios lo dejan solo.

Luego, el propio consejo de ministros anula lo aprobado 3 semanas antes y, testarudamente, el mismo día, ordena una consulta popular para el 28 de junio, coordinada por el Instituto Nacional de Estadísticas, en lugar del organismo electoral, capricho que desata movilizaciones ciudadanas. Una sentencia judicial de lo contencioso administrativo ordena contundentemente suspender todos los efectos de la consulta y declara nulo su contenido. El órgano electoral hace formal convocatoria a elecciones generales para noviembre. En junio, la Iglesia Católica propone como vía de solución, legislar en torno a figuras como plebiscito y referéndum, en vista de que, con la cuarta urna se elimina al Estado y se debilita la democracia.

Al rechazo se unen organizaciones de sociedad civil, intelectuales y las iglesias evangélicas. La respuesta es destituir al máximo jerarca de las Fuerzas Armadas, por haber declarado que la institución armada no podría acompañarlo en su intentona; luego, el ministro de Defensa renuncia en solidaridad. La CSJ anula la destitución, continúan los intentos para hacer desistir de la consulta, el órgano electoral declara ilegal el intento de encuesta de opinión y el empecinado asalta las instalaciones militares donde se custodian en calidad de depósito, los materiales electorales llegados de Venezuela. Sus cómplices recorren el país distribuyendo las papeletas, utilizando recursos no presupuestados y sacados en carretillas del BCH. Todos incurren en responsabilidad administrativa y criminal, de acuerdo a la Fiscalía y el órgano electoral.

Llega al descaro de hacer un simulacro de encuesta, en presencia de los embajadores acreditados en el país, quienes apresuradamente abandonan el recinto presidencial. Al día siguiente, por orden de la CSJ el alto mando militar da captura al mandatario y lo exila. El teatro y la victimización no se hicieron esperar. La liebre fue descalificada y la democracia, cual parsimoniosa tortuga resultó vencedora. Hoy, de nuevo, los liebre vuelven a la carga con su refundición, nuevamente es hora de defender nuestra democracia y preservar nuestra libertad.

carolinalduvin46@gmail.com

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