En el pozo de la fatalidad

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/ 16 de julio de 2022
/ 12:05 am
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En el pozo de la fatalidad
Esperanza para los hondureños

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Por: Héctor A. Martínez*

¿Por qué ocupamos los últimos lugares en las tablas del desarrollo humano y por qué aparecemos como uno de los países más inseguros del mundo? ¿Por qué tenemos uno de las peores sistemas de educación de América Latina, a tal grado que nuestra media de escolaridad no pasa del quinto año? ¿Es culpa de la Providencia, del clima tropical o de la incapacidad de nuestra gente? ¿Cómo puede un pequeño país, ubérrimo de recursos naturales, de envidiable posición geográfica, ostentar esos miserables indicadores de rezago y pobreza?

Algunos ingenuos suelen tirarle la culpa de nuestro atraso a las instituciones españolas de la Colonia, mientras otros les achacan nuestros males a los gringos. Las excusas se mueven al compás de los tiempos: ayer fueron los imperios explotadores, hoy le toca el turno al llamado modelo neoliberal. Esas justificaciones del atraso surgieron en los años 60 y 70 del siglo pasado, justamente cuando aparecieron algunos intelectuales de izquierda lanzando tremendos ensayos desde las universidades públicas y desde los organismos de desarrollo como la CEPAL y el CESO de la Universidad de Chile. Entre esas “vacas sagradas” se incluye a Enzo Faletto, Fernando Henrique Cardoso -convertido posteriormente en presidente del Brasil-, Theotônio dos Santos, Vânia Bambirra y cientos más; casi todos -unos más, unos menos-, encuadrados bajo la crítica de la sociología marxista. Pero esas tesis ya no nos sirven de mucho o de nada, salvo que un gobernante esté interesado en revivirlas por añoranza revolucionaria, o por los malos consejos de sus asesores ideológicos. Es verdad: la raíz crítica de aquellos planteamientos era correcta, pero su aplicación técnica no auguraba finales felices. La historia se encargó de demostrarlo a finales del siglo XX. De esas epopeyas desarrollistas, ya solo queda el enorme arsenal de cuadernos agarrando polvo en las bibliotecas de las universidades estatales.

Lo de hoy es otra cosa. Lastimosamente, la oportunidad de oro la dejaron escapar los gobiernos liberales y nacionalistas que nos gobernaron hasta el 2021. Nuestra generación de políticos -incluidos los de Libre-, cree que Honduras puede vivir dándole la espalda al mundo, y que solo un poder orwelliano puede conducirnos hacia el orden y el progreso. Esa mentalidad de mandador de finca bananeras no ha desaparecido del “ethos” político; al contrario, parece más arraigada que nunca.

Si bien hemos perdido la coyuntura para diseñar una sociedad más abierta -al decir de Hayek-, con mejores oportunidades para los ciudadanos, no debemos perder la fe; todavía podemos levantar este país si dejamos de lado la politiquería barata, los sultanatos continuistas y el odio que caracterizaba a los caudillos de la primera mitad del siglo XX. Si nos unimos en un solo haz de intenciones políticas para reducir el enorme gasto público, al mismo tiempo que diseñamos una estrategia de crecimiento económico, podemos salir avante en menos de diez años. Alguien escribió el otro día sobre la necesidad de reconstruir a los partidos de derechas para levantar el país. Yo no sé en qué parte se esconde la solución: si en la derecha, la izquierda, o en el mismísimo infierno. Pero una cosa es clara: o se adecenta el sistema político tradicional, o habrá que conformar nuevos movimientos por necesidad histórica y por supervivencia. La advertencia va para todos los partidos.

Así como van las cosas, no es poco probable que se agudicen los conflictos sociales en los meses venideros. Si la intención es crear confusión, entonces ignoramos el poder de esa criatura mefistofélica que hoy engendramos; ni siquiera los perpetradores del desgobierno tienen la mínima sospecha del reventón que se avecina por ser tan irresponsables. Y eso mis amigos, se llama “jugar con fuego”. Hay sectores que no están interesados en la prosperidad de la nación, porque ganan más con el desorden que con el progreso. Visto de esta manera, ninguna sociedad puede salir de la miseria con capataces insensatos y chiflados; al contrario: se precipita más rápidamente hacia el estercolero que yace en lo profundo del pozo de la fatalidad histórica. Para no salir jamás.

*Sociólogo
sabandres47@yahoo.com
@Hector77473552

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