“LEYENDO EL PERIÓDICO”

ZV
/ 16 de julio de 2022
/ 12:59 am
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“LEYENDO EL PERIÓDICO”

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EL editorial de anteayer sobre la lectura y el cuento del alumno que se pregunta ¿de qué sirve leer si lo que se ha leído se olvida?, y el maestro lo manda a traer agua del río con un colador sucio. Después de ir y venir el alumno responde que ha fracasado en la tarea ya que no pudo recoger agua con ese colador. Y el anciano le responde “no has fallado; mira el colador, ahora brilla, está limpio, está como nuevo”. “El agua, que se filtra por sus agujeros, lo ha limpiado”. “Cuando lees libros –prosiguió el viejo maestro– eres como un colador y ellos son como agua de río”. “No importa si no puedes guardar en tu memoria toda el agua que dejan fluir en ti, porque los libros, sin embargo, con sus ideas, emociones, sentimientos, la verdad que encontrarás entre las páginas, limpiarán tu mente y espíritu, y te convertirán en una persona mejor y renovada”. “Este es el propósito de la lectura”. (Y el párrafo de cierre. Esos zombis adictos a la superficialidad –resopla el Sisimite– de cerebro han de tener un pascón”).

Una estudiosa abogada comenta: “Qué genial. Recuerdo que cuando mi hija mayor aprendió a leer, me miró asombrada y me dijo: “mami, cuánto puedo descubrir en estos libros”… “se le abrió el mundo”. Y envía una frase de Vincent Van Gogh: “Sucede con la lectura de libros, lo mismo que ver las pinturas; uno debe, sin dudarlo, sin titubeo, con seguridad, admirar lo que es bello”. Pues bien, el mismo portal de la anécdota del colador ofrece una selección de cuadros de prodigiosos artistas que pintan a sus modelos leyendo: “Monet leyendo” de Pierre-Auguste Renoir. “Renoir pasa una temporada con los Monet en Argenteuil y agradece su hospitalidad pintando a Monet, –con la técnica del impresionismo– fumando una pipa y leyendo el periódico”. Otro cuadro es una acuarela y carboncillo, de Van Gogh; “Granjero junto al fuego”. “Un personaje sencillo que sus tiempos de ocio los dedica a leer un libro”. “El mensaje es que la escasez de recursos y el trabajo duro en el campo no es impedimento al placer de leer un buen libro”.  Otro cuadro titulado “Sirvienta leyendo en la biblioteca”, del pintor suizo Edouard John Mentha. “Una mujer humilde subida en una escalera con el plumero para sacudir bajo el sobaco, distraída de su labor cotidiana por un libro que atrajo su atención”. Otro cuadro, “Las lectoras de Browning” del pintor inglés William Rothenstein. “Una mujer leyendo en su sala familiar, sentada en una cómoda mecedora de mimbre, mientras su compañera busca un libro en un estante de madera”.

Otro cuadro, “La lectura de la carta” de Pablo Picasso, “de dos hermanos –se deduce por los rasgos parecidos– leyendo muy preocupados una carta, presumiblemente, de un familiar”. “Uno de los jóvenes abraza al otro –se observa la mano enorme protectora cubriendo el hombro del que sostiene la carta– en muestra de proximidad, y del destino común que les depara el contenido de la misiva”. Un último cuadro, “Mujer leyendo”, del pintor Fernando Botero. “Robusta y entrada en carnes, y una coloración con degradé intensa y llamativa”. “¿Qué podría estar leyendo una mujer desnuda tendida sobre la cama?”. “Quizás, Memorias de una Pulga, de autor anónimo”. (Los libros, como las pinturas, son historias, realidad, imaginación y misterio. Ambas pasiones, la lectura y la pintura, son arte. Sin embargo, tristemente para la sociedad líquida de la inmediatez y de la superficialidad esas son vocaciones anquilosadas pasadas de moda. En lo que respecta a la pintura –el tema central de este editorial– debemos decir que admiramos la genialidad de tantos talentosos pintores hondureños y valoramos lo duro que para muchos de ellos es ganarse la vida con ese oficio. Pero perdimos el entusiasmo original por los cuadros. Supimos que algunas damas de la sociedad los encargaban, no por la hermosa expresión creativa del artista, ni el mensaje, ni el simbolismo, ni la historia, sino para colocar en las amplias paredes de sus mansiones pinturas que hiciesen juego con el color de los muebles y de las cortinas. Peor hoy día –interviene el Sisimite–que los zombis se creen artistas porque socializan, no con palabras sino con “emojis” y con pichingos).

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