Retornemos a los valores

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/ 18 de julio de 2022
/ 12:04 am
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Retornemos a los valores

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Por: Nery Alexis Gaitán

Hacer un alto para reflexionar sobre la calidad de vida que se está viviendo es una urgente necesidad en este mundo contaminado de maldad. Los valores degradados han invadido todos los ámbitos por los cuales discurre el existir. Darse cuenta que los parámetros vitales se han estrechado peligrosamente y ya no son capaces de contener el humanismo maravilloso que es la mejor expresión de la condición humana, entristece el alma de aquellos que todavía guardan en su interior el tesoro de la inocencia y el amor.

Pasear la mirada por los eventos de la cotidianidad, por lo general deja una estela de angustia, desencanto y asombro al contemplar el panorama desalentador, que como un campo de batalla al final de la refriega, contiene los despojos que la envidia, la avaricia y la perversión en todas sus formas han dejado esparcidos en la piel del día.

Los hombres y las mujeres se han aventurado a transitar por la senda escabrosa de la pérdida de los valores eternos, negando los bienes espirituales que son el principio y fin de la existencia. El templo de la verdad se encuentra en ruinas por el accionar de los humanos que han dejado atrás el culto a lo noble, lo bello y lo grandioso que es el respeto hacia todo lo que existe.

Sorprende, en gran medida, que las instituciones que han sido creadas para hacer conciencia sobre el valor de la vida, que incluye el bienestar del alma en concordancia con la espiritualidad, también están transitando por el lado umbroso, y su mensaje se ha desnaturalizado y, casi completamente, está al servicio del mundo material y su esplendor.

El Evangelio de la Prosperidad que se predica en las iglesias sólo es la justificación del extravío de los predios de lo divino, sosteniendo que la obtención de los bienes materiales es la prioridad en la vida. Falacia que aleja, abriendo el vórtice del abismo, a los adeptos de la bienaventuranza espiritual, que tiene como requisito primordial la eliminación del pecado, o sea limpiar el alma, como único camino para ingresar a la inmortalidad de los cielos.

Y es que sólo a través de una verdadera transformación interior, en pro de las virtudes del espíritu, donde la acumulación de los bienes del mundo no tienen cabida, es que se puede encontrar a Dios. De esta manera, el sentido de la vida se vislumbra plenamente bajo la luz de la hermandad que el amor en todas sus formas cincela para embellecer el existir.

Así como no se puede servir a dos amos porque se contenta a uno y se indispone al otro, así las personas deben dar la espalda a las superficialidades de este mundo y empezar a buscar la esencia de la vida, es decir, lo que en realidad importa, el alma y sus tesoros espirituales, porque es la única forma de retornar triunfantes a los amorosos brazos de Dios. Y para aquellos que se autodenominan ateos, hay que recordarles que no están exentos de ser honestos, amables y generosos.

Estos señalamientos tienen como finalidad hacer reflexionar a los lectores sobre el desafortunado sistema de vida que hemos construido en la actualidad. Asimismo, que es necesario retornar a una verdadera espiritualidad, que tiene como requisito comulgar con la verdad que es el amor, porque es lo único que importa en la vida.

Sólo a través de los valores morales y espirituales, enseñados de una forma consciente, es que se pueden fundar familias a favor del bien y de la bondad. Se hace necesario tomar conciencia que si queremos sacar adelante a nuestro país, debemos trabajar por el bienestar común.

Los hondureños debemos cambiar con urgencia todo comportamiento que no aporte nada bueno, tanto para las familias como para la nación. ¡Todos merecemos un mejor destino en la vida!

ngaitan@yahoo.com

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