¿CELEBRACIÓN?

MA
/ 19 de julio de 2022
/ 12:25 am
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¿CELEBRACIÓN?

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HAY días de celebración, unos más que otros. Un día reservado –en el contexto internacional– para celebrar el trabajo. Aquí esa efemérides se ha dedicado al reclamo del acostumbrado pliego de peticiones. Solo que pasó, de ser una celebración de carácter gremial, a una de naturaleza política. Así como los trabajadores tienen su día, no hay razón para que los desocupados –que son más– tengan el suyo. Incluso, consecuencia de estas bestiales crisis que golpean la economía, los presupuestos familiares, las empresas, podrían ser más numerosos que los afortunados que trabajan. Antes la migración era una salida al problema del empleo. Sin embargo ahora, con tanto control y trabas, ya no lo es tanto. Nada cuesta a alguno de los diputados presentar iniciativa para asignarle un día a los desempleados. Si ocurrencias han habido para cambiar el texto del Himno Nacional, porque a saber de dónde sacó el poeta eso del “bloque de nieve cruzado” si aquí hace un calor insoportable; y quitar la palabra “muertos”, dizque es una “exaltación a la violencia”, contrario a lo que en realidad es, un hermoso gesto de ofrendar la vida por la Patria.

Solo que las manifestaciones de los desocupados no serían tan tumultuosas. Como decíamos ayer. El desempleo es una tortura. Quien no haya pasado por esta desdicha –que a la vez afecta el estado anímico y la salud mental de las personas– desconoce la pena que entraña no poder generar un ingreso básico para la manutención. La amargura de no contar con un salario digno que permita sostener un hogar. Pero como el desempleo no tiene voz, no se manifiesta, no grita como bloque, no presiona en forma de protesta colectiva, no pasa de ser una cifra. Sí, un número escalofriante –dado en porcentajes– pero solo un guarismo más de lo mal que está el país. Un dato que a nadie, más que al que se ha quedado sin trabajo, pareciera perturbar. ¿Quién habla por los desocupados? ¿Quién los representa? Son una fuerza decisiva, si se suma cuántos son. Pero tan dispersa, sin organización formal –cada cual tragando su desconsuelo en forma individual– que su queja, sorda, sin proyección o resonancia que produzca eco, pareciera no tener impacto alguno. Mientras los gobiernos continúan esperanzados a milagrosas soluciones a la desocupación, la gente desesperada, por falta de trabajos, sigue en la “rebusca”. En la rebusca de algún módico ingreso de subsistencia. Pero no divaguemos, el tema era sobre los días especiales. Como el dedicado al héroe epónimo –antes, evocación de su ilustre memoria– que de un día pasó a ser una “semana Morazánica” de asueto, nada cívico, sino para gozar de los atractivos turísticos.

Ahora bien, salgamos de las fronteras nacionales. Hay tanta grandeza que celebrar en el ámbito mundial. Por ejemplo, durante la campaña en Egipto de Napoleón Bonaparte, la Comisión de las Ciencias y de las Artes que acompañaba al ejército expedicionario, debió haber celebrado jubilosa el hallazgo de la Piedra de Rosetta. A partir del siglo IV pocos egipcios podían leer escritura jeroglífica y no se entendía la lengua del antiguo Egipto. Sin embargo, el descubrimiento de la piedra en 1799 fue una revelación para los eruditos y por supuesto para el historiador francés Champollion que logró descifrar la escritura. El alfabeto latino, entiéndase toda derivación del alfabeto usado por los romanos, vino a universalizar la comunicación. Además del español, 66 idiomas se basan en el alfabeto latino moderno. El 23 de abril fue el Día Mundial del Idioma Español, reminiscencia del aniversario de la muerte del ilustre genio de las letras españolas, Miguel de Cervantes. Sin embargo a partir de la regresión de una buena parte de la humanidad a la era de los dibujos en las paredes, de la escritura cuneiforme de la antigua Mesopotamia y de los jeroglíficos, gracias al más monumental avance tecnológico de los tiempos, los zombis robotizados con cerebro de pascón –que consideran el alfabeto pasado de moda ya que nada provechoso leen y la escritura la canjearon por pichingos ya que detestan socializar con letras y palabras– celebraron el domingo, como fiesta internacional, el “día mundial del emoji”. (Si no es una lectora que nos participa de ese importantísimo y mundialmente reconocido acontecimiento, lo pasamos desapercibido. Como posiblemente no se enteraron otros que todavía le tienen fe a la lectura como lo fue en el remoto pasado. “Cuando el pasado te llame –sale el Sisimite con otro de sus dichos– no lo atiendas, no tiene nada nuevo que decirte”. Pero Winston interrumpe: “El pasado siempre vuelve”).

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