El poder de pocos

MA
/ 20 de julio de 2022
/ 12:53 am
Síguenos
01234
El poder de pocos

Más

Por: Héctor A. Martínez

Después de cuarenta años de amaños legislativos, de corrupción en el Estado y de impunidad institucionalizada, a los hondureños no nos queda de otra que aceptar que el sistema político se convirtió en un mundo extraño, desligado completamente de los problemas de la sociedad civil. “Estamos claros -decía con cínica seguridad un político avieso-, que lo que se decida en el Congreso es con el único fin de favorecer al pueblo”. Claro que esa mentira nadie se la cree, solo el político de marras. O le importa un carajo si nadie le cree.

Mientras el poder político camina por una avenida pavimentada y sin retenes, la sociedad civil trastabilla por caminos plagados de baches y peligros. A decir verdad, se trata de dos sistemas mutuamente excluyentes, apenas vinculados por los hilos endebles de unos servicios públicos de cuarta categoría que se ofrecen para aparentar que la vocación protectora todavía funciona. Luego paremos de contar: el poder nos exige más de lo que nosotros podamos ofrecerle a cambio de baratijas.

La teoría de los clásicos -pensemos en Rousseau, Kant y Hegel-, habla de un contrato de beneficio mutuo entre el poder y el resto de los mortales consignados en la sociedad civil. Para que no nos matemos ni robemos unos con otros, los individuos le cedemos el poder a unos pocos para que nos representen, nos protejan y decidan lo que es bueno para todos a través del establecimiento de un cuerpo de reglas que normalmente llamamos “la constitución”. Ese es el principio contractual de la democracia representativa: un poder que decide y un conjunto de individuos que obedece creyendo que el fin supremo del primero es procurar el confort y la prosperidad de los segundos. Pero la realidad es otra: el fin supremo del poder no es brindar seguridad y bienestar a los súbditos, sino el de utilizar los artificios legales que abundan en los códigos para el beneficio de una pequeña cofradía que se ubica en el vértice superior de la pirámide estatal.

Desgraciadamente, la estructura y el funcionamiento de la maquinaria que irreflexivamente llamamos “democracia” nunca apareció. Estamos supeditados a los dictámenes de un poder político donde todo se mueve entre intereses de grupillos que luchan encarnizadamente por ver quién se lleva la mayor parte de los recursos del Estado. Se trata de una depredación entre pirañas estratégicas peleando por los recursos en ese Amazonas que es el sistema político. En otras palabras, de ese noble arte de gobernar para brindar protección y felicidad a los ciudadanos, solo queda la pantomima y una burda imitación de aquellas teorías del bien común convertidas en un pasquín de compra-venta de los escasos bienes del Estado.

De todo lo antes dicho, la demostración queda sellada con esto de la elección de los magistrados a la Corte Suprema de Justicia. Lo que en esencia debería ser un proceso diáfano e inmaculado, se ha convertido en una hiedra enmarañada que nos muestra el grado de enviciamiento de los partidos políticos en esa tarea de elegir a los miembros de un poder tan significativo para la vida nacional. Para conseguir el objetivo político se ha echado mano de la prescripción normativa para que todo luzca apegado estrictamente a la jurisprudencia y a las disposiciones legales. Se aprovecharán las lagunas y las fisuras normativas que valen su peso en oro, mientras se prolonga el estira-encoge en una falseada dialéctica democrática que induce a la incomprensión, favorece el desánimo y aleja el interés de los ciudadanos, por más que los periodistas traten de desenredar la trama politiquera.

La pendencia entre amigotes concluirá el día en que a una o a dos de las partes interesadas les hayan cuadrado los cálculos después de una larga jornada de desvelos moviendo piezas y acomodando tácticas al mejor estilo de Clausewitz o de Sun Tzu. “No hay perdedores ni vencedores”, dirán con cinismo, pero todos sabemos que sí los habrá. Normalmente así funciona esta cosa llamada “oligocracia”.

(Sociólogo)

©2022 La Tribuna - Una voluntad al servicio de la patria. Honduras Centro América