Impuesto sacrílego de guerra

MA
/ 20 de julio de 2022
/ 12:47 am
Síguenos
01234
Impuesto sacrílego de guerra

Más

Por: Guillermo Fiallos A.

Ha trascendido la noticia que en México se está cobrando un nuevo impuesto de guerra. La noticia no tendría nada de sensacional si se referiría a un cobro por el derecho a estar operando un negocio, ejerciendo alguna actividad comercial u otra labor, que implique ganarse la vida honradamente.
Me referí a que no tiene nada de sensacional no porque este mal denominado impuesto de guerra, sea lícito o moralmente aceptable; sino porque, ya estamos tan acostumbrados a que esta calamidad se ejerza a diario en campos y ciudades, que ya ni siquiera nos inmuta su funcionamiento.

Una nueva modalidad ha trascendido en varios territorios de la república mexicana: Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, Zacatecas, Jalisco y en plena sierra Tarahumara, famosa por los indígenas que tienen una de las mayores resistencias para correr decenas de millas sin parar. Las cifras de especialistas apuntan que el 35% del territorio de ese país, está en manos del crimen organizado.

Esta vez afecta a la Iglesia católica; la cual se ha visto agredida en su misión de paz, promoción social y divulgación del Evangelio. Una de las voces de mayor peso y que valientemente ha denunciado lo que ya se conoce como Impuesto Sacrílego de Guerra, es el arzobispo de Guadalajara, Cardenal Francisco Robles Ortega.
El purpurado afirma que todas las iglesias ubicadas al norte del estado de Jalisco –donde se encuentra la ciudad de Guadalajara—, están bajo el terror de la delincuencia sofisticada y que tanto sacerdotes, fieles, como autoridades eclesiásticas, deben pagar el derecho de piso o Impuesto Sacrílego de Guerra –como le ha denominado la grey religiosa–, para poder movilizarse y dejarlos desarrollar sus actividades en favor de los más necesitados.

En consecuencia, en México se ha establecido un nuevo hito en la perversión de los antisociales, pues pasaron de cobrar a cientos de empresarios una cantidad de dinero periódica, para que puedan ejercer sus actos comerciales en paz, sin la sombra de la muerte y la amenaza; y ahora, extendieron sus tentáculos hacia la iglesia. Es increíble lo que está pasando, aquí cerca, a solo una cuadra de distancia de Honduras.
El secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Ramón Castro y Castro, Obispo de Cuernavaca, ratificó las palabras de su similar de Guadalajara y, asimismo, manifestó que la situación es grave y está asfixiando las actividades de la iglesia.

A pesar que su eminencia Castro y Castro calificó esta situación de la extorsión del Impuesto Sacrílego de Guerra como “algo que es pan cotidiano”; el señor Andrés López, presidente de la República mexicana –el hombre más informado de toda la nación–, al ser consultado sobre este tema, dijo –en tono tranquilo y sorprendido–que lo desconocía totalmente y que era la primera vez que escuchaba del mismo.

El Cardenal Robles puntualizó que, para celebrar las fiestas patronales, hay que obtener la autorización de esta mafia criminal. Como mínimo, exigen el 50% de lo recaudado en las festividades. Se debe informar para dónde van, de dónde vienen, qué van a realizar y cuál es el propósito de su movilización. Tienen retenes en las carreteras y obligan a pararse y son interrogados desde humildes fieles hasta obispos.
Impera en varios puntos de esta nación amiga, una especie de territorios independientes del poder del Estado; en los cuales reinan los “hijos de las tinieblas” o en términos mundanos: los delincuentes sinvergüenzas, que explotan a una institución que procura la redención del ser humano.

Se ha llegado a lo inaudito pues ciertos sacerdotes deben pagar en sus templos el endemoniado impuesto, con tal que les dejen oficiar Misa, llevar las Buenas Nuevas a centros urbanos y rurales y respeten la integridad de los fieles. Se han sometido a una extorsión por cumplir con un fin elevado, que es transmitir la Palabra de Dios.
Hasta el momento, no hemos escuchado algo parecido que esté sucediendo en Honduras. Eso no significa que estamos inmunes. Lo malo se propaga fácilmente y estamos, cada vez más, en una condición de indefensión y casi de rodillas ante una delincuencia que parece convencida que ha encontrado aquí, “su tierra prometida”.
Las instituciones se sienten desprotegidas y sujetas al crimen en Latinoamérica, mientras algunos de sus gobiernos se preocupan por asuntos banales que consideran más vitales, urgentes e impostergables.

©2022 La Tribuna - Una voluntad al servicio de la patria. Honduras Centro América