¿En verdad fuimos a la luna?

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/ 21 de julio de 2022
/ 12:05 am
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¿En verdad fuimos a la luna?

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Por: Carolina Alduvín

Hace 53 años, los titulares de todos los periódicos del mundo, anunciaban la llegada de los primeros humanos a la superficie lunar, evento que fue seguido por cámaras, micrófonos y una serie de computadoras con capacidades y velocidad de procesamiento, muy por debajo de los teléfonos celulares que todos portamos. Aquella noche estaba reunida con mis compañeros del tercer año de secundaria, era nuestro baile de despedida, algunos iríamos a las preparatorias de la UNAM, otros a las vocacionales del IPN, los más seguirían diversos oficios o entrarían a laborar en los pequeños negocios de sus familias. Todos compartíamos el asombro de vivir a través de la magia de la televisión, la mayor hazaña científica de la humanidad: el alunizaje del Apolo 11.

En los años de la Escuela Nacional Preparatoria, otras 5 misiones fueron hasta nuestro satélite y, desde entonces, no volvimos. Hubo transmisiones que mantuvieron en vilo la atención del público, debido a ciertas fallas que pusieron en peligro el retorno a la Tierra, como en el Apolo 13, contratiempos inesperados y superados. Luego, la NASA desarrolló el programa de transbordadores, estaciones espaciales y más adelante, misiones no tripuladas a Marte. Paralelamente, surgieron las teorías de conspiración, por parte de grupos que afirman que todo lo relacionado con los viajes a la luna, fueron montajes producidos en estudios de televisión, alegando una serie de argumentos basados en imágenes, sombras y ángulos de toma en las diversas fotografías y filmados de algunas etapas de las misiones.

Para quienes crecimos en los 60s y seguimos paso a paso los programas previos Mercury y Géminis, lo dicho por los conspiranóicos siempre sonó absurdo, pero a las nuevas generaciones, podría sorprendérselas por no haber tenido esa educación extra escolar. Independientemente de lo que digan unos cuantos locos, lo cierto es que seguir aquellos viajes por medio de noticieros y reportajes especiales, inspiró a muchos miembros de nuestra generación a interesarse por la ciencia y las ingenierías, a estudiar las diversas teorías sobre el origen de la vida y del propio universo. A las universidades de todo el continente a abrir y ampliar programas en carreras científicas y de desarrollo tecnológico. Honduras hizo lo propio en 1967, al crear las carreras de Física y Biología, entre otras, como ampliación de los estudios generales.

Esa misma semana se hablaba de la guerra de las 100 horas contra un país hermano de Centro América, incorrectamente llamada guerra del futbol, en CDMX se escenificó uno de los partidos eliminatorios para competir en el mundial de México 70, fue la única vez que vi a mi padre asistir al estadio. Las relaciones quedarían rotas por décadas, se nos explicaba que el deporte era apenas la excusa, que el enfrentamiento respondía más que nada a desviar la atención de las presiones internas que cada gobierno encaraba por problemas tan tradicionales como no resueltos, como los conflictos agrarios y de explosión demográfica, inveteradamente postergados sin desarrollar la necesaria infraestructura social y económica para darles salida.

Seis décadas más tarde, los problemas no han hecho más que complicarse, los vecinos fueron emigrando para establecerse en zonas urbanas de los Estados Unidos, identificándose y formando asociaciones ilícitas que se reexportaron a tierras centroamericanas, donde han sentado sus reales, especialmente en barriadas marginales, donde la autoridad no puede, no quiere o no está preparada para meterse, desde hace décadas, dejándolas crecer y multiplicarse, tanto como para tener asociaciones rivales. Aprovechadas por el crimen organizado y al servicio de los más oscuros intereses, con la impunidad suficiente para manchar de sangre todos los estratos de una sociedad conformista que se ha limitado a esconderse detrás de cercos, portones y vigilantes privados, que han hecho fortunas para unos cuantos.

Hoy, un congreso rabiosamente partidizado, debate una ley encaminada a mejorar el deplorable estado en que ha caído la impartición de justicia, cuyo punto álgido se niega a reconocer la mayoría de sus integrantes, da la espalda a la población que dicen representar, abre la puerta a los beneficiados por pactos de impunidad, y hasta a los integrantes y defensores del crimen organizado. En los tiempos de la llegada a la luna, el congreso ni siquiera estaba en funciones, hoy sus movimientos resultan más agresivos que quienes nos declararon la guerra entonces.

carolinalduvin46@gmail.com

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