¿ARREPENTIMIENTO?

ZV
/ 22 de julio de 2022
/ 12:44 am
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¿ARREPENTIMIENTO?

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EL debate entre los chilenos es ¿qué hacer si el proyecto de Constitución es rechazado en el plebiscito? Se trata del parto de la olla de grillos –que no tardó los habituales nueve meses sino más de un año elaborar– para salir con un texto ideológicamente ladeado. Más inclinado a la izquierda que algo centrado, aceptable a toda la población, pensando en el bienestar del país. Allá, por lo menos, hay algún debate de los diversos temas nacionales, no como aquí que al amable público lo tienen divagado en trivialidades políticas –cuestiones superfluas que no le dan de comer ni le sirven para conseguir trabajo– como maicillo que riegan a las gallinas, evadiendo la discusión de los verdaderos problemas que afligen al pobre pueblo pobre. Y aunque no hubiese empeño de las élites políticas de mantenerlo aturdido con nimiedades, ya una buena parte del auditorio –desinformado y ausente de la realidad– pasa hipnotizado en su adicción, socializando con “emojis” y pichingos por las redes sociales.

Sucede que el gobierno anterior para zafarse de un lío circunstancial, cuando a Piñera le calentaron las calles, montó un poder paralelo al constitucional, sin haberse roto el Estado de Derecho. Les dijeron que era para sepultar la Constitución del dictador. Aunque aquello era producto de los consensos políticos precisamente cuando lo defenestraron con el referéndum del NO. El país con esa Constitución y un sistema de mercado envidiado por otros países latinoamericanos, alcanzó estándares de vida comparables a los europeos. Estalló la crisis y allí fue cuando se percataron que la vida no es utopía sino un subibaja llena de imperfecciones y desequilibrios. Pensaron que, con plasmar ilusiones en un papel, milagrosamente –como si las constituciones fueran responsables del desacierto de los gobiernos, de las pésimas decisiones, de lo que hace mal y deja de hacer bien la colectividad– desaparecería todo lo que los priva de la inalcanzable felicidad. Hoy una buena parte de los que fueron a votar por el “sí” –para provecho de los grupos de la extrema izquierda que acabaron controlando la asamblea– grita su arrepentimiento. Y como una Constitución debe reflejar la voluntad del soberano, no de pedazos del pueblo, quién sabe si ese adefesio que sacó la olla de grillos vaya a ser ratificado. Las constituciones –para realizarlas se convoca constituyentes– son fundacionales. Cuando la nación inicia, para establecer el pacto económico, político y social que ha de normar la vida de los habitantes. O bien consecuencia de una revolución que rompe toda estructura política existente. O para devolver a la sociedad el Estado de Derecho, cuando la Constitución que venía rigiéndola dejó de aplicarse sometida al predicado deformador del que toma el poder a la fuerza.

Nada de eso sucedió en Chile. La Constitución que va a consulta, lejos de unir la sociedad la polariza mucho más. Ahora lo que se discute es ¿qué pito tocan si la Constitución es rechazada? ¿Van a una nueva elección de constituyentes –a ver con qué sale la nueva olla de grillos en otro año malgastado en alegatos discordantes–para comenzar de cero? ¿O declaran el proceso fracasado y optan por hacer reformas a la Constitución vigente? Otra opción sobre la mesa es dar a una comisión de expertos la encomienda de elaborar un nuevo proyecto. ¿Pero expertos en qué? Si no hay puñado de entendidos en lo que sea, que pueda abrogarse el derecho de hablar en nombre de la voluntad popular, ni siquiera interpretarla. Parecido a esas ocurrencias de buscar “notables” (o notorios) –buenos profesionales cada cual en su rama– como reemplazo a la institucionalidad. En esa complicada encrucijada están, por el mal paso tomado de haber metido a la gente a un proceso decisorio que define el destino de un pueblo para toda una vida, como salida a un problema político coyuntural. (Es que allá la constituyente –infiere el Sisimite– tuvo “cuerpo de tentación y cara de arrepentimiento”).

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