Contracorriente: “Siete días de mayo”

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/ 22 de julio de 2022
/ 12:03 am
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Contracorriente: “Siete días de mayo”

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Por: Juan Ramón Martínez

En los años setenta, una de las preguntas maliciosas era, ¿por qué en Estados Unidos no había golpes de estado? La respuesta era una crítica certera: “porque en Washington, no hay embajada americana”. Sin embargo, en los setenta, varios cineastas insinuaron en “Siete días de Mayo”, la posibilidad de un golpe de estado. Ahora, cuando una Comisión del Congreso de los Estados Unidos, estudia los hechos del seis de enero de 2021, las primeras conclusiones apuntan a que, Donald Trump y sus parciales, que buscaron con la invasión al Capitolio impedir que el Congreso validara las elecciones en que el demócrata Joe Biden había derrotado al republicano Donald Trump, fue un real “golpe de estado”. La expresión, no ha dejado de extrañar a más de alguno, porque un hecho de tales dimensiones, no se había visto antes, durante todo el curso de la historia de los Estados Unidos. Y, más de alguno, ha dicho, con alguna sorna en contra de las sociedades latinoamericanas, que el comportamiento de Trump, es propio de una “república bananera”.

No cabe duda que Trump y Boris Johnson, dimitente primer ministro de Gran Bretaña, representan la prueba que las dos democracias más grandes y antiguas del mundo, pueden ser destruidas desde adentro. El discurso xenófobo de Trump y la voz de Johnson, tronando en contra de la UE y facilitando el “brexit”, además de representar actitudes aislacionistas y conductas inseguras frente al otro, a quien consideran un enemigo de sus derechos, por lo que para defender su existencia amenazada; en vez de usar las reglas democráticas, se encaminan por las rutas obscuras de la irracionalidad, cultivando el miedo y desarrollando, entre poblaciones ingenuas, las teorías de las conspiraciones en contra de los segmentos blancos de la sociedad. Por ello, en Estados Unidos especialmente, el ataque al Capitolio, que representa la voluntad de los pueblos y los intereses de los territorios, se ha visto con tanta preocupación que, no solo se ha juzgado y encarcelado a algunos de los invasores, sino que amenaza con un castigo ejemplar en contra de Trump a quien, se califica como el promotor.

La reacción de los senadores y representantes del Congreso de los Estados Unidos, es explicable porque en el sistema democrático, de casi todo el mundo, el principal poder del estado, lo representan los congresos. De modo que cuando la democracia, empieza ser debilitada por el comportamiento de los políticos que, irrespetando la ley, se atreven a circular por las veredas de la indecencia, inmoralidad e irrespeto, su principal manifestación se da en la debilidad de sus congresos. Es allí, en donde comienzan a producirse los primeros síntomas de falencia de los sistemas democráticos. Especialmente entre aquellos modelos en donde, no se privilegia al Ejecutivo, como ocurre en otros países. En Perú, el Congreso ha destituido tres presidentes y solo en una vez, Fujimori se ha atrevido a irrespetarlo, con los resultados que todos conocemos. En los sistemas parlamentarios puros, una simple moción de censura basta para que concluya la legislatura y se convoque a elecciones, para nombrar al titular del ejecutivo, cosa que vemos con frecuencia en España.

Desde el 2009, cuando el Congreso – cometiendo muchos errores, porque se extralimito en sus funciones –, destituyo a Zelaya y le sustituyo por Micheletti, –facultad ultima que, si tiene–, ha sido sometido a un fuerte cuestionamiento. Y mucho más desde 2022, en que en las elecciones la Alianza que gano las elecciones, ha creído que el camino para vengarse es, desprestigiando a la institución. Haciéndola funcionar fuera de la ley; y en abierto narcisismo exhibicionista, mostrando las peores conductas personales que pudiera imaginarse, para poner en peligro la frágil democracia nacional. Los políticos, en festín de irracionalidad, no han tomado cuenta que ellos y sus antecesores son responsables, del escaso desarrollo democrático que mostramos; y, menos que, con sus conductas irracionales comprometen el destino del país. Por ello, siguen en un curso suicida, creyendo que se representan a sí mismos, irrespetando a sus electores. Pasando por alto sus responsabilidades con el sistema democrático; ignorando que, este se deteriora en la medida en que falla el Congreso Nacional. Y que, cuando ello ocurre, peligra la seguridad y la existencia de Honduras

ed18conejo@yahoo.com

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