Ejemplaridad patriótica de Morazán y José Martí

ZV
/ 22 de julio de 2022
/ 12:04 am
Síguenos
01234
Ejemplaridad patriótica de Morazán y José Martí
¿Vuelven los oscuros malandrines del 80?

Más

Por: Oscar Armando Valladares

Un pensamiento paralelo tuvieron y un compromiso ejemplar nos dejaron estas figuras del quehacer político revolucionario latinoamericano, caídas en combate por no ceder un ápice ante los enemigos de la soberanía, independencia y libertad de nuestros pueblos. De descendencia europea, tomaron conciencia de que era obligatorio romper las ataduras impuestas por la corona española; con ese propósito en la mira de sus convicciones, se lanzaron a la lucha con el verbo y el arma al hombro. En la andada, empero, debieron enfrentar la peligrosa amenaza de otros dos imperios: el del león inglés y el del águila estadounidense, uno y otro a cual más autoritarios, deseosos a su modo de asir en sus garras islas y tierras continentales de procedencia azteca, maya, incaica y africana.

Historiado -aunque insuficientemente conocido- fue el proceder de Francisco Morazán en cuanto a “proclamar y sostener la independencia” del 15 de septiembre de 1821 y jurada en Tegucigalpa trece días después por él y otros destacados individuos como Dionisio y Justo Herrera, José Antonio Márquez y León Rosa. En su papel de combatiente unionista, dio innúmeras muestras de amor por la libertad, desde que en Comayagua y en La Trinidad opuso tenaz resistencia a la invasión comandada por José Justo Milla, “agente -dijo- de la aristocracia de Guatemala”.

Ante los aprestos bélicos de una división española con fines de invadir a México y Centro América, dictó Morazán las providencias que le parecieron convenientes, y en nota del 18 de marzo de 1830 remitida al Secretario de Relaciones Exteriores del país azteca, señor Lucas Alamán (no Alemán), expuso de entrada: “No cabe ya ninguna duda de que se prepara una nueva y fuerte expedición contra la América, alentados sus enemigos, seguramente por las tristes desavenencias que han trastornado su orden interior”. Con desprendido afecto internacionalista ofreció a la patria del padre Hidalgo y el indio Juárez todos los auxilios “de que eran susceptibles los recursos centroamericanos y reunir sus fuerzas a las de esa República para sostener nuestra cara independencia”. No menos vehemente fue su postura contraria a la usurpación británica en Belice, Islas de la Bahía, la Mosquitia y San Juan del Norte, y frente a la injerencia abusiva del cónsul Federico Chatfield, postura raigalmente soberana por la que sucumbiría fusilado -en arreglado concierto- el 15 de septiembre de 1842.

En pocas líneas y a grandes rasgos puede describirse la entrega a Cuba de José Martí, que el apóstol mismo definió como “agonía y deber”, deber que implicaba la fundación del Partido Revolucionario, emprender la guerra necesaria para librar a la isla del tutelaje español y, extensivamente, denunciar e impedir la expansión de Estados Unidos sobre la América no sajona. Cartas y textos suyos son testimonios irrecusables de su inquebrantable compromiso y, por qué no, de su compleja maestría de escritor. En 1891, por caso, denunció las maniobras de una conferencia americana promovida por la nueva potencia, tendiente a la adopción forzosa de una moneda común de plata, en las transacciones comerciales recíprocas. Las repúblicas americanas -dice Martí- atendieron la invitación, reparando que, en el caso de Honduras, el comisionado era “hijo de un almirante norteamericano (quien) no hablaba español”. Aunque al final no se llegó a nada, en su escrito el gran cubano indicaba que los norteamericanos “creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho: esto será nuestro, porque lo necesitamos. Creen en la superioridad incontrastable de la raza sajona contra la raza latina”.

En otro relato, da cuenta de un coronel que “en la hora fantástica de la alborada, venía a escape, sable en mano, sobre las filas de los invasores, cuando una bala de cañón le cercenó, como de un tajo, la cabeza del jinete. No cayó de su montura ni bajó su brazo el sable: y se entró por los enemigos en espanto y en fuga el coronel descabezado”. Así somos nosotros -agregó-. “¡Éntrese en nuestro caballo por el invasor y espántelo y derrótelo, aunque no se les vean a los jefes la cabeza!” Sin perder la cabeza, murió Martí heroicamente por el decoro y dignidad de su patria el 19 de mayo de 1895.

coase2020@gmail.com

©2022 La Tribuna - Una voluntad al servicio de la patria. Honduras Centro América