Clave de SOL: Algo subsiste de la palabra escrita

ZV
/ 24 de julio de 2022
/ 12:01 am
Síguenos
01234
Clave de SOL: Algo subsiste de la palabra escrita

Más

Por: Segisfredo Infante

Conozco cuando menos cuatro hechos importantes de resguardo archivístico en medio de pilas de textos caídos en el olvido. El primero trata de un grupo de arqueólogos y antropólogos que estaban interesados en escarbar en los estercoleros del Antiguo Egipto, con el objeto de averiguar qué alimentos digerían y excretaban los pobladores de aquella civilización antigua. Inesperadamente los investigadores dieron un giro de ciento ochenta grados cuando en los basureros milenarios encontraron cartas (y fragmentos de cartas) de los primeros cristianos egipcios, quienes en aquella época asumían concepciones ingenuas, y a veces incoherentes, de las enseñanzas evangélicas derivadas de Jesús y sus apóstoles. Me parece (mi memoria a veces se vuelve borrosa o imprecisa) que se trataba de una relación epistolar espontánea entre aquellos egipcios humildes que vivieron en los siglos primero y segundo de la era occidental. Existe cuando menos un libro impreso de aquellas cartas manuscritas.

Una comunidad específica del Cercano Oriente, que estaba asentada o exiliada también en Egipto, guardaba toda clase de cartas y cronicones con valor jurídico, que se fueron acumulando durante el curso de los siglos en una amplia bodega o especie de sótano. Curiosamente en aquella bodega “sin fondo” se lanzaban manuscritos, de “escasa” importancia, ante los ojos de los vecinos de aquel momento histórico, pero que ahora han recobrado un gran valor para los historiadores contemporáneos interesados en la reconstrucción de la historia cotidiana, y de las visiones y prácticas monoteístas, de aquella comunidad milenaria. También se han publicado libros rigurosos al respecto.

Dos hipótesis originarias respecto de la conservación de la correspondencia de las dos comunidades aludidas son: a) que el intenso calor de los desiertos de Egipto es propicio para la persistencia de la palabra escrita; y b) que el papiro es un sólido soporte para la escritura que subsiste, casi intacta, durante siglos y milenios, amén de que varios fragmentos hayan sido encontrados en basureros o en cuevas. No me quiero referir a las cartas desérticas de Tell-Amarna, despachadas o recibidas hace tres mil quinientos años, entre el rey monolátrico Akhenatón y las comunidades cananeas, elaboradas sobre tabletas de arcilla, por la simple razón que desconozco sus contenidos extensos.

El tercer caso al que deseo referirme, por ahora, es a los archivos judiciales, municipales y eclesiásticos de Choluteca, en donde tuve la oportunidad concreta de cristalizar un par de investigaciones históricas. La visita preliminar la realizamos (al archivo municipal) con la compañera y amiga Ligia Page. Ahí descubrimos que varios cuadernos estaban almacenados a la par de un inodoro. Pero pudimos deducir que tal vez era posible una investigación sobre la presencia de extranjeros (principalmente europeos) en la zona sur de Honduras. Más tarde organizamos dos grupos de investigación: uno para el tema de extranjería, y otro para el capítulo de minería.

No sabíamos, ni remotamente, qué clase de infolios encontraríamos en los archivos judiciales. En aquel momento (1986-1987) los “archivos” de primera mano se encontraban acumulados, unos sobre otros, en dos cuartos y una especie de corredor, muy sucios y en franco proceso de deterioro, con “pruebas de convicción” (machetes, sangre, una bicicleta y ropa interior de mujer). En virtud que las pilas de páginas eran demandas por “rapto y estupro” y por “producción ilícita de aguardiente” (léase chicha, cususa y gato de monte), hacíamos la broma que cambiáramos el tema de investigación, pues parecía que durante décadas los pobladores rurales de Choluteca y de la zona sur de Honduras, se habían dedicado a producir “aguardiente ilícito”. O, en otros casos, los jóvenes adolescentes se entregaban a la aventura amorosa de fugarse a media noche, bajo la luna llena, por mutuo consentimiento, por lo cual eran acusados, por sus padres, las autoridades y los padrinos, de incurrir en “rapto y estupro”, con el objeto de obligarlos a que se casaran. Por mi propia cuenta, aparte del tema colectivo de las extranjerías, realicé una investigación sobre el mestizaje en el archivo eclesiástico de Choluteca, ocurrido dos décadas antes de la Independencia, y luego redacté un ensayo que me sirvió para ingresar a la Academia de Geografía e Historia de Honduras.

Con estas experiencias, directas e indirectas, arribo a la conclusión optimista que algo subsiste de la palabra escrita después de varios decenios y siglos transcurridos a partir de hechos concretos. O de grandes reflexiones abstractas. Un simple manuscrito o impreso sobre un papel cualquiera, puede convertirse en una pista en dirección a la investigación científica. O unos versos románticos de un autor desconocido, permiten redescubrir la ambientación de un momento. Aquí es preciso recordar, como cuarta experiencia, que la obra cumbre de Aristóteles (la cual conozco y admiro) estuvo ignorada, o escondida, en un sótano durante más de doscientos años.

©2022 La Tribuna - Una voluntad al servicio de la patria. Honduras Centro América