Solar Baldío

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/ 24 de julio de 2022
/ 12:02 am
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Solar Baldío

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Por: Hernán Antonio Bermúdez

“Ya soy más predecible que una lagartija

cruzando un solar baldío”. (p. 37)

“Y llegó una muchacha a agitarme el mundo” (p. 9)

Veteris vestigia flammea (Rastros de un viejo amor)

Ojos color olvido es el título del poemario recién publicado por Juan José Bueso (1988). Se trata de su primer libro de poesía y en el despliega lo que podría denominarse un “lenguaje en estado de gracia”, escrito con el pulso preciso y veloz de un calígrafo chino. Baudelaire concebía la escritura poética como “brujería evocativa”, y aquí se evoca a la amada mediante el desgrane de palabras frescas y desinhibidas envueltas (y desenvueltas) en una ironía constante capaz de demoler la “hoguera de vanidades” y los absurdos cotidianos.

Los mecanismos verbales de Ojos color olvido recogen las hebras sueltas del peso muerto de la vida provinciana, en el “territorio hostil” de San Pedro Sula (p. 14), “esa ciudad maldita quemada por piratas” (p.30), y bajo el influjo de Susana, la “inamorata” ida, fugada, y ya inalcanzable.

Los poemas resultan imaginativos, y acuden al sarcasmo, al tono ocasionalmente cínico, y a menudo a la autocrítica: “la peor parte es que me ha dado por escribir poesía: soy un desastre y encima, un desastre pretencioso” (p. 35). En ese sentido, este libro es singular: el autor sabe burlarse de sí mismo, pone el

socorrido “yo y mi circunstancia” en constante tela de juicio con inusual destreza.
Juan José Bueso ha sabido encontrar un timbre de voz, del todo personal, en el que la pulsión mórbida y el temple pagano se coaligan para instar al acto de creación literaria: bajo el influjo del esplendor carnal de la amada, viene el desfogue pasional: “Susana: sáname, sédame, sedúceme. Bésame el corazón, el hígado, el cerebro.
Hazme descansar del oficio de vivir,

espanta por un instante el vacío llenándome los labios”. (p. 10) El poeta evita como la peste las solemnidades estereotipadas, y
las efusiones amorosas se entrecruzan más bien con frases obscenamente coloquiales. ¿Venganza poética del poeta despechado (hay cuatro poemas, enumerados del 1 al 4, intitulados “Despecho”)? Se sabe de sobra que los procesos creativos poseen su propia “economía”, a veces indescifrable, susceptible de absorber las modalidades más dispares de “materia prima” y transmutarse en forma artística.

Las alusiones eróticas hacen que Ojos color olvido contenga un flujo constante de energía libidinal y de pasión amatoria. Ello trae consigo una intensidad verbal que pocas veces decae, impregnada de irreverencia y de sentido del juego. Resulta inevitable rememorar a Catulo y a su infiel Lesbia: aquí Susana es una especie de Lesbia, promiscua y, en ocasiones, frívola, que engaña al joven poeta (de 31 años, según se reitera una y otra vez), quien -como Catulo- cae en el error generalizado de

pretender retenerla, de que recaiga solo en sus brazos. El corolario luce inevitable:
“buscaré a otra muchacha a quien besar

Y en sus labios iré diluyendo tu veneno”. (p. 42)

La escritura es, al fin y al cabo, un ejercicio desinteresado del dominio de las palabras. El tono socarrón y el desparpajo expresivo, a ratos cáustico, de Juan José Bueso en esta su “ópera prima” puede convertirla en una suerte de “evento geológico” en la poesía hondureña. Es de esperarse que será capaz de seducir a los lectores receptivos. Bien lo merece.

 

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