¿A VECES PEOR?

ZV
/ 25 de julio de 2022
/ 12:23 am
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¿A VECES PEOR?

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YA días insistimos sobre un tema que sería recomendable no tirar –como tantos otros que se descartan por falta de creatividad de dar solución a los problemas– al cesto de la basura. Pero como aquí lo entretenido de la agenda política nada tiene que ver con las urgencias que afligen el día a día al hondureño, poca atención ha merecido lo planteado. Todo –menos la odiosidad que enfurecidos continúan rociando por las redes sociales para mantener dividida la sociedad– está escaso. Hemos dicho que la producción nacional es raquítica; no hay aliciente ni medidas de rescate orientadas a rehabilitar la postrada iniciativa privada. La desocupación –sobre la que mucho se habla y para la que, perturbados por los flujos migratorios que produce, han ofrecido quiméricos “planes integrales” que nunca llegan– crece desaforada. Pero nada esperanzador sucede. Tampoco nada se hace para generar trabajos. Ni va a haber solución milagrosa caída del cielo y, por lo visto, tampoco recursos dados de afuera que atiendan “las causas raíz del éxodo humano”.

Montar una empresa –sustentada en el sistema disfuncional que existe y, por lo que se colige de la ausencia de iniciativas y de medidas, no hay capacidad de arreglar– es una aventura demasiado riesgosa a la que nadie se quiere meter. La inversión está paralizada y más bien empresas que antes operaban en el país –aquí dejaron sucursales para lo básico– por condiciones más atractivas, se mudaron a los países vecinos. Menos entusiasmo habrá si ciertos sectores oficiales ven a los empresarios como enemigos, no como socios en el desarrollo nacional. La óptica debiese ser que crezcan –no que se extingan– si esperan aumentar los ingresos fiscales. Así que –empezando por que la relación del comercio internacional con la región es deficitaria– el endeble esfuerzo productivo nacional no abastece la demanda de consumidores. Más de la mitad del consumo se suple del exterior. La cara gasolina y el crudo que se ocupa para mover el país y alumbrarlo, todo se compra afuera. Aquí ni siquiera se produce el alimento necesario para abastecer el mercado. ¿Y cómo? Si los arcaicos sistemas de siembra –sin el adecuado financiamiento y carentes de tecnología– dependen del capricho de San Isidro Labrador. El cambio climático –desde que se enteraron que los hábitos consumistas y despilfarradores de los habitantes de este mundo destruyen la naturaleza sin piedad– es soberano dolor de cabeza. Ya es motivo de alarma mundial.

Pero igual, muy poco se hace al respecto para detener este ruinoso proceso irreversible. El temperamental cambio climático, internamente, hace estragos en el campo. O no llueve del todo o llueve demasiado. En las ciudades los capitalinos que sufren ya años los groseros racionamientos de agua, son víctimas del clima, pero también de la desidia de las distintas autoridades municipales incapaces de construir otra represa. Mucha de la materia prima para la elaboración de artículos nacionales, es importada. La invasión de los rusos a Ucrania ha empeorado la calamidad. Lo que ya estaba destartalado –las monedas, las economías, las bolsas de valores– más se ha desvencijado. Advertimos –unas semanas atrás– sobre el alza inmoderada de los precios de las materias primas traídas del exterior vitales a la operación de empresas nacionales. Y del desabastecimiento, ya que los suplidores internacionales entregan a cuentagotas, bajo exigencia de pago por adelantado. ¿Hay alguna discusión sobre posibilidades de enfrentar estas dificultades? Se intuye lo anterior a la luz –o el término pertinente sería más bien “a la oscuridad”– del pobre debate nacional dedicado a cuestiones atinentes a la cruda realidad. El auditorio pasa hipnotizado en superficialidades de su adicción o absorto en las trivialidades que le alimentan las élites políticas. Solo hace falta que uno de estos días salgan aquí también con que todos esos males que se padecen nada tienen que ver con el pésimo comportamiento colectivo sino que es culpa de la Constitución. (A veces uno se pregunta ¿por qué seremos así? –el Sisimite citando a El Quijote– “es que cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces”).

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