Masacres y seguridad ciudadana

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/ 25 de julio de 2022
/ 12:03 am
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Masacres y seguridad ciudadana

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Por: Marcio Enrique Sierra Mejia

Las masacres son el indicador de una profunda crisis en el sistema de poder y denotan un contexto de desgobierno que hace probable la aparición de este tipo de violencia. El hecho de imponer reestructuraciones de identidad fuertes sobre una base ciudadana mayoritaria, inclinada políticamente hacia posturas opuestas al socialismo, y la intensa acción deslegitimadora del poder del Estado neoliberal, está causando una situación abierta al desarrollo de una violencia social intensa generadora de masacres.

Las cifras manejadas por el Comité para la Defensa de los Derecho Humanos (CODEH) establecen que, en lo que va de 2022, ya se registran 30 masacres que han dejado 111 personas muertas (Noticiero Hoy Mismo, 14 julio 2022). Este fenómeno, está asociado a una multiplicidad de factores de riesgo que implican tremendos desafíos para poder enfrentarlos por las nuevas autoridades de la policía nacional, y desde luego, están induciendo un miedo generalizado en la sociedad y desilusión en la ciudadanía.

Las masacres “tienen una cierta racionalidad” (J. Semelin, 2002), no obstante, la aparente insensatez del hecho. Por ello, la investigación del tal fenómeno comienza con preguntas tales como: ¿Quién la perpetró? ¿A quiénes mataron? ¿Quién puede dar testimonio de lo que ocurrió?

Mark Levene define que hay masacre, “cuando un grupo de animales o de personas, sin defensa, al menos en ese momento, son matados, las más de las veces por otro grupo que cuenta con los medios físicos y el poder que le permiten emprender la matanza sin peligro físico para sí mismo” (Levene y Roberts (eds) The Masacre in History, p.5). Cundo hay una masacre una característica es la asimetría total en la relación de fuerzas físicas. Se realiza en un lugar preciso y en un tiempo limitado (J. Semelin, 2002).

En el caso hondureño, las masacres aumentan precisamente al producirse el cambio en el enfoque de manejo de la estrategia de seguridad ciudadana. Y en seis meses, este nuevo enfoque no demuestra la efectividad alcanzada, que cuando primaba la coordinación de fuerzas entre la policía nacional y la policía militar. Dicha decisión política debilitó la capacidad del gobierno para hacerle frente a la violencia social en sus variadas dimensiones y, menos aún, la del tipo masacres.

El uso de los fondos de la tasa de seguridad, contribuyó a lograr bajar la inseguridad y, además, abrió un sentido de participación de los sectores empresariales y la ciudadanía en general, al aportar contribuciones monetarias por la vía de un impuesto especial, que fue decisivo para ejecutar una estrategia que bajó los niveles de violencia y subió el nivel de seguridad ciudadana. Obviamente, demostró que el tema de la seguridad ciudadana corresponde abordarla con el apoyo de todos, y esa tasa de seguridad, es la acción estratégica que coadyuvó sustancialmente a reducir la violencia en general.

Desde mi ángulo de análisis sociológico, las masacres son una cuestión factual en la que importa el hecho más que lo teórico o imaginario, y que tiene que ver, con la ausencia real de acciones de seguridad ciudadana que hagan reducir los conflictos de convivencia e inseguridad ciudadana.

El gobierno socialista, al eliminar procesos sociales que relativamente hacen posible mantener un orden social estable y relativamente pacífico (acciones compartidas integradas de convivencia y seguridad ciudadana), reduce la efectividad de la política en seguridad ciudadana. La realidad, es que las masacres que están ocurriendo reflejan que la política de seguridad ciudadana necesita replantearse y fortalecerla, con tecnología inteligente para investigar y descubrir sus orígenes, bajo un esquema coordinado de acciones operativas.

Se observa que, si bien la policía nacional ha intensificado los operativos para enfrentar a los narcotraficantes, también aumenta la violencia por parte de las bandas mareras en todo el país sin control. Igualmente, existe una intensa ola criminal en nichos territoriales, precisamente en donde más casos de cultivos ilegales se descubren. Se está enfrentando un problema estructural (narcotráfico), sin tener soluciones alternas, para estabilizar el desarrollo de los “territorios nicho” en donde existen sustanciales relaciones de narcotraficantes, vinculada con el cultivo y el tráfico de los mismos. En consecuencia, se necesita ejecutar acciones estratégicas combinadas en las ciudades más importantes del país y en “territorios nichos” del narcotráfico, superando el abordaje unilateral.

Eso de instalar mesas de seguridad ciudadana “chismosas”, como muy bien lo expreso alguien, con el beneplácito de la Secretaria de Seguridad, se van a convertir en instrumentos para promover la polarización política, y a la policía comunitaria, le será muy difícil lograr reducir efectivamente la violencia.

El enfoque de desarrollo de la convivencia y la seguridad ciudadana, ofrece más ventajas para humanizar el desarrollo de la seguridad en las comunidades locales, porque es integral y busca establecer factores de protección, que permiten aventajar a la politiquería que ahora está induciendo el gobierno socialista.

mesm1952@yahoo.es

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