Mensajes desde Washington

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/ 26 de julio de 2022
/ 12:23 am
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Mensajes desde Washington

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Juan Ramón Martínez

Es obvio que la Lista Engels, en su última edición contiene un mensaje dirigido al actual gobierno de Xiomara Castro. Es un mensaje institucional de los Estados Unidos, hacia Honduras. En consecuencia, hay que analizarlo con calma, sin berrinches: y menos, sin infantiles pretensiones para usarlo por parte de algunos de los señalados, para hacerse figuras populares y mediáticas, levantando al aire político la condición de víctimas. Ni apresurarse innecesariamente a responder, porque ello muestra nerviosismo, formas de miedo larval; e incluso falta de profesionalismo. Los temas de esta lista, requieren una sindéresis particular que no siempre tiene que ver con el activismo callejero, tan de moda en estos momentos. El escándalo de algunos de los señalados y sus expresiones, en mi caso personal, me hubiera gustado escucharlo ante el Informe de Desarrollo Humano del PNUD, donde devela la responsabilidad de las clases políticas – de todos los partidos—en el atraso de Honduras. Ante una cuestión básica y colectiva se callaron, criminalmente.

Es necesario repetir que la Lista Engel, obliga al departamento de Estado de Estados Unidos, a remitir periódicamente al Congreso un listado de implicados en actos de corrupción, tanto del sector público y privado de las tres naciones del norte de Centroamérica. Es un acto soberano de los Estados Unidos, absolutamente legítimo. El Congreso de Honduras, puede hacer lo mismo, publicando su propia lista. Es un derecho soberano. El problema es de peso de opinión pública, influencia y respeto que nos dispensarían, cuando tenemos una democracia hibrida, incipiente; e incluso amenazada por los gobernantes. De modo que, poniendo los pies en la tierra, usarla para mejorar o empeorar nuestras relaciones con los Estados Unidos, según el curso de acción que tengan establecidas los actuales gobernantes. Los discursos de los invitados extranjeros al 28 de junio y el entusiasmo de algunos grupos, dentro del partido gobernante, insinúan una deriva antidemocrática centralizadora que, no ha dejado de llamar la atención. Pero además en Libre, hay una facción moderada que tiene planes a largo plazo dentro del modelo democrático que, por ser menos nerviosa que la anterior, tiene poco peso en la opinión pública.

Los mensajes de Washington son importantes. O dicho con otras palabras las sutiles recomendaciones. El primero es muy simple: se ha terminado la luna de miel, poco aprovechada por el gobierno de Xiomara Castro, entre el gobierno de Honduras y el de Estados Unidos. Pesa mucho la no asistencia a la cumbre de Las Américas. Las negociaciones se harán cuestión por cuestión; y con obligaciones puntuales. La próxima visita de Mayorkas, es una indicación de lo que decimos.

El segundo mensaje, muy suave y poco visible, es la preocupación de Washington, por el respeto de la soberanía popular. Es obvio que el protagonismo de Manuel Zelaya, sus declaraciones amparadas en instrucciones de su esposa, hacen pensar a la mayoría de los hondureños y por supuesto a los analistas de Estados Unidos, que es el gobernante del país. Ello entraña una ofensa a la soberanía popular, porque el pueblo voto por Xiomara Castro y no por Manuel Zelaya. Por ello, los funcionarios estadounidenses, no se han reunido con Zelaya, –que no es gobernante–, sino que con la presidente de Honduras.

El otro mensaje, tiene que ver con la corrupción. El centro de la anticorrupción, es el respeto a la ley. La emisión de una ley de amnistía, ha resentido a todos. El eco de la protesta ha llegado al Potomac. Y más, cuando, se ha hecho para favorecer a los militantes de Libre. Las declaraciones de la embajadora Dogu, son claras. “No queremos a esas personas y sus dineros en nuestro país”. Lo que significaría: ¿reducción de apoyo económica la nueva Maccih?

Ante estos mensajes, hay dos conductas. Salir aullando como can escaldado; o como estadistas tranquilos y serenos, efectuar análisis, para identificar formas en que las relaciones con Estados Unidos, sean aprovechadas para fortalecer el estado de derecho, impulsar el despegue económico del país; y sacar de la pobreza, a la mayor parte del pueblo. Si los planes son los de sacrificar al pueblo, para figuraciones “revolucionarios” de líderes de Libre que quieren competir poniéndose al servicio de fuerza antidemocráticas, tienen que entender que el pueblo hondureño no es fácil de manejar. Y que opondrá resistencia. Ya hay protestas crecientes.

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