¿TIEMPO PERDIDO?

MA
/ 27 de julio de 2022
/ 12:25 am
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¿TIEMPO PERDIDO?

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DECÍAMOS en editorial anterior: Solo hace falta que uno de estos días salgan aquí también con que todos esos males que se padecen nada tienen que ver con el pésimo comportamiento colectivo, sino que es culpa de la Constitución. A veces uno se pregunta ¿por qué seremos así? –el Sisimite citando a El Quijote– “es que cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces”. El comentario de uno de los lectores: “Ahora, es decir, en estos tiempos es cuando deberíamos considerar aplicar aquellas sentencias admonitorias del Evangelio”. “Lo que somos tendrá más impacto en nuestros hijos que lo que tenemos”. “Muchos de los que llegaron a ser grandes hombres fueron los hijos de los padres pobres”. “Tenían que levantarse temprano a ordeñar 6 vacas antes de desayunar e irse a la escuela; posteriormente, no les fue difícil levantarse e ir a la facultad mientras los demás se quedaban dormidos”. “Por eso, mejor que dejar dinero y posesiones, es dejar carácter y autodisciplina, que tienen más valor”. “En lugar de andar con mucha gentileza en la calle deberíamos de aplicarla en nuestra casa para que nuestros hijos se alejen de las banalidades; que ahora se presentan en forma de “likes”, caritas tristes, alegres, enojadas y sorprendidas”. “¿Qué es eso? Tiempo perdido”.

El editorial respecto a la destrucción de la naturaleza que ahora se desquita azotando con los efectos devastadores del cambio climático; y la indiferencia al tema como si eso fuera algo ajeno que nada tiene que ver con nosotros, decíamos para concluir: ¿Cuántos bienes irremplazables se despilfarran y cuántos escasos recursos se malgastan? Si tan solo hubiese propósito de educar. Concientizar a la sociedad sobre esos pésimos hábitos de consumo. (“Nosotros mismos –advierte el Sisimite– somos nuestro peor enemigo”. “Nada puede destruir la humanidad, excepto la humanidad misma”). “El hombre es el lobo del hombre” –comenta un lector– “frase genial de Thomas Hobbes en su obra el Leviatán de 1651, donde advierte que el principal enemigo de la naturaleza es el hombre mismo; al día de hoy la frase sigue vigente”. Otro lector opina: “Por ser ciudadanos del mundo este editorial de hoy debe tocarnos la conciencia”. “Esa que no depende del nivel de educación o del estatus social, sino esa que desde el núcleo familiar nos enseñan nuestros padres, abuelos y nosotros así a nuestros hijos”. “He visto cómo en ciudades importantes de Honduras de las mejores camionetas del año salen brazos tirando la basura a la calle, he estado a veces con personas quienes, aun siendo doctores, máster o estudiados, tienen minusvalía cerebral y también hacen lo mismo”. “Las malas prácticas con el tiempo se vuelven defectos y estamos en una sociedad defectuosa donde toca empezar en la casa, en el hogar y en núcleo familiar sentarse a rehacer nuevos ciudadanos”.

La última de una doctora amiga que cierra con un afectuoso cumplido: “Sin el deseo de ofender a nadie, pienso que el problema del hondureño en general y con muy raras y pocas excepciones, es a lo interno”. “Son tierra árida, infértil, por lo que no importa lo que se haga, no hay, ni jamás habrá fruto”. “Y el mejor ejemplo es precisamente nuestro país, está lleno de este tipo de gente que no sabe a dónde dirigirse ni cuando hay que decidir hacer algo”. La división es tan extensa, que cada quien camina para su “supuesto norte” y no permite, por lo tanto, que el país se mueva; lo que no nos permite ni un milímetro de “el supuesto y tan esperado cambio”. “No veo la luz, no veo un norte, y menos un cambio para nuestro país, a quien los mismos hondureños le han robado más que en la época de la conquista”. “Dios nos guarde, y diré amén a esto”. “Saludos al Sisimite y a Winston”. “Cuídese señor, de todo y de todos”. “Los amigos y quienes le queremos de corazón, se lo pedimos”. “La gente buena como usted es siempre envidiada y atacada por quienes no saben cómo ser como es usted”. (“¡Oh, memoria, enemiga mortal de mi descanso!” –el Sisimite cita otra vez a El Quijote– “La virtud más es perseguida de los malos que amada de los buenos”. “La ingratitud es hija de la soberbia”. “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura”).

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