¿Posturas antihistóricas?

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/ 28 de julio de 2022
/ 12:04 am
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¿Posturas antihistóricas?

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Por: Segisfredo Infante

Cuando éramos adolescentes escuchábamos con frecuencia que tales o cuales actitudes eran “antihistóricas”. Suponíamos que aquellos que utilizaban tal expresión crítica se referían a otras personas que llevaban la contraria a los acontecimientos históricos más novedosos. O, en el mejor de los casos, que intentaban negar ciertos acontecimientos en la forma en que se habían escenificado. La verdad, sea dicha con honradez y precaución, es que tanto los que criticaban como los que recibían las críticas o censuras, poco o nada sabían de la “ciencia histórica”.

Jean Chesneaux, un historiador francés de tendencia marxista en el siglo veinte, en un libro del cual apenas recuerdo su contenido lanzó la pregunta: “¿Hacemos tabula rasa del pasado?”. Digo “apenas” porque en estos últimos dos años, en ausencia de mi biblioteca ordenada, he estado propenso a confundir nombres de autores de diversas disciplinas y títulos de libros, incluyendo a escritores de textos económicos. Sin embargo, trato de autocorregirme sobre la marcha. La pregunta politológica, al margen de la respuesta que le haya dado Chesneaux, sigue siendo válida, si consideramos que la frase “tabula rasa”, desde una faceta aristotélica, significaba tabla vacía, a fin de contrarrestar las ideas innatas y eternas del magnífico Platón, y que ahora se fortalecerían con la información genética. Pero también significa, en un contexto medieval específico, una mala tirada de dados. Por otra parte, creo que John Locke, haciendo gala de un empirismo arrollador, sugería que siempre debiéramos comenzar “desde cero”.

Con el paso de los años y las décadas he reflexionado varias veces en torno a cómo hubiéramos reaccionado nosotros (mi generación) si hubiéramos vivido, o coexistido, en la Europa del auge novedoso y avasallante de los totalitarismos, especialmente frente al fascismo de Benito Mussolini y la retórica emotiva del nazismo de Adolf Hitler y sus secuaces. Aquel fenómeno político inhumano era lo más novedoso de la “Historia” de todos los tiempos. Apegarse a los discursos de aquellos dos personajes era, en cierto modo, como sumergirse en la corriente de la historia “correcta”. Lo contrario era asumir posturas burguesas liberales antihistóricas. Ello porque Hitler pretendía proyectar un pizarrón vacío en las mentes de las juventudes alemanas y europeas, partiendo de “cero”; o tergiversar completamente la “Historia” occidental. (Por su lado V.I. Lenin se oponía a que sus camaradas “comunistas” partieran de “cero”, en materia cultural).

Lo he dicho en varios artículos en el curso de las décadas: La “Historia” nunca deben escribirla ni los vencedores ni tampoco los vencidos. La deben investigar y escribir los historiadores científicos imparciales. Nada supiéramos de las raíces de las primeras civilizaciones humanas en ausencia del trabajo minucioso de los historiadores y de los arqueólogos que a veces investigan unos junto a otros. Ambas ciencias, es decir, tanto la “Historia” como la “Arqueología”, de cuando en cuando deben ser iluminadas por el faro o la antorcha de la gran “Filosofía” especulativa y autocrítica.

Los estudios filosóficos de Guillermo Hegel que compartía con sus alumnos, incluían el conocimiento de los grandes pensadores de todos los tiempos. Es más, el gran Hegel trataba de nunca ridiculizar los aportes de los filósofos antiguos. Él sostenía, por el contrario, que toda la historia de la filosofía era una especie de concatenación lógica de los aportes de los diferentes filósofos que habían desplegado sus ideas según las posibilidades y limitaciones de cada época histórica. Al final todo desembocaba en la modernidad racionalista, incluyendo la que representaba Hegel. Aquí conviene destacar que Karl Marx y Friedrich Engels manifestaban un enorme respeto hacia Aristóteles y otros pensadores e ideólogos anteriores a ellos. También se deleitaban con la obra dramática de William Shakespeare, y me parece que anexaban en sus predilecciones los textos narrativos y teatrales de Wolfgang von Goethe. Nunca se les ocurrió partir de “cero”; ni jamás pretendieron soterrar todo el pasado histórico. Frente a los avances de la industria capitalista, la cual aplaudían hasta cierto punto los dos revolucionarios mencionados, el mismo Marx recordaba los tiempos “idílicos” de la “Edad Media”.

La historia criollo-mestiza de Honduras y de América Central exhibe y esconde, en sucesos alternos, momentos brillantes y épocas adversas. La minería colonial hondureña, por ejemplo, que fue la más importante del “Reyno de Guatemala”, experimentó épocas de auge indiscutible y también de hundimiento. Posteriormente la ganadería y la exportación de cueros y de carne salada, exhibieron su mejor momento en la segunda mitad del siglo diecinueve. Incluso en la época de anarquía que se extiende entre la muerte de Morazán y la reforma liberal romántico-utilitarista, crecieron y se desarrollaron personajes políticos e intelectuales importantes como Juan Lindo, Trinidad Cabañas, Santos Guardiola, Álvaro Contreras, Antonio R. Vallejo y Ramón Rosa. Esto sólo para comenzar a sopesar las cosas con una balanza más o menos ecuánime.

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