130 años de magistrados políticos bipartidarios

ZV
/ 29 de julio de 2022
/ 12:05 am
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130 años de magistrados políticos bipartidarios
¿Vuelven los oscuros malandrines del 80?

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Por: Oscar Armando Valladares

En las ondas giratorias del remolino que sin duda avanza, nuevamente se conjugan -como en 2009- fuerzas de la reacción doméstica con la injerencia de afuera, pues visto está que para tales elementos -cómplices por siempre de la dependencia y el subdesarrollo- apuestan por regímenes de corte represivo, sean estos militares o civiles.

Que active en el ruedo político un partido medianamente diferente en su textura doctrinaria, que en incómoda asociación pudo al fin vencer el fraude e instalar por vez primera en la Presidencia a una mujer -de valiente trayectoria-, hace que el remolino avance con rudeza, antes de que otros aires, artificiosamente echados al vuelo y mediáticamente propalados, expandan el fantasma del marxismo-leninismo. Inclusive, disidentes -que hasta hace poco interpretaban papeles casualmente progresistas- prestan sus resentimientos al furor empecinado – ¿en qué? – en desplomar el “estado de derecho” y restituir las riendas a los mercaderes de la droga y de la patria, adeptos de los cuales siguen vivitos y coleando en estrados y curules.

Con miembros de otras bancadas, arremeten estos últimos contra cualquier iniciativa del gobierno -por de más problematizado en el campo económico-, con el fin de darle al traste y revertir las reformas efectuadas. Quien esculque en la historia nativa, hallará que del mandato de Luis Bográn al de Juan Orlando Hernández han circulado mandatarios, diputados, alcaldes y magistrados del bipartido, en un lapso cifrado en 130 años de vida republicana.

En ese espeso de venir -con excepción de una tríada justicia, independencia y democracia- ha habido injerencias, concesiones y préstamos torcidos, asonadas intestinas, destierros y encierros, madrugones y golpes de barraca, constituyentes y constituciones, breves cuotas de paz, corrupción, agarres en los tres poderes…

Sobre las disputas de orden político, vienen al caso lo acontecido en los regímenes de Suazo Córdova, Rafael Callejas, Simón Azcona y en el segundo período de Juan Orlando. Empecinado en conflictuar, Suazo entró en desacuerdos con el Congreso -encabezado por su correligionario Efraín Bú Girón. La crisis subió de tono cuando este poder del Estado destituyó -en marzo de 1985- a cinco magistrados “por violación de preceptos constitucionales”, entre ellos, al presidente de la Corte, Carlos Manuel Arita, sustituidos por igual numero de profesionales del Derecho, con Ramón Valladares Soto de titular, y quien acusado de traición a la patria estuvo en prisión durante 55 días. Al final, prodújose la renuncia del quinteto referido.

En virtud de un pacto concertado -aunque contradicho por algunos-, Carlos Montoya y Callejas tranzaron una Corte integrada por cinco magistrados nacionalistas -con Salomón Jiménez Castro de presidente- y cuatro magistrados de la línea azconista, a principios de 1986. Luego, en la administración callejista, Oswaldo Ramos Soto, siendo diputado, pasó a presidir el poder judicial, en enero de 1990. Un año después acaeció su separación, mediante el expediente de cancelación del “permiso otorgado como diputado”, cancelación que, conforme al decreto congresal se verificaba “por infracciones manifiestas a la Constitución de la República especificadas por la comisión nombrada al efecto”. (Diario Tiempo, 11/9/1991).

El 12 de diciembre de 2012, la asamblea de los padres de la patria quitó a los magistrados de la Sala Constitucional, colocando en su lugar a personeros afines a JOH, el cual al año siguiente ascendió a la presidencia del país, después de ocupar la titularidad del legislativo. Estando por expirar su mandato y a tenor del lema “vamos por más cambios”, en sentencia del 22 de abril de 2015 la Corte politizada le franqueó la sinuosa vereda de la reelección, consumada en 2017.

Ahora que el bipartidismo, con sus lados oscuros, carece del monopolio exclusivo de elegir, corea con moralistas, empurpurados y medios interesados: “A escoger una Corte apolítica, independiente e impecable”, invocando el cacareado argumento del balance de pesos y contrapesos, con que se busca pedir e impedir que LIBRE no tenga acceso decisorio en el estamento judicial venidero, que el gobierno no pueda cumplir sus promesas de campaña y pervivan incólumes los 130 años de justicia sectaria, ladeada sin contrapesos a la élite patronal interior y forastera. Por ello y por temor a las querellas sobradamente merecidas, la malvivencia socavadora vuelva otra vez a vociferar.

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