Contracorriente: Politización de la justicia

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/ 29 de julio de 2022
/ 12:03 am
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Contracorriente: Politización de la justicia

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Por: Juan Ramón Martínez

Aunque la mayoría de los políticos, dicen del diente al labio, que lucharan por la independencia judicial, para que los jueces sin presiones de ninguna manera apliquen justicia a todos por igual, en la práctica – una vez en el poder—hacen lo contrario. Por ello, el que Libre haga lo que el Partido Liberal, el Partido Nacional han hecho en el pasado en la escogencia de la Corte Supremo de Justicia, no es lo importante. El problema es que prometieron que cambiarían las cosas. Y que, rechazarían las prácticas corruptas del gobierno anterior que no cabe dudas, no solo impuso a la Corte, mediante una distribución de los magistrados con sus colegas liberales, sino que, además, le dio a la Corte Suprema de Justicia, un “golpe suave” a la misma, cuando destituyo a la Sala de la Constitucional, que no se mostraba anuente a permitir la reelección. Pero no lo están haciendo. Más bien, las expresiones de algunos diputados, que no tienen respeto por la ley; ni por la soberanía popular, en vez de hablar como líderes políticos, dicen que garantizaran los derechos de sus correligionarios para integrar la Corte Suprema de Justicia, sin distinguir, idoneidad, moralidad e independencia. Cualquiera, con tal que sea, de su partido.

El problema de la independencia de los magistrados y jueces, no solo es de Honduras. Ocurre en casi todo el mundo democrático. La diferencia es que la discusión sobre el tema, entre nosotros, tiene una naturaleza silvestre, ordinaria e incivilizada. En Estados Unidos, los magistrados están alineados en liberales y conservadores, según hayan sido nombrados por los demócratas o los republicanos. La decisión sobre el aborto, por más que se quiere indicar lo contrario, tiene una enorme carga política. La diferencia con todo, es que el Poder Ejecutivo es comparativamente débil frente al Congreso; y este carece de facultades para destituir un magistrado de la Suprema Corte. En España, los magistrados son elegidos por el gobierno de turno, en arreglos con los partidos de oposición; pero dentro de los jueces que hacen parte de la carrera judicial. Los problemas son tales, que la integración del Consejo General del Poder Judicial, no ha podido completarse, al extremo que la UE, le ha llamado la atención a España por esta inconsistencia, pese a que este país, tiene una calificación superior a Italia, Polonia, Hungría y otras naciones. Con todo, en Europa, en general, hay mucho más respeto por los jueces que entre nosotros. En una oportunidad en que coincidimos en un acto académico en la Universidad de Salamanca con el Magistrado Carlos Lesmes, nos dijo que “la función del poder judicial es, consolidar el estado derecho”.

La práctica es complicada. La magistrada española Natalia Vallilla, en artículo publicado en “El País”, dice: “No es fácil establecer los límites del papel constitucional que los jueces deben asumir en el control de los excesos de los otros poderes públicos, ya que el propio ordenamiento jurídico permite el uso homeopático de la ley, para destruir la separación de poderes”. Y mucho más aquí, porque el Congreso se reserva la condición superior de destituir a los magistrados, cuando así lo necesite el Ejecutivo, con lo que crea una suerte de amenaza que, obliga al magistrado a mantenerse en la línea del partido que controla al llamado primer poder del estado. Durante el gobierno de Callejas, el Congreso destituyo a Oswaldo Ramos de la Presidencia de la Corte y, no pasó nada, porque el Derecho no ha podido superar su carácter instrumental en manos de los políticos.

Impedir que el Congreso amenace con el látigo del despido a los magistrados, debe ser en nuestro caso, la primera medida para darle seguridad e independencia a los titulares de las Cortes y los Juzgados. O que el Congreso no renueve, sino en forma parcial, la Corte Suprema. Para finalizar, debemos volver a Natalia Vallilla, cuando dice que “Quizá, también haya que asumir que la grandeza de la democracia estriba en ser el único sistema político que se autodestruye con sus propios mecanismos legales. Pero no podemos olvidar que la alternativa siempre será peor”. Porque los “golpes por goteo” según Valeria Veigh Veis, profesora de la Universidad de Buenos Aires, de un poder del estado en contra del otro, no apuntan a la consolidación del sistema democrático.

ed18conejo@yahoo.com

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