“RESSENTIMENT”

ZV
/ 30 de julio de 2022
/ 12:33 am
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“RESSENTIMENT”

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EL cierre del editorial que, en destellos resume los libros de Peterson, obsequio de Carlitos: Siempre habrá dificultades, pero si no se pierde el don de ser agradecido por lo recibido, incluso en momentos de angustia, la vida resultará siendo más llevadera. “Confía en el tiempo –el Sisimite como que ha estado releyendo El Quijote– que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”. Aunque Winston tiene su cita preferida: “Huyo de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil. ¿Es eso de tonto y mentecato?”. Ahora, una perla de una lectora: “Dos caminos había en el bosque, yo elegí el menos transitado y eso hizo que todo fuera diferente”. (Robert Frost). Otro lector comenta: “El tal Winston parece que tiene 100 años, tan joven y chiquito ya sabe que la gloria sin sufrir no es gloria”. Tomamos, de “Más Allá del Orden” –en el que examina los peligros del exceso de orden y ofrece 12 reglas adicionales en busca de encontrar el equilibrio adecuado– luces de uno de los capítulos.

“Tenga cuidado con todas las ideologías –la regla número 6–especialmente con las que tienen respuestas simples”. Explica el autor que hubo un tema, en sus conferencias –sobre filosofía, psicoanálisis y los mensajes enquistados en las culturas populares– que mayormente cautivó a los auditorios. No llegaba a asimilar del todo por qué lo que hablaba sobre la “responsabilidad personal” resultaba tan fascinante a los jóvenes. Después de entrevistarse y de conocer a muchos de los asistentes pudo dar con una explicación. La percepción de muchos –por lo que escuchaban y se repetía– era que fuerzas externas son las causantes de todos sus problemas. Nada atribuible a la propia responsabilidad sino culpa de cualquier otra cosa o de los demás. Una vez que lograban desatarse de la influencia que sobre ellos ejercía determinada ideología, descubrían la virtud de abrir sus mentes empoderados de un sentimiento de libertad. Un poco de historia. El filósofo Friedrich Nietzsche –allá a finales del siglo XIX– declaró “Dios ha muerto”. Queriendo dar a entender que “el surgimiento del modernismo y la ilustración había erosionado los valores judeocristianos considerados piedra angular de la civilización occidental”. Ya sin esos valores tradicionales como guía de la sociedad Nietzsche previó que “el vacío sería llenado por un nuevo sistema de valores y nuevas ideologías”. No se equivocaba. El siguiente siglo vio el surgimiento de esas nuevas ideologías. Trágicamente muchas de ellas destructivas. Depredaban en “vagas abstracciones para explicar un mundo complejo”, en abreviatura, “ofreciendo soluciones demasiado simples, a veces violentas, a los problemas”. El nazismo –en simbiosis con el fascismo– bajo el predicado de una raza superior y la estigmatización racial resultó ser una ideología salvaje que llevó al mundo a la Segunda Guerra Mundial.

Con otras denominaciones –prácticas populistas u autoritarias– pero bajo supuestos parecidos, se propagan hoy en día otras ideologías. Lo que en la superficie podría parecer bien intencionado –bajo el eufemismo de eliminar injusticias, acabar con el mercado salvaje, arreglar desequilibrios económicos, políticos y sociales y de paso, salvar de todos esos males a la humanidad– sufren del mismo espejismo. Simplificar demasiado el mundo y atribuir el problema a supuestos villanos. La dogmática fe a estas ideologías crea en las sociedades “ressentiment” (del francés) que la psicología asocia a una forma hostil de resentimiento. “El resentimiento –explica el autor– es peligroso porque impide que las personas se conviertan en las mejores versiones de sí mismas”. “Por un lado, fomenta la ira contra cualquiera que parezca tener éxito”. “Tiñe sus logros como ilegítimos, o peor aún, como oprimiendo el éxito de otros”. “Esto crea una mentalidad de víctima en la persona resentida”. “Se ahogan en su amargura en lugar de trabajar en la superación personal”. “Suele producir sentimientos momentáneos vigorizantes, pero –desengañados por la realidad– con el tiempo no conducen ni remotamente a una vida satisfactoria”. El “ressentiment” es una reasignación del dolor acompañado de un complejo de inferioridad. El mecanismo de defensa consiste en buscar un chivo expiatorio externo al que culpar por el fracaso propio. “El ego crea la ilusión de un enemigo, una causa a la que puede trasladar la “culpa” de su propia frustración. Por lo tanto, uno no se siente frustrado por un fracaso de uno mismo, sino por un “mal” externo”. (Max Scheler dedicó una monografía al estudio del resentimiento hostil. “Ama a todos –el Sisimite cita una de sus frases– en la medida en que son portadores de valores… y a los malos incluso en medida especial”).

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