Deporte Extremo

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/ 1 de agosto de 2022
/ 12:01 am
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Deporte Extremo

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Por: Carlos Medrano*

No se trata del rafting, o sea descender ríos con aguas a borde de una lancha neumática o una balsa, no se trata de escalar paredes de roca con las manos y sin un lazo que los proteja, mucho menos se trata de tirarse en paracaídas haciendo piruetas en el aire.

Hoy escribo del deporte extremo de ser empresario en Honduras, una arriesgada actividad que puede dejarlo literalmente “en la calle” con el pago cada vez más crecientes de los impuestos, corrupción, inseguridad jurídica, inestabilidad política, entre otras vicisitudes.

Los empresarios hondureños, salvo algunas excepciones, han tenido que aguantar nuevos impuestos o el incremento de los ya numerosos tributos que un trasnochado funcionario necesita imponiendo más dinero para sus caprichos y su populismo.

Esta enorme cantidad de impuestos, como, por ejemplo, la Tasa de Seguridad, encarecen doblemente a los negocios en Honduras, pues muchas de las empresas deben pagar seguridad privada para ellos y sus emprendimientos, ante la escasez o inexistencia de un sistema de seguridad que permita preservar la vida de las personas.

Se paga Seguridad Social por un sistema perverso que no brinda los más elementales servicios de atenciones médicas, emergencias y medicamentos, de modo que los empresarios deben pagar seguros privados para sus empleados… nuevamente doble pago por un servicio que el Estado debería proporcionar.

Se paga para mantener a un montón de parásitos en el Instituto Hondureño de Formación Profesional, cuyo sindicato no tarda en quebrar a esa institución ya que todo el dinero que le ingresa en su mayoría sirve para el pago de salarios de una burocracia improductiva que brinda escasa capacitación en actividades como la mecánica, soldadura y electrónica. Nuevamente doble pago pues los empresarios deberán pagar un proceso educativo que actualice y capacite a sus empleados porque el INFOP no funciona.

Se paga por servicios básicos ineficientes, licencias ambientales (si el negocio se realiza en el interior del país), licencias y registros tributarios, permisos de importación y exportación, Activo Neto, permisos de operación, Impuestos sobre la Renta, Impuestos Sobre Ventas y se gravan utilidades ganes o no ganes en sus operaciones anuales.

También se paga en Aportaciones Solidarias, se sufragan impuestos por ingresos por honorarios profesionales, dietas, comisiones, gratificaciones, bonificaciones y remuneraciones por servicios profesionales y se erogan por los ingresos de los empleados y personas naturales.

A los empresarios se les carga como contribución patronal para el Régimen de Aportaciones Privadas, RAP así como para el IHSS, impuestos municipales por nivel de ingreso, así como el Impuesto de Bienes Inmuebles que recae sobre el valor del patrimonio inmobiliario ubicado en el término municipal.

En fin, este rosario de cargas tributarias que muchas de ellas nos sacan de competitividad mundial y regional forma parte de una gran suma de problemas para emprender en Honduras.

La inseguridad jurídica al tener una Corte Suprema de Justicia y Fiscalía politizada, carreteras en mal estado, hostilidad gubernamental, puertos engorrosos y caros, impuesto de guerra de la delincuencia organizada y gubernamental, forman parte de una crisis que nos esta hundiendo poco a poco.

El país reclama atracción de inversión para generar más empleos, pero nadie viene a Honduras con todo este esquema tributario, inseguridad, inestabilidad política y legalidad en entredicho. Tiene la palabra la clase política en Honduras.

*Periodista
Carlosmedrano1@yahoo.com

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