EL PLATO PEQUEÑO

MA
/ 2 de agosto de 2022
/ 12:25 am
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EL PLATO PEQUEÑO

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YA que, por lo visto –bombardeado de trivialidades– al auditorio lo tienen hasta el compete de superficialidades políticas, en los últimos días este espacio de opinión lo hemos dedicado a material más valioso. A juzgar por la respuesta de los lectores, la variedad parece ser de mayor interés. Así que proseguimos con el resumen, en destellos, de otra regla para la vida del libro obsequio de Carlitos: “No escondas en la bruma las cosas indeseables que te perturben. Ni te abrumes con pequeñeces si se pueden solucionar”. El relato de “un señor de carácter afable y tranquilo”. “Incluso en las adversidades más crueles –la muerte de un ser querido, problemas médicos– nunca se quejó”. “Todos los días para el almuerzo, durante 20 años, se comía feliz un sándwich que su esposa le servía en un pequeño plato de porcelana”. De repente escucharon un sonoro golpe del puño en la mesa y un quejido: “Odio comer en estos platos pequeños”. “El inusual exabrupto, si bien cómico, les pareció extraño”. “Sin embargo, era la repetición de una pequeña incomodidad que, con el tiempo, pasó a ser una irritación sin control; inevitablemente convertida en un problema mayor”.

“No ocultes pequeñas turbaciones –o dolencias que parecerían ser insignificantes– que te fastidien, si se pueden solucionar”. “La vida estará repleta de esas pequeñas irritaciones, injusticias o inconvenientes. Se toma como virtud la capacidad de dejar a un lado lo insustancial”. “Sin embargo, una pequeña molestia recurrente, una y otra vez, va acumulándose hasta que acaba siendo un grave problema”. “Es mejor entonces, enfrentar esos pequeños problemas desde el inicio antes que crezcan, aunque ello sea objeto de un conflicto temporal”. “Esos sentimientos negativos que se van presentando, por lo general, quedan inadvertidos, bajo el supuesto que es mejor ignorar emociones incómodas”. “Y suelen ser soslayados, en vez de examinarlos e intentar cambiar el comportamiento o las circunstancias”. “Hasta que eventualmente emergen y estallan, ya convertidos en un incontrolable trastorno”. “En lugar de esperar un arrebato inevitable, intente ser proactivo”. “Preste mucha atención a sus emociones identificando qué problemas o circunstancias causan que se sienta mal y busque lidiar con estas a medida que surjan”. “Una pequeña discusión o pelea de momento puede ser inoportuno, pero quizás evite el caos en el futuro”. Ahora comentarios a los editoriales anteriores. De una gran amiga: “Hay ciertas experiencias de la vida –algunas borrascosas– que nos cambian”. “Sabiamente Murakami lo decía: cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella”. “Buena falta hace recordar que carbón somos y ante retos enormes, si escuchamos la sabiduría a nuestro lado y trabajamos con constancia, podemos transformarnos en lo que quizá otros vieron en nosotros, mucho antes que nosotros mismos”.

Otro lector opina: “Estos artículos suyos contribuyen sobremanera a decidir el lugar donde uno escoge estar parado”. “Ese lugar nos pasa factura si decidimos pasar de graderías a la cancha y actuar para transformarnos de carbón a diamantes”. Otro lector: “Gracias por estas enseñanzas; me reconfortan cada mañana y me obligan a la reflexión diaria, y esas citas de autores hasta ahora desconocidos para mí; como descubrir que el Sisimite no es un ser montaraz y solitario, sino que filosofa con Winston”. Otra lectora: Inicié la lectura “¿De un pedazo de carbón?”. “Solo después de haber escuchado el evangelio del día”. “Apenas en el primer párrafo decidí levantarme para leerlo sola, acompañada de una taza de café para poder disfrutarlo, internalizarlo y reflexionar sobre lo escrito”. “De pronto porque así nos hemos sentido todos alguna vez, o tal vez porque lo estaba necesitando”. “El hecho es, que resulta difícil que el texto no incida, que no nos anime a levantarnos, a por lo menos razonar sobre la importancia de sofocar nuestros miedos y actuar”. Otro lector: Profundo mensaje del término “ressentiment”. “Cuánto cuesta vivir la humildad –afirma la sabiduría popular– porque muere la persona, pero su soberbia muere 24 horas después”. Otra amiga: “Yo me uno a su lector cuando dice que, así como toma su taza de café espera leer su editorial, si no se desconcentra”. “La verdad es que a mí ya se me volvió adicción leerlo, así como los zombis no pueden vivir sin las redes sociales”. “Los disfruto y aprendo mucho de su lectura”. Un amigo: “Con sus últimos editoriales he quedado nadando en lo profundo, buscando paz y tranquilidad para reordenar conceptos, antes de salir a la superficie y afrontar la vida y proyectos”. (Mandan a decir el Sisimite y Winston “que ninguno de ellos “rompe un plato”, y que en la lectura a veces comen del mismo plato”).

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