“PARA LLEGAR, DEBES SABER DÓNDE HAS ESTADO”

MA
/ 4 de agosto de 2022
/ 12:25 am
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“PARA LLEGAR, DEBES SABER DÓNDE HAS ESTADO”

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TIEMPOS traumáticos. Más que bálsamo para los graves apuros que atraviesa la sociedad, es terapia lo que se ocupa. Así que de momento regresamos a la filosofía, al psicoanálisis, a las reglas para la vida –consejos de entendidos en libros que hemos venido abordando– y a la interacción con los lectores. Iniciamos con el cumplido de uno de ellos: “Hola, debería de cobrar por el envío de los editoriales”. “Clase de mensaje”. Muy amable. Solo que algunos ni con el bocado en la boca lo mastican. La mayor desgracia que nos pasa –incitada por el mal uso de la tecnología– es que ha hecho de esta generación un puñado de zombis –niños, jóvenes y adultos– robotizados en su adicción. Ello ha estimulado un cómodo placer por la superficialidad y un insaciable afán de entretenimiento en lo superfluo. Entre los desechos del valor pulverizado figura la pérdida del buen hábito de la lectura. La pasión nacía en el hogar, cuando los padres, en convivencia amorosa con sus hijos, se tomaban el tiempo necesario de platicar con ellos. De libros infantiles, le leían historias y cuentos antes de conciliar el sueño. En los pueblos, a falta de material impreso, el rito era la historia contada de memoria; riqueza de la tradición oral.

Ese ritual arrullador de todos los días, si bien alimentaba la mente de conocimiento, abría el apetito al deseo de explorar los infinitos espacios del saber; de conocer y de aprender. Hoy día, esas valiosas costumbres son herrumbrosas reliquias del pasado. Otra es la moda. La manera de evitar el fastidio de lidiar con ellos, es dejarlos solos, distraídos en el hipnótico alucinógeno de sus aparatos digitales. (Qué lástima). Ahora, concluida la divagación, entramos en materia: “Investiga y examina cualquier recuerdo que te cause malestar”. Otra regla para la vida de los libros obsequio de Carlitos. “Es pasada la medianoche y estás tirado en la cama”. “Sin embargo, no estás profundamente dormido”. “Das vueltas de un lado a otro, mientras tu mente despliega un surtido de preocupaciones o recuerdos dolorosos”. “Se te vienen a la cabeza, quizás, momentos en que has mentido, has hecho trampa o, por temor, has actuado en forma maliciosa”. “O tal vez ocasiones en que has herido a alguien o te has sentido lastimado, traicionado, decepcionado o socialmente dejado de lado”. “Estas reminiscencias nocturnas son familiares”. “Parecería como que tu cerebro te estuviese torturando”. “Sin embargo, no es el caso”. “Hemos evolucionado para retener memorias por una razón muy útil”. “Nos ayudan a evitar volver a cometer los mismos errores”. “Para llegar a donde quieres ir en la vida, necesitas saber dónde has estado”. “Sin embargo, sentimientos negativos del pasado o que se van presentando, por lo general, quedan inadvertidos, bajo el supuesto que es mejor ignorar emociones incómodas”. “O se ignoran especialmente si son difíciles, irritantes o dolorosos de recordar”.

“Entierras los recuerdos traumáticos en lo profundo de tu mente y los dejas crecer allí durante años o décadas”. “Pero, al examinar cuidadosamente las experiencias pasadas, se puede aprender de ellas y transformar un momento de dolor en una oportunidad de crecimiento”. “Es especialmente cierto en el caso de los recuerdos dolorosos de la infancia”. “Los niños tienen una visión muy imprecisa del mundo y solo pueden entenderlo en sus términos más simples”. “Considere cómo un niño dibuja una casa”. “Será una caja simple, orientada al primer plano, con poca perspectiva o detalle”. “Por el contrario, un adulto, incluso uno sin talento artístico, hará una interpretación mucho más elaborada y precisa”. “El mismo principio funciona para la memoria”. “Por lo tanto, los incidentes del pasado podrían ser diferentes cuando se examinan como adultos”. “En vez de dejar que tus recuerdos dolorosos te consuman internamente, enfréntalos directamente”. “Escríbelos con el mayor detalle posible”. “Esto ayudará a ordenar el pensamiento y el sentimiento”. Eventualmente, obtendrás una moraleja de la historia y llevarás esa lección contigo al futuro”. (Contribución de un lector para las frases de Winston. “Antonio Gala dijo: Hacemos crónico lo que debió ser agudo”).

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