Modernización de los partidos políticos

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/ 5 de agosto de 2022
/ 12:38 am
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Modernización de los partidos políticos

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Juan Ramón Martínez

Durante casi todo el siglo XIX, el sistema político operó sin partidos políticos. La opinión se inclinaba por personalidades; y, a lo más que se llegó, fue a la organización de “Clubes” que, desaparecían después de las elecciones; o los levantamientos armados. Primero fue el Partido Liberal organizado por Policarpo Bonilla, siguiendo las ideas del exgobernante Céleo Arias. Hasta 1919, según Mariñas Otero, surgió el bipartidismo lo que, provocó la guerra civil de ese mismo año. Cuatro años después, Tiburcio Carías Andino fundó el Partido Nacional, con la estructura que actualmente tiene. Un partido jerárquicamente subordinado a los jefes, disciplina silenciosa pero efectiva; de corte conservador. Y aunque algunas veces ha sido erosionado por la división, ha logrado rehacerse. No como le ha ocurrido al Partido Liberal que ha sido mortalmente dañado por la fisura que le introdujo Manuel Zelaya, un hombre amamantado en las ubres conservadoras del Partido Nacional. Su padre, controlaba el departamento; impedía que los liberales levantaran cabeza. Rodas Alvarado, igual que Villeda con Suazo Córdova, lo convenció de adherirse al liberalismo. Y de allí, la historia cambió en Honduras, porque Zelaya es un auténtico caudillo, una mezcla de la obstinación de Carías Andino, la obsesión de José María Medina y la meticulosa habilidad para la transacción y la manipulación de López Arellano. Es el caudillo de los caudillos, el doctor Duvalier de Haití, que iniciara, sin que las fuerzas democráticas lo controlaran, la destrucción del Estado nacional.

El caudillismo de Zelaya, es fruto de las circunstancias y prueba de la pérdida de control de los líderes democráticos de la calle y de las masas. Los gobiernos democráticos, desde Suazo Córdova hasta JOH, han destruido las esperanzas de los sectores populares, que perdieron la confianza en la democracia. La reelección de JOH -que anticipamos- destruyó las bases del sistema, de forma que actualmente, solo se sostiene en unos “hilos”, gracias a las presiones de los países grandes que tienen influencia en Honduras. Estos daños se aprecian en los partidos políticos que en general, han dejado de ser controlados por las bases, para convertirse en propiedad de los caudillos residentes en Tegucigalpa que, han transformado a Honduras en una hacienda, una fábrica artesanal; o un espacio vacío, para el ejercicio de sus caprichos.

Por manera que, para reconstruir el roto tejido de las relaciones sociales, es necesario reformar los partidos políticos, para que pasen de “pandillas” a organizaciones de fuerzas democráticas controladas por las bases. Y, para empezar, hay que legalizar su existencia. Libre fue creado en la ilegalidad y sigue viviendo en la ilegalidad. Según su discurso, fue creado en una dictadura y fuera de la ley. Los partidos Liberal y Nacional, tampoco fueron inscritos conforme a la ley. Y en el caso de Libre, ni siquiera respetando la Constitución que preceptúa que los partidos tienen que ser democráticos, sin practicar o promover “doctrinas totalitarias”. Libre propugna, con derribar el Estado nacional, democrático y pluralista, buscando establecer una forma de gobierno, antagónica con lo que manda la Constitución. Por lo que busca su derogación, -no solo para la reelección- sino que, para establecer un modelo autoritario, cuya característica es el régimen de partido único, estructura vertical y autoritaria; y pérdida de las libertades económicas y derechos individuales.

Ante este problema, hay que emitir una nueva ley de partidos políticos que, obligue a las instituciones partidarias a redefinirse y democratizarse, con exclusión de todos aquellos conceptos totalitarios, bien sean las de origen asiático; o los que, simplemente alimenten el carácter de instituciones personalistas; o estén al servicio de intereses patrimoniales de grupos económicos; o familias dominantes. O “tribus”.

Por supuesto, hay que liberar a las fuerzas económicas para que ellas creen riqueza y empleo, de forma que el gobierno deje de ser botín de los más agresivos que, usando los partidos, crean que la única forma de asegurar su futuro es aporreando puertas, destruyendo negocios o gritando en las calles, como condición para lograr puestos gubernamentales. Lo que, abre las puertas para que las “maras” y “pandillas” que hace tiempo amenazan al país, se apoderen de los partidos. Por ello, estudiar a Libre, por medio del comportamiento de sus líderes, debe ser la obligación de juristas, sociólogos y politólogos. Único camino, para evitar que, sigamos el camino de Haití.

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