Oposiciones que respiran tóxicos aires extranjeros

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/ 5 de agosto de 2022
/ 12:40 am
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Oposiciones que respiran tóxicos aires extranjeros
¿Vuelven los oscuros malandrines del 80?

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Óscar Armando Valladares

Desde siempre -o quizá un día después- han ocurrido antagonismos de opiniones y de acciones, choque de contrarios, contradicciones clasistas, enfrentamientos de imperios, bloques y países, inconciliables disputas de ricos y pobres, rivalidades de orden político, en fin, contrastes volitivos y disparidades conductuales.
A escala vista, una “oposición” puede darse al menos en estos escenarios: como grupo o partido enfrentado al gobierno; como minorías contrarias a las actuaciones del sector diputadil que controla la asamblea parlamentaria; como organización partidaria o movimiento social adverso al sistema económico dominante, al que se busca desplazar por otro. En principio, nadie pone en cuestión la actividad de opositores, críticos y cabecillas, en la urdimbre política de cualquier Estado. Sin oposición, de veras, pende la real amenaza de que un régimen impopular y regresivo coja por años la manija del poder, y las personas de a pie pasen de la media luz a la oscuridad cavernaria.

Pacífica, armada, clandestina, simbólica, epistolar, de izquierda, de derecha, libre o manipulada, la oposición ha cumplido un rol, un papel rutilante o adverso, según los intereses en juego, y generando liderazgos de incidencia objetiva, como los siguientes: Mahatma Gandhi, prócer de la India, cuyo movimiento de resistencia inerme y desobediencia civil desafió los abusos del colonialismo inglés; Patricio Lumumba, político congolés, gran propulsor de la emancipación de su patria africana, asesinado en 1961; Martin Luther King, teólogo estadounidense, artífice pacífico de la lucha contra la discriminación racial, violentamente asesinado cuatro años después de habérsele otorgado el Nobel de la Paz; Jacobo Arbenz, militar y político de Guatemala, al que un movimiento popular revolucionario propició su llegada a la presidencia y otro movimiento opositor extranjerizado lo indujo a renunciar; Nelson Mandela, líder de la lucha contra el apartheid -dominación blanca sobre los negros-, quien al cabo de 23 años en prisión impulsó importantes medidas reformistas como presidente sudafricano; Lech Walesa, sindicalista polaco, después de huelgas y encarcelamientos pudo legalizar el sindicato Solidaridad -con apoyo del Vaticano- y asumir la primera magistratura del país en 1990, de giro anticomunista…

Entre la caída del Eje Roma-Berlín -que selló el fin de la Segunda Guerra Mundial- y la caída del Muro de Berlín -que emblematizó el desmembramiento de la Unión Soviética-, América Latina padeció la dureza extrema de dictaduras militares y de otras posteriores a 1945, a las órdenes de espadones compaginados con la Casa Blanca, entre otros: Stroessner, Pérez Jiménez, Duvalier, Trujillo, Batista, Ubico, Hernández, los tres Somoza, Carías, Pinochet, Videla y Noriega.

El triunfo e instauración de la revolución cubana, indujo sin duda alguna a la rebeldía de innúmeros jóvenes, en especial de obreros y estudiantes, e inspiró a la lucha guerrillera en Colombia, Uruguay, Chile, Argentina, El Salvador, Nicaragua y Guatemala, con la consiguiente represión castrense -acuerpada por Washington- y, como epílogo del conflicto armado, la suscripción de determinados “acuerdos de paz”. El siglo XXI trajo, empero, la propuesta de un socialismo no armado, con partidos de nuevo cuño organizados para entrarle al poder público por la vía electoral, cuyo auge, por ejemplo, en Venezuela, Bolivia, Brasil, Ecuador y Argentina, se sumó a los dolores de cabeza que ya sufría el Tío Sam.

De esa marejada advino el golpe dado al gobierno de Manuel Zelaya, lo mismo que el estrago de los doce años subsiguientes, en que acreció la corrupción y salió de la mata el narcotráfico. Gruesos sectores en resistencia y el caudal del partido Libre, mancomunaron la oposición antidictatorial que tiene en el solio a Xiomara Castro.
Es este un buen caso y un genuino ejemplo, pues aquellas oposiciones que respiran sobre todo aire tóxico extranjero -teniendo incluso un fondo justo de reclamo social-, mueven a sospecha, no auguran cambios de provecho y alientan más bien -como en Cuba- el retorno hegemónico de la República imperial, a la que alude en su libro Raymond Aron.

Con similar padrinazgo, la oposición en Honduras, añorando el oro y el moro que le dispensaba el mandato anterior, acecha con irritada animalidad, esto es: como lobo en la loma, como tigre en su cubil y, más al día, como mono con viruela,… con la viruela granujienta de un golpe de Estado potencial.

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