Ser o no ser: ese es el dilema

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/ 5 de agosto de 2022
/ 12:34 am
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Ser o no ser: ese es el dilema

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Guillermo Fiallos A.

Ser o no ser: ese ese el dilema o esa es la cuestión, es la primera frase del monólogo en el acto tercero del atormentado Hamlet, protagonista de la obra de las tablas teatrales: “Hamlet, príncipe de Dinamarca”; creada por el dramaturgo inglés, William Shakespeare en el siglo XVII.

Hamlet, se dibuja como una persona que busca dilucidar entre la angustia que produce una tensa realidad y el espíritu de la voluntad. Él, llega al extremo de considerar como opciones viables, la vida y la muerte.
¿Cuál es el significado insondable de esta frase en la época actual?
Vivimos tiempos difíciles, de incertidumbre, de desdoblamiento de la personalidad y, consiguientemente, de una doble moral que destruye el prestigio y la imagen de una sociedad, que se considera sana y reticente a las bajezas humanas.

En este siglo XXI, en el cual se supone que todo llega más rápido y que la información se torna accesible para cualquiera, resulta evidente la conducta voluble de muchas personas para quienes ayer, a la luz del sol, defendían una verdad; y hoy, bajo la penumbra de la luna, sostienen otra. ¡Incoherencia total!
Varios seres humanos han distorsionado la integridad pues no son congruentes con sus acciones. Los villanos del pasado se pretenden convertir en héroes; y los que en el pretérito fueron desleales, se autodenominan como los santos del presente.

Es muy difícil para las nuevas generaciones, encontrar espejos creíbles en los adultos del momento, pues muchísimos acomodan su verdad a los intereses que les rodean. Nada es perenne en ellos. La ética y la moral han sido desechadas y ya no tienen cabida en sus conciencias y sus actuaciones.
Ser o no ser: ese es el dilema. ¿Actúan en este instante de la misma forma que lo hicieron tiempo atrás? ¿Han cambiado sus códigos de conducta y moralidad para distinguir entre lo bueno y lo malo, entre lo correcto y lo incorrecto?

Si ayer gritaban que las circunstancias y los hechos eran grises, nebulosos e impregnados de ignominia; ¿por qué hoy esas mismas vivencias erróneas que les afectan, son infamias, calumnias y un parto de la maldad?
Es necesario preguntarnos qué nos está pasando y, asimismo, el porqué de tanta doble personalidad. Se está extinguiendo, aceleradamente, el espíritu de la integridad y, por ello, ciertos personajes que huyen del dilema de Hamlet, se han convertido en una caricatura de quienes eran.

Ya no son creíbles ni los de antes ni los de ahora. Todos se reconfiguran según sus intereses y mezquindades. Se rasgan las vestiduras hablando de honestidad y tienen una gran cola, que no pueden esconder entre sus lujosas vestiduras, ni en la oratoria vacía y cínica de sus mensajes. ¡Incoherencia absoluta!
Ellos, han utilizado, inmisericordemente y sin excepción, el dolor de las masas para escalar hacia las alturas. Su realidad es diferente a la del sufrido y miserable quien contempla -en lenta agonía-, el desenvolvimiento de su estancada vida para la cual no existe horizonte.

Y mientras tanto, los nómadas de la integridad, utilizan la palabra escrita y la oral, las redes sociales y los medios de comunicación social para convertirse en apóstoles de la autenticidad, cuando el gran público sabe que no todo lo que brilla es oro. Los embusteros del pasado y los embusteros del presente, siempre acomodan los asuntos y las realidades a la óptica de sus lentes.

Ser o no ser: ese es el dilema. Tenemos en el mundo muchos seudolíderes, quienes son como las serpientes que mudan, periódicamente, de piel; por lo que no son creíbles ya que han olvidado sus valores y desconocen el significado de ser íntegros.

¡Cómo han trastocado la verdad y la mentira! Es inaudito el grado de cinismo que exhalan y, sobre todo, cuando quieren convencer a los demás, que la sinrazón es la razón; que ellos son impolutos y que esas acusaciones y actuaciones lejanas o cercanas, son una lluvia ácida que sus contrarios han fabricado para perjudicar sus intachables personalidades.

Ser o no ser: esa es la cuestión. ¡Y, por supuesto, que saben diferenciar entre el bien y el mal! La cuestión es que reciclan a su favor, descaradamente, situaciones para las cuales -aun sabiéndolo-, hay solo una cara de la moneda.

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