La refundación: mentiras y verdades

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/ 6 de agosto de 2022
/ 01:01 am
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La refundación: mentiras y verdades

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Héctor A. Martínez

Lo de la refundación es el tema vertebral del nuevo gobierno hondureño y de otros movimientos latinoamericanos de izquierda. Pero ¿qué se esconde detrás de este concepto que el partido Libre trata de exportar como si se tratara de una promesa salvadora, o de la última cuerda de salvamento de una Honduras naufragada en el mar de la ignominia?

Es claro que, en una sociedad con un promedio educativo de quinto año de primaria, históricamente genuflexa y obediente en casi todo lo que le imponen desde arriba -por culpa del mismo sistema educativo-, los ciudadanos no entiendan el alcance temporal del significado. No es que la gente sea idiota, sino que la encarnación simbólica del acto de “refundación” va más allá de las apariencias significantes que sus emisores le endilgan al concepto. Y los políticos, no olvidemos, enredan todo para que nadie les entienda.

“Refundar” significa fundar otra vez, “levantar sobre los cimientos una nueva ciudad”. Lo de “re” es solo una forma gramatical de seducción que sugiere renovación, renacimiento o restauración, que viene siendo lo mismo. En realidad, no hay nada de “neo” en eso. Pierre Rimbert, columnista del Le Monde Diplomatic compara la refundación de una sociedad con un edificio viejo al que no se destruye con un simple golpe de excavadora, sino que hay que golpearlo para crear fisuras, “crear grietas”, advierte el periodista francés. “Este trabajo de zapa -concluye Rimbert-, debilita la estructura y con un pequeño movimiento de la maquinaria, el edificio se viene abajo”.

Se admite este parangón con el caso de un Estado o de una sociedad en la que un poder constituido, tradicionalmente un partido político puesto en el poder -tal es el caso de Libre-, tenga como objetivo primordial cambiar la constitución de un país utilizando el velo ideológico del bienestar común, la justicia y la libertad, y el argumento de que todo pasado debe ser borrado de la memoria histórica. Para ser efectivo un proceso refundacional, es necesario romper las estructuras de poder que tradicionalmente han controlado las instituciones de un país, y en su lugar -no podría ser de otra manera-, se instala un “nuevo” aparato político consonante con el proyecto reformista.

Se trata de una “revolución por ley” que sustituye la opción violenta del pasado, por un control absoluto del Estado y la aplicación de un decisionismo del soberano, que no es el pueblo, precisamente. La pregunta es: ¿beneficiará a la mayoría de la sociedad una refundación tal como la plantea Libre o simplemente se trata de un maquillaje ideológico cuyo propósito no es otro que afianzarse y permanecer en el poder por toda la eternidad? Así como van las cosas, lo más seguro es que tengamos el mismísimo ejemplo que nos ofrece Pierre Rimbert, es decir, esa “revolución por ley” irá golpeando de a poco, las estructuras tradicionales del “ancienne régime”, hasta derruirlo, y por qué no, desaparecerlo.

A pesar de que existe toda una explicación sociológica, economicista y hasta política de las razones para aplicar un proyecto refundacional, las cosas son como son, aunque algunos académicos de izquierda traten de adobarla con matices democráticos e incluyentes. En este patio todos nos conocemos bien, y porque sabemos que detrás del sambenito de “una sociedad donde todos caben y nadie sobra”, hay que entender precisamente lo contrario. Nunca los politicastros hondureños han cumplido sus promesas, y hasta sospechamos que, en la mayoría de los casos, no entienden siquiera lo que plantean en sus correrías electorales. Lo peligroso de todo ello es que, en el tanteo del pulso reformista habrá sectores que no se quedarán de brazos cruzados, y echarán mano de todo el avituallamiento ideológico, legal y de otras especies para contener la avalancha refundacional.

No necesitamos tener dos dedos de frente para augurar que lo que se viene es una mayor concentración del poder, conflictos con algunos sectores, estiras y encoges, alianzas, acuerdos, traiciones políticas y más caos, pero siempre faltará el pan en la mesa del pobre. De eso podemos estar seguros.

(Sociólogo hondureño)

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