Y entonces ¿quién genera los empleos?

MA
/ 6 de agosto de 2022
/ 01:03 am
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Y entonces ¿quién genera los empleos?

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Fernando Berríos

Los hondureños deberíamos tomarnos muy en serio esas advertencias de Estados Unidos sobre el clima de inversiones en el país. Favor nos hacen al exponernos, en sendos informes, que la línea para avanzar en la dirección correcta o en la dirección equivocada, es muy delgada.

Captar inversiones, en estos tiempos de convulsión social, política, económica y ambiental, no es fácil. En otras palabras, no hay filas de inversionistas peleándose por venir a este país o, inclusive, por quedarse.
Para que lo entienda mejor el lector: piense que el país es como una casa y usted es el dueño de esa casa. Si usted quiere hacer mejoras, tiene varias opciones: Trabajar fuerte para obtener ingresos suficientes y permanentes, ahorrar y tener un buen crédito.

Nadie vendrá a invertir en su casa, a menos que su propiedad represente una buena oportunidad de negocio para alguien. De pronto, se acerca un inversionista que considera que su casa tiene una posición estratégica privilegiada por estar en una zona comercial atractiva. Para hacer viable el negocio, el inversionista le ofrece mejorar las condiciones de su casa, remodelarla, volverla atractiva. Ofrece pintar, cambiar techos, pisos, sistemas sanitarios y lo mejor de todo, le ofrece a usted un ingreso que antes no tenía por usar su espacio.
A cambio, usted le otorga algunos beneficios a ese inversionista que creyó en el potencial de su casa para albergar algún negocio. De pronto le garantiza que puede usar su propiedad sin pagar impuestos de bienes inmuebles, sin pagar agua y con un aporte proporcional de la factura por consumo eléctrico.

Eso es lo que llamamos una relación ganar-ganar. Gana el dueño de la casa, que vive hoy en mejores condiciones y tiene un ingreso que antes no tenía y gana el inversionista, el que vino y arriesgó su dinero creyendo en el potencial de esa casa para operar un negocio rentable.
El negocio marcha tan bien que el inversionista comienza a crecer, les da trabajo a los hijos del dueño de la casa y a uno que otro vecino.

Esta es una forma sencilla de ver las cosas y con esto no pretendemos decir que administrar un país sea así de sencillo, pero en términos generales, las condiciones y las dificultades son relativamente proporcionales.
Aquel pequeño negocio ya llena muchas expectativas. Está generando ingresos al que invirtió un capital, está ofreciendo un servicio a la comunidad, está generando ingresos al dueño de la casa, está creando nuevas fuentes de empleo y le está generando valor y plusvalía al bien inmueble.

Insensato es aquel que, a medio camino, decide cambiarle las reglas del juego al inversionista bajo el pretexto de que “le está yendo bien, que pague más”. Matar a la gallina de los huevos de oro nunca ha sido una idea genial, como tampoco lo es renunciar a la relación ganar-ganar entre socios de negocios.
Esta historia que hemos usado para ejemplificar la necesidad del país de generar condiciones propicias para atraer y retener inversiones, no está alejada de la realidad. Muchos negocios que arrancaron de cero y lograron ser exitosos, terminaron fracasando porque a medio camino les cambiaron las reglas del juego. Mataron a la gallina de los huevos de oro.

De ahí que los grandes inversionistas sean hoy más cautelosos que antes sobre dónde poner sus capitales.
Nadie quiere llevar su dinero a países corruptos, porque entienden que tarde o temprano, sus empresas serán víctimas de la corrupción y la impunidad.
Nadie quiere llevar sus capitales a países que no ofrecen seguridad jurídica, porque si se cambian las reglas del juego de la noche a la mañana, la inversión está en grave peligro.
Nadie quiere llevar sus capitales a países con altos niveles de inseguridad ciudadana, porque las empresas necesitan producir en un ambiente de paz y tranquilidad.

Nadie quiere llevar sus capitales a países sin atractivos fiscales, porque quizás el vecino inmediato tiene gobiernos muy creativos ofreciendo cielo, mar y tierra.
Un país sin inversión, pública o privada, está condenado al fracaso. Esto equivale a menos producción, menos actividad comercial, menos recursos para el fisco, menos empleos y menos ingresos para las familias.
También equivale a más pobreza, más inseguridad, más migración irregular.
Las autoridades del gobierno han afirmado que no hay dinero y si el gobierno, que no produce pero sí gasta dinero, solo tiene para salarios de burócratas pero no tiene ni un centavo para inversión pública, entonces estamos a la orilla del precipicio y desde ahí nos preguntamos: ¿quién genera los empleos en Honduras?
Siguiendo el ejemplo de la casa que citamos al inicio, si queremos mejorar como país, necesitamos más empleos con ingresos suficientes para las familias, ahorros, un buen crédito y muchas inversiones que nos ayuden a desarrollar ese potencial que poseemos.

Mal hacen los que ahora minimizan los informes de Estados Unidos que antes magnificaban. Honduras está obligado a mejorar el clima de inversiones y eso en gran medida pasa por tener un discurso claro y no vacilante de nuestra situación económica, de la seguridad jurídica y de los beneficios fiscales que estamos en capacidad de sostener para que nuestra casa sea atractiva. El potencial lo tenemos, hay que saberlo explotar.

Email: fberrios1974@gmail.com
Twitter: @berriosfernando

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