Edwin Hernández viceministro de Educación: “Probé la marihuana, pero no me gustó”

MA
/ 13 de agosto de 2022
/ 12:35 am
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Edwin Hernández viceministro de Educación: “Probé la marihuana,  pero no me gustó”

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Al fondo del armario hay dos viejos libros, uno sobre Lenín y el marxismo, y otro, sobre las ZEDE. El escritorio está lleno de cartas oficiales listas para leer o firmar. Es la oficina del viceministro Edwin Hernández, uno de los cuatro dirigentes magisteriales al frente de la Secretaría de Educación. Marxista-leninista confeso, este luchador social de toda la vida, se viste de pantalones ajustados, “tubito”, lleva un arito y una colita de caballo desde los 12 años, por deseo de su madre, y a lo que nunca ha renunciado en sus 62 años, ni siquiera por respeto a los alumnos y a sus tres hijos, como le dijeron unos compañeros docentes, cuando lo quisieron sacar del colegio, donde laboraba antes del cargo. “A la gente se le mide por sus conocimientos”, aclara. En los últimos años decidió tatuarse a 19 Guatusa, el verdadero nombre de 18 Conejo, según le contó una historiadora maya. Es licenciado en Pedagogía, exmilitante subversivo de los años 70 y 80, crecido en el capitalino barrio Villa Adela, donde, también, probó la marihuana, pero no le gustó. Todo esto contado en esta entrevista con un repaso amplio del estado actual del sistema educativo y los planes del nuevo gobierno para refundarlo.

–Además de dirigente magisterial, ¿ha tenido otras facetas?
Fui jugador de Motagua, llegué a Primera División, pero había que decidir entre el fútbol y el estudio. Trabajé en un taller de mecánica y fui buen alumno, me eximían en los exámenes finales.

–¿Su primer trabajo docente?
En 1995.

–¿Por qué tan tarde?
Es que en 1984 abandoné la universidad, me casé, teníamos un negocio que nos iba bien y perdí motivación por los estudios, regresé y me gradué en 2006.

–¿Militó en los movimientos sociales?
Sí, desde los 12 años, cuando estaba en el Instituto Hibueras ya era dirigente estudiantil.

–¿Pasó a otros niveles del movimiento social?
Sí, y otros métodos de lucha fuera del país.

–¿Guerrillas?
Sí, sí, un paso fugaz en Nicaragua y más en El Salvador, pero mi trabajo era la autodefensa de los frentes universitarios.

–¿Tenía algún seudónimo como guerrillero?
Aún lo conservo, pero no se dice.

Muestra su tatuaje de 19 Guatusa, el verdadero nombre de 18 Conejo de Copán, según le contó una historiadora maya.

–¿Puso bombas?
Claro, tuve mucha participación con el Comité de Solidaridad del Pueblo Salvadoreño aquí en Honduras, recibíamos la línea y procedíamos.

–¿Sintió la muerte cerca o capturas?
Las carreras, la adrenalina, después de saber que se había hecho alguna acción y tener que llamar a una de las radios para reivindicar la acción. Y como era prohibido repartir propaganda, tenía que poner un mortero, aunque sea de a diez pesos, en aquellos tiempos, con un montón de boletines para que la gente los pudiera leer en el parque Central.

–¿Alguna anécdota?
Una vez, cuando iba a tomar un avión a Costa Rica, me hicieron pasar al salón diplomático. Mi sorpresa es que ahí estaba esperándome mi papá con dos agentes del DIN y un amigo, que acaba de morir, “El Negro”, Omar Duarte, que al verme me dice: “Enano”, así me decía, si te vas, me matan. Ya no me fui, me casé y por un tiempo me retiré de los movimientos, porque mi papá me entregó descaradamente; obviamente, preocupado que si me iba, ya no regresaba.

–¿Cómo hallaron esta secretaría?
Un poco desatendida, desvíos de fondos a cosas que no tenían nada que ver con la secretaría, pero no estamos buscando culpables.

Usa arito y cola desde los 12 años por deseos de su madre.

–¿Desvíos en qué?
Se construyeron carreteras y se financiaron hasta procesiones religiosas con fondos de Educación, pero que sean los entes fiscalizadores los que se encarguen.

–Los viceministros normalmente son figuras decorativas… ¿lo toma en cuenta el ministro?
Muy en cuenta, tanto que algunas situaciones delicadas me las asigna, contrario a lo que se ha venido manejando en esta secretaría, aquí no hay un rol de fuerza, nadie da órdenes, se hacen recomendaciones.

–¿Se halla entre esta burocracia?
A veces me desespera este papeleo (muestra un legajo de papeles ordenados en el escritorio). En el colegio yo compraba la resma de papel y la directora me reembolsaba el dinero, aquí no se puede hacer eso.

–Cada gobierno llega con un modelo educativo, ¿cuál es el de ustedes?
Buscamos crear un hondureño con pensamiento crítico, que comprenda que solo hay dos clases, porque esa confusión tiene a los pobres comprando ropa de marca y a los ricos comprando en los bultos, cuando debería ser al revés. Queremos un hondureño que no esté pensando en ser un obrero más, sino que pueda aspirar a construir su pequeña empresa.

–¿A qué vienen los maestros cubanos?
Mire, hay mucha desinformación en esto. Queremos declarar a Honduras libre de analfabetismo y los compañeros cubanos vienen a capacitar a los docentes y a los voluntarios en el proceso de alfabetización, no vienen al aula de clase ni a quitarle el trabajo a ningún profesor hondureño.

Con la cabeza herida en una protesta magisterial en Choluteca.

–¿Cómo piensan garantizar la transparencia del concurso de plazas?
El último concurso del 2019 costó L14 millones y se hizo para desprestigar la educación pública y trasladar la matrícula a las instituciones privadas. Todo mundo puede supervisar el proceso, hay grupos que quieren avalarlo para recibir una constancia y pedir fondos en el exterior, pero no los vamos a tomar en cuenta, se pueden sentar en las gradas a ver, como todos los hondureños.

–Las instituciones privadas no quieren volver a clases presenciales, pero tampoco bajan a los cobros, ¿las van obligar?
Ya les advertimos que deben volver a clases como el sistema público, aquí no hay clases privilegiadas, ni tampoco podemos negociar porque no somos pulpería.
(Se apaga la luz de repente en el Centro Cívico Gubernamental). Aquí cortan la luz a las 7 de la noche, pero sigamos.

–¿Pierde beligerencia el magisterio plegarse a un gobierno?
No, al contrario, se fortalece porque sin necesidad de estar en la lucha callejera estamos logrando con éxito las conquistas denegadas en 12 años.

–¿Ley Fundamental o Estatuto Docente?
Nunca debió existir la Ley Fundamental porque le hizo daño al país.

–¿Se piensa jubilar con la nueva o la vieja ley?
Con la que está, no creo que alcance jubilarme con la ley que estamos preparando, porque como en estos puestos uno nunca sabe hasta cuándo va estar, puede ser mañana o dentro de tres años.

 El profesor “Güincho” o el “Enano”, como se le conoce en su núcleo familiar.

–¿Van las 60 rentas para los jubilados?
Tal como está aprobado, tenemos que ser sinceros, es un riesgo para el Inprema.
Es un paso que hay que pensar. Con decirle que si se pagan ahora, el Inprema, por mucho, duraría hasta 2030. Se llevaría la mitad de los ahorros actuales.

–¿Son ciertas esas jugosas jubilaciones en Inprema?
No me he dado a la tarea de revisar porque no vamos a revertir nada. Lo cierto es que muchos empresarios privados se subían el salario los últimos 36 meses, cotizaban más para jubilarse con salarios jugosos.

–¿Le gusta dar clases?
Lo disfruto, es más, si me tocara, ya jubilado, cubrir a alguien lo haría de mucha gana y gratis. Por ahora, estoy con licencia.

–¿Desde cuándo usa aritos y cola?
Desde los 12 años.

–¿Se enojaron sus papás?
Mi mamá me lo puso (se tira una carcajada).

–¿Y eso?
Pensó que me quedaba bien, a mi mamá le fascinaba que yo anduviera mi pelo largo y con arito.

–¿Y los alumnos?
Nada, fascinados, yo era el ejemplo.

–¿Llegaban con aritos al aula?
Generalmente, no, otros lo hacían por molestar, además, en la casa los ponían quietos o los otros profesores.

–¿Y ese tatuaje?
Este lo ando hace dos años, este tatuaje es 19 Guatusa, históricamente, lo han manejado como 18 Conejo, el último gobernante maya, pero no, oficialmente, y esto me lo dijo una doctora en estudios maya, porque yo me iba hacer el Altar Q, que 19 Guatusa fue el último gobernante maya.

Con el expresidente Rafael Correa.

–La colita, el arito y el tatuaje están mal vistos, ¿qué opina?
Estigmatiza, porque vivimos en una cultura reaccionaria, que todo es malo para meterle miedo a la gente, que el tatuaje es del diablo y que la colita o el arito es gay o “mafufo” (drogadicto). Pueden decir lo que quieran de mí menos que soy ladrón.

–¿Fumó marihuana?
No me gustó la “tosijosa”, (suelta otra carcajada). Yo crecí en Villa Adela y una vez los amigos me ofrecieron marihuana, me pegó una tosedera y no la disfruté, por eso no la volví a probar, nunca.

–¿Y el trago?
Me gusta, pero no lo hago, nunca me apasionó la bebida, me quita mucho tiempo para leer un buen libro.

–¿Sus hijos usan aritos y tatuajes?
Mire, ellos consideraron que no quieren usar aritos, todos están tatuados, dos varones y una hembra, son profesionales universitarios de alto nivel y con buena ubicación en el campo laboral, excelentes hijos en lo académico y en el comportamiento, la gente dice que no son hijos míos, porque son súper diferentes.

–¿Lo conminaron alguna vez a que se quitara el arito y la cola?
Sí, los compañeros maestros de la Escuela Normal de Olancho quisieron sacarme, pero los cipotes se opusieron.

–¿Y la Presidenta qué le dijo?
Nada, solo que cumpliera mi misión.

–¿Y si le hubiera condicionado el cargo?
Estuviera en Olancho porque eso sería estigmatizarme, si van a medir mi capacidad por el pelo o el arito, entonces, pasaría en el salón de belleza; estoy aquí por mis conocimientos.


ÉL ES…
Edwin Edgardo Hernández Zerón nació el 27 de mayo de 1960 en el barrio Perpetuo Socorro de Comayagüela, pero a los cuatro años se trasladó al barrio Villa Adela donde vivió hasta que se mudó a Juticalpa, hace 38 años. Hizo estudios primarios en la Escuela José Santos Guardiola y Escuela de Varones Lempira; el Ciclo Común en el Hibueras y se graduó de Perito Mercantil en el Central Vicente Cáceres. Es licenciado en Pedagogía por la UNAH y expresidente del Colegio de Pedagogos de Honduras. Es maestro con licencia del Centro Básico Santiago Mejía de Las Minas, Juticalpa, Olancho.


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