“EL PRESENTE MÁS PRECIOSO”

ZV
/ 8 de septiembre de 2022
/ 12:57 am
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“EL PRESENTE MÁS PRECIOSO”

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SE revolvió el colectivo respondiendo al siguiente testimonio: Hay quienes no disfrutan de los denominados “editoriales poéticos”, quizás preferirían que pasásemos volando maceta a diestra y siniestra o sudando calenturas ajenas, o a disposición de algunos empresarios cuenta centavos, diciendo todos los días –de regalado– lo que ellos no se atreven a decir; y si a veces, lo tratado en esta columna de opinión se sopesa liviano o inofensivo, será que no todos tengan la habilidad de leer entre líneas o de imaginar lo que se le dice a fulano para que lo entienda mengano. Sin embargo, ha sido tal el agrado de la inmensa mayoría a los diversos temas abordados, intentando rescatar gratos recuerdos, viejas costumbres, buenos hábitos y valores, que nos hizo regresar al susodicho “poemario”. Estas son algunas de las reacciones: “Sea cual sea el contenido de sus editoriales –dice un lector– está siempre tocando temas profundos de nuestra sociedad”. “Siempre habrá quienes no entiendan lo que leen, si es que leen”. Otro lector: “Leer no es solo verbalizar un texto”. “Hay cursos hasta de lectura rápida, para aprender a fijarse en la idea general de lo escrito”. “Leer entre líneas es una habilidad que requiere de mucha lectura, de experiencia y del conocimiento del acontecer actual”.

Un amigo abogado: “Aprendo todos los días: “La escritura, es la pintura de la voz”; “La pluma es la lengua del alma”. ¡Qué expresiones!”. “Me gustan tus editoriales poéticos”. “Te felicito, estás abriendo camino con ellos”. “La escritura también es el reflejo del pensamiento” –aportación de una amiga que disfruta de tus escritos– “la pluma, la magia plasmada”. (En lo que respecta a la frase, “la escritura, es la pintura de la voz” –como pensaba Voltaire– difícil evadir la tentación de insistir que, para los zombis, “la pintura de la voz no sería la escritura”, sino los pichingos y los emojis, con los que expresan sus estados de ánimo, sustitutivos del abecedario. Y tampoco sería “la pluma, la lengua del alma” –como escribiere Cervantes– sino el dedo que utilizan los zombis para puyar la pantalla, socializando grueso a punta de pichingos”). Otra lectora: “Esos editoriales interactuados son como para sentarse a la mesa y comentarlos; que viva el colectivo”. (Ah, y la amiga si ha descubierto que “se le dice a fulano para que lo entienda mengano”. Atinente al editorial, “No Se Dejaron Engatusar” y el rechazo de los chilenos al adefesio de Constitución escribe: “Gran mensaje para toda América Latina”). Y para rematar una estudiosa abogada remite unos párrafos del prólogo de El Príncipe de Nicolás Maquiavelo: “Queriendo presentar yo mismo a Vuestra Magnificencia alguna ofrenda que pudiera probarle todo mi rendimiento para con ella, no he hallado, entre las cosas que poseo, ninguna que me sea más querida, y de que haga yo más caso, que mi conocimiento de la conducta de los mayores estadistas que han existido”.

“No he podido adquirir este conocimiento más que con una dilatada experiencia de las horrendas vicisitudes políticas de nuestra edad, y por medio de una continuada lectura de las antiguas historias”. “Después de haber examinado por mucho tiempo las acciones de aquellos hombres, y meditándolas con la más seria atención, he encerrado el resultado de esta penosa y profunda tarea en un reducido volumen; y el cual remito a Vuestra Magnificencia”. “Aunque esta obra me parece indigna de Vuestra Grandeza, tengo, sin embargo, la confianza de que vuestra bondad le proporcionará la honra de una favorable acogida, si os dignáis considerar que no me era posible haceros un presente más precioso que el de un libro, con el que podréis comprender en pocas horas lo que yo no he conocido ni comprendido más que en muchos años, con suma fatiga y grandísimos peligros”. “No he llenado esta obra de aquellas prolijas glosas con que se hace ostentación de ciencia, ni adornándola con frases pomposas, hinchadas expresiones y todos los demás atractivos ajenos de la materia, con que muchos autores tienen la costumbre de engalanar lo que tienen que decir”. “He querido que mi libro no tenga otro adorno ni gracia más que la verdad de las cosas y la importancia de la materia”. “Los pintores encargados de dibujar un paisaje, deben estar, a la verdad, en las montañas, cuando tienen necesidad de que los valles se descubran bien a sus miradas; pero también únicamente desde el fondo de los valles pueden ver bien en toda su extensión las montañas y elevados sitios”. “Sucede lo propio en la política: si para conocer la naturaleza de los pueblos es preciso ser príncipe, para conocer la de los principados, conviene estar entre el pueblo”. (A propósito de regalos, Winston cita a Abraham Lincoln: “Creo que la Biblia es el mejor regalo que Dios le ha dado al hombre”).

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